Antes de arrancar, quiero aclarar que el concepto de que Dios no existe es una opinión mía y no busco confrontar ni atacar a nadie. Cada uno es libre de creer en lo que quiera y hasta me parece una gran virtud creer en Dios porque te protege de muchas angustias de la vida. Sin embargo, por más que me gustase, yo no creo que exista Dios ni ninguna otra entidad superior que nos gobierne, cuide o imparta justicia divina.
No obstante, sí creo que estamos a punto de crear una tecnología que cubriría muchas de las habilidades que se les adjudicaron históricamente a los dioses. Por ejemplo: preservar el alma de la gente en otra dimensión no terrenal.
En las últimas semanas nos volvimos a sorprender con un nuevo lanzamiento de IA, el Genie 3 de Google. Un software basado en IA que te permite crear mundos virtuales e infinitos mediante un prompt (texto con el que le indicas a la IA que querés). Esos mundos además son navegables mediante el mouse y el teclado como si de un juego 3D se tratase.
Esto generó un (otro) gran revuelo en los mercados porque se intuyó que todas las empresas del Gaming pasarían a valer 0 ya que su trabajo sería automatizable por este producto. Pero la verdadera transformación que esto implica es mucho más profunda e interesante que un revuelo en el mercado.
Esta semana salió Seedance 2.0, un modelo capaz de crear cualquier escena, de forma súper realista partiendo sólo de una imagen"
La IA no sólo está sirviendo para divertirse creando juegos o caricaturas de nosotros, sino también está siendo capaz de recrear versiones virtuales nuestras. Todos ya vimos cómo la voz puede clonarse con 5 segundos de audio o cómo ChatGPT puede hacernos a nosotros mismos en distintas situaciones simplemente dándole una sola foto nuestra. Pero esta semana salió Seedance 2.0, un modelo capaz de crear cualquier escena, de forma súper realista partiendo sólo de una imagen.
Es decir, la IA puede crear mundos virtuales y además puede crear versiones virtuales nuestras. Por lo tanto, podría crearnos a nosotros en mundos virtuales idílicos (o infernales) e infinitos, ¿parecido a como muchas religiones representan la vida después de la muerte, no? Sin embargo, como ya discutimos en otra nota, esos modelos aún no tienen consciencia, por lo tanto, esas copias nuestras no serían más que una burda reproducción artificial.
El asunto por el que vale la pena preocuparnos es: ¿qué pasará cuando sí tengan conciencia?, porque como ya dijimos en esa misma nota, según la ley de rendimientos exponenciales, eso pasará más temprano que tarde y, ahí sí, tendríamos una versión nuestra inmaterial viviendo en otra dimensión muy distinta a la nuestra. En la que no haría falta comer, dormir o tomar agua para sobrevivir y en la que a priori podríamos hacer lo que se nos antojase.
Sé que esa forma de trascender la muerte no es la que las religiones imaginaban o la que nos gustaría, más bien se parece más a la propuesta de la película El gran truco donde el que sigue viviendo es un clon nuestro, no nosotros mismos. Pero el punto es que, aunque de forma rara y tal vez algo distópica, sería una solución a la angustia que genera la muerte. Tal vez más la de un ser querido que la propia, pero por lo menos es una respuesta perceptible.
A esto se suma un reciente estudio de OpenAI sobre el uso de ChatGPT. Dicho estudio revela que las personas no solo lo utilizan para obtener información desconocida, sino también para asuntos personales como buscar consejos, realizar confesiones o hacer reflexiones. Esto representa otra de las atribuciones históricamente asignadas a Dios: el ser poseedor de toda sabiduría a quien se le podía pedir consejo, ayuda o, simplemente, ser escuchado a través de sus representantes terrenales.
No sé si crear un Dios tangible va a ser la solución a nuestros problemas existenciales o si tener una entidad superior que nos gobierne e imparta justicia es lo que necesitamos. Lo que es seguro es que estamos creando algo a lo que muchas civilizaciones humanas hubieran llamado Dios.