El panorama económico argentino presenta hoy una paradoja que me resulta, cuanto menos, inquietante. Por un lado, el relato oficial se concentra en la acumulación de divisas y las compras recurrentes del Banco Central; por el otro, la realidad de los números duros nos devuelve una imagen mucho más sombría.
Según el último trabajo del economista Gabriel Blanco, las reservas del Banco Central siguen siendo 12.000 millones de dólares negativas. Es un dato que persiste desde hace muchísimo tiempo.
Una inflación en dólares monumental frente a una recesión que no encuentra su piso
Es decir, el país compra, el organismo acumula, pero el agujero negro en el balance de la autoridad monetaria parece inamovible. Esta anomalía estructural es el trasfondo real sobre el cual se asientan todas las demás variables, incluyendo la sostenibilidad de la paz cambiaria.
El error de cálculo del Presupuesto el fin de la desinflación rápida
En materia de precios, los pronósticos que circulan por estas horas están llamativamente alineados. Escuché a un economista del estudio Ferreres proyectar una inflación del 2,5% para abril, dato oficial que conoceremos en apenas unos días. Pero lo más relevante me llegó por el lado de la Fundación Libertad y Progreso, una entidad cercana al pensamiento del Gobierno.
La Fundación también estima un 2,4% para el mes pasado. Si este número se confirma, el acumulado de los primeros cuatro meses del año alcanzaría el 11,2%. Aquí es donde la matemática expone la falta de realismo de la política económica: el Presupuesto Nacional pronosticaba para todo el año 2026 una inflación del 10,1%. Nunca entendí ese ",1", pero así son los economistas.
Inflación de abril: se proyecta una desaceleración, aunque el dato superaría el 2,5%
Lo cierto es que, de cumplirse estas estimaciones, en apenas un cuatrimestre habremos consumido toda la inflación prevista para el año, superándola incluso en un 1,1%. Si anualizamos el ritmo actual, la cifra escala al 32,1%. Esto nos indica que la baja de la inflación, que venía siendo acelerada, se ha estancado. Si bien abril es mejor que el 3,4% de marzo, la inercia sugiere que el piso es mucho más alto de lo que el despacho presidencial está dispuesto a admitir.
Un dólar rezagado un esquema que luce insostenible
Este escenario de precios debe conectarse necesariamente con lo que ocurre en el mercado de cambios. El dólar hoy está, según mis cálculos, entre un 4% y un 5% por debajo de los valores de principio de año. A mí me llama poderosamente la atención este fenómeno: tenemos una inflación que ya devoró las metas anuales y un tipo de cambio que se abarata en términos reales.
Esta combinación de factores —reservas en rojo profundo, inflación que resiste la baja definitiva y un dólar que se queda atrás— configura un cuadro que se vuelve insostenible en el tiempo. La pregunta que queda flotando es cuánto tiempo más puede el Gobierno sostener esta ficción de estabilidad mientras los fundamentos de la economía real siguen enviando señales de alerta roja.
¿Cómo explicará el Ejecutivo que en mayo ya no le quedan metas por cumplir en el Presupuesto? Es un interrogante que, sospecho, ni el más optimista de los funcionarios sabría responder hoy con solvencia.