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OPINIóN / Opinión
viernes 14 septiembre, 2018

El Partido Justicialista, la CGT y los movimientos sociales ya no representan a nadie

La crisis de representatividad en la Argentina es grave. No hay correlato entre representantes y representados.

Pedro Paulín

Los movimientos sociales, Hugo Moyano, CFK o Jean Pierre Noher se arrogan una representatividad que ya no es tal. Foto: Cedoc

La sociedad argentina atraviesa un problema claro: no hay correlato hoy entre representantes y representados en diferentes escenarios. Piden cosas distintas, piden cosas para ellos, piden cosas que nadie les pidió que pidan, piden soluciones a problemas personales, toman medidas en consecuencia y lentamente se van alejando de quienes les dieron el poder de representar: es decir, pasan a reclamar lo que creen mejor para nadie, porque ya casi nadie les cree. 

El sindicalismo es el caso más gráfico que desnuda muchas aristas de la problemática argentina en tiempos de recambio generacional del mundo obrero. Salvo algunos casos puntuales, los sindicalistas son empresarios millonarios que están todos los lados del mostrador posible, compran propiedades en efectivo, empresas que luego litigan contra el Estado y ellos mismos reclaman, arreglan los despidos por adelantado fingiendo después una batalla con triunfo pírrico y otros vicios más comunes en la lucha sindical peronista y de la izquierda que ya a casi nadie representan ni seducen electoralmente

 

Piden cosas distintas, piden cosas para ellos, piden cosas que nadie les pidió que pidan, piden soluciones a problemas personales

 

Hay casos más claros que desnudan esta situación. La ciudad se vio colapsada estos días por piquetes y cortes en la avenida 9 de julio, ollas populares y manifestaciones, el mismo día que Maria Eugenia Vidal anunció el aumento del refuerzo a comedores escolares, asignaciones, planes sociales, todos aumentados y con refuerzo en diciembre. Seguramente lo anunciado por Vidal no sea lo que necesitan totalmente para llegar a fin de mes, pero son 523 millones de pesos por encima de los 700 anunciados semanas atrás, es decir, al blindaje social que representa más del 60% del presupuesto nacional, se le añaden más de mil millones para estas personas que lo necesitan. 

Ese mismo día entonces, los representantes de nadie cortaron con pocas personas las avenidas, casi una toma de rehenes masiva, fogoneros de la violencia mediante la provocación a quienes pasamos con el auto, yo en primera persona fui insultado cuando quise preguntarles el motivo del corte y acusado de ser un rico sin problemas. Una descripción perfecta de la vida de otro, seguramente. Como conclusión, estas expresiones, más allá de autoritarias y orquestadas por movimientos sociales, brazos políticos del peronismo, el “amigo del Papa Francisco” como título que tiene el piquetero Juan Grabois, Quebracho y los resabios de un movimiento armado por la SIDE que ya nadie respeta salvo Florencia Saintout y otros representantes de igual capacidad de raciocinio, no representan prácticamente a nadie. Y su problema radica en que quienes levantan la voz y ordenan el caos para entorpecer la vida de quienes sí ponen el despertador, son cada día más torpes y no logran tabicar en propuestas de profundidad considerable. 

 

Fui insultado cuando quise preguntarles el motivo del corte y acusado de ser un rico sin problemas.

 

Lo mismo sucede con el peronismo sindical, que ya no sabe cómo acumular errores para seguir perdiendo adhesión. Un corto viaje a la historia reciente nos permitirá analizar objetivamente la decadencia sindical de los representantes de nadie: El 23 de mayo de 1985, la CGT convocó a un tercer paro contra el padre de la democracia, Raúl Alfonsín. Allí adhirieron organizaciones empresarias y del agro (CAME y CRA), el peronismo y la izquierda. El dato es cruel, ¿cuánta gente marchó? Alrededor de 120 mil manifestantes y en el cual habló Saúl Ubaldini desde un palco que le daba la espalda a la Casa Rosada. El 29 de agosto, ya con el Plan Austral activo, otra vez paro, esta vez fueron con una consigna nueva, actual, vigente e irresoluble a “romper dependencias con el FMI”. La enorme movilización incluyó casi a  200 mil personas en la avenida 9 de Julio.

¿Te imaginás una marcha de Roberto Baradel que supere el uno por ciento de Ubaldini? Posicionaría hoy al líder de una parte de los maestros de un distrito como candidato a gobernador. Pensemos en Hugo Moyano, nestorista de la primera hora cuando Néstor Kirchner subió a los camiones todo lo que trasladaba en trenes, engordó las filas de afiliados a la CGT y Camioneros, y lo transformó en uno de los hombres más fuertes del país. Hoy Moyano consulta primero quiénes están dispuestos a mover gente antes de anunciar un paro, porque saben que nadie salvo los delegados gremiales, que no cumplen funciones en las fábricas muchas veces, irían a esas marchas programadas, pobres, sin gente ni bandera. En otro momento de la historia universal, el concepto justo de esas personas serían los ejércitos mercenarios que combatían rentados en épocas feudales.

 

Moyano consulta primero quiénes están dispuestos a mover gente antes de anunciar un paro.

 

Así entonces, los que dicen representar no lo hacen, y muchas veces incluso son protagonistas de las problemáticas de los que dicen representar, llegando a la cúspide de la perversión en la política. Tal es el caso de Julio Pereyra, por ejemplo, quien maneja Florencio Varela. Algunos datos de este representante de nadie nos permitirá pensar si estamos analizando de forma correcta esta crisis de representantes/ representados. Julio vive del Estado hace más de treinta años, no hay libre circulación de ideas, tiene denuncias por persecución a periodistas y dirigentes opositores, el control del Concejo Deliberante, dicen, es casi dictatorial y aún así, no logró lo que uno puede considerar un éxito del progresismo peronista. Datos de Florencio Varela hoy, tras un cuarto de siglo de poder de Julio Pereyra: un informe elaborado por la UCA el 51, 8% no tiene cloacas, 36% no tiene gas natural, 29,2% no tiene calles asfaltadas, el 41, 4% no tiene desagües pluviales y el 24,4% carece de agua corriente, el 16,8% vive en casas precarias y el 13,9% en condiciones de hacinamiento, es decir, una de cada cuatro personas vive cerca de un basural y una de cada tres, habita en una zona inundable. Las villas aumentaron entre los años 2001 y 2016. En 2001, había 385 asentamientos y hasta el año pasado se contabilizaron 1135, siendo Florencio Varela uno de los partidos donde más creció el número de barrios precarios. Pereyra tal vez sea, sin saberlo con certeza, un demócrata de la Grecia antigua literal.

 

En Florencio Varela, las villas aumentaron entre los años 2001 y 2016. En 2001, había 385 asentamientos y hasta el año pasado se contabilizaron 1135

¿A quién representa entonces Julio Pereyra? Más allá de los que viven del Estado y los negocios poco claros en Varela, distrito que recorrí varias veces y donde el paisaje es por igual desolador y homogéneo en casi toda su superficie. 

Grabois, Pereyra, Moyano, Baradel, Hebe de Bonafini y sus paros sin adhesión, Verónica Magario anunciando en un cartel trucho la inauguración de un Metrobus que resistió y ni los matanceros le creyeron, Moyano más cerca de ir preso que de seguir sumando afiliados para un gremio que ya nadie respeta como antes, Cristina Kirchner pidiendo a su militancia que mejor no marche para apoyarla porque por ahora no come vidrio y no quisiera ver vacía una pequeña plaza, son síntomas de los representantes del pasado que se resiste a entender que la sociedad en su conjunto, ricos, clase media, pobres, no los quiere ver más. 

Hay muchos ejemplos más, pero sería caer en Aníbal Fernández, hoy ya una foto en blanco y negro de la decadencia de la política a quien la sociedad le dio la espalda y le dijo que no vuelva más. Sólo le queda, como al reaparecido Daniel Scioli "cabecear centros" en medios de propaganda amigos.

Por último y para concluir, la comunidad artística también se adjudica cierta representación. Intolerantes, muchas veces ignorantes de lo que plantean, acusan con el dedo creyendo representar la opinión pública e insultando, por ejemplo, a un ministro. Fue el caso de Jean Pierre Noher, actor cuyo delirio y violencia desconocía, comparando a otro judío, en este caso el rabino y ministro Sergio Bergman, de ser Goebbels, Hitler y otras cosas más mientras Mauro Viale, fiel a su ADN, no lo interrumpía para que la escena fuera más trágica y circense. El ministro no respondió y fue vapuleado durante cinco minutos mientras el conductor permitió esto con tal de seguir al aire. El actor le faltó el respeto creyendo representar a alguien con el famoso “la gente”, quizás la entelequia más pobre y falaz de los debates.

 

Intolerantes, muchas veces ignorantes de lo que plantean, acusan con el dedo creyendo representar la opinión pública e insultando

 

Malenta Pichot pensando que representa a alguien más que a su posición anti hombre infundada, llena de violencia de género y vulgaridad sin gracia, quizás enojada porque los contratos con entidades públicas ya no funcionan como en otras épocas, Guillermo Moreno pensando que por fin algún día representará a alguien mientras acumula derrotas y procesamientos; es decir, antes de considerar que alguien representa a alguien, consulten, chequeen, llamen, reúnan. Si no, seguirán siendo el esperpento de dirigentes que supieron aunar posiciones contrapuestas en el pasado para lograr conquistas. No les pedimos la capacidad de análisis, formación intelectual y fuerza de trabajo de Alfredo Palacios, Adolfo Alsina o Arturo Frondizi, con que sepan articular frases, no griten, no insulten y sepan debatir, estarán dando un paso enorme en su capacidad de representar a alguien alguna vez. 

Finalmente, sabrá el Gobierno que la sociedad, o una parte grosa de ésta, está esperando que quienes corten la calle, insulten, quieran interrumpir la democracia, paguen coimas, aprieten empleados, incumplan los deberes de funcionario público y deshonren a quienes los eligieron vayan presos? ¿Tiene miedo el Gobierno de cumplir lo que sus votantes les exigen? Los gradualismos casi nunca son buenos, menos que menos, cuando de aplicar la ley se trata.


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