OPINIóN
Project Syndicate

El periodismo independiente encuentra su camino en Hungría

A pesar de que el gobierno húngaro controla el 80% de los medios, el periodismo de investigación ha logrado fracturar la propaganda oficial ante las próximas elecciones de abril.

Hungría protestas
La prensa magiar es objeto de prohibiciones del gobierno | cedoc

Existe ahora la posibilidad real de que el principal partido de la oposición de Hungría, Tisza, derrote al partido gobernante Fidesz, de Viktor Orbán, en las elecciones parlamentarias del país el 12 de abril. Esto ha llevado al líder de Tisza, Péter Magyar, a prometer que, si su partido gana, una de sus primeras medidas de gobierno será suspender la licencia del Fondo de Apoyo y Servicios de Medios (MTVA), el organismo estatal que financia y supervisa los activos de los medios públicos. Desconectar al MTVA, favorable a Orbán, es algo que debería haberse hecho hace mucho tiempo.

Durante más de 15 años, el gobierno de Orbán ha erigido constantemente barreras a la información objetiva y ha reforzado su control sobre el ecosistema mediático. Mediante una combinación de adquisiciones hostiles, campañas de presión e interferencias con reguladores como la Autoridad Nacional de Medios e Infocomunicaciones, ha alterado fundamentalmente el discurso público.

Como resultado, el 80% de los medios de comunicación del país —incluidas publicaciones antes independientes como Origo e Index— se han convertido en portavoces del gobierno. La captura de los medios a esta escala, documentada exhaustivamente en un importante estudio reciente, no tiene precedentes en la Unión Europea y demuestra la rapidez con la que el pluralismo puede ser destruido mediante la ingeniería legal.

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Mi propia experiencia subraya la naturaleza calculada de los esfuerzos de Orbán por controlar los medios que consumen los húngaros. En 2016, yo era el subdirector de Népszabadság, que fue el diario de gran formato de mayor circulación en Hungría, cuando fue cerrado de la noche a la mañana. En pocos días, nuestro sitio web y nuestro enorme archivo digital, que abarcaba décadas, quedaron inaccesibles. La toma de posesión fue orquestada y ejecutada por Mediaworks, un conglomerado propiedad del oligarca Lőrinc Mészáros, amigo de la infancia de Orbán. Mészáros, cuya fortuna se construyó sobre contratos estatales, controla ahora de hecho todo el panorama de los medios impresos y numerosas plataformas en línea.

A estas alturas, está claro que el compromiso oficial del MTVA con la imparcialidad es una ficción. El Instituto Republikon, con sede en Budapest, supervisó recientemente los informativos nocturnos de los medios estatales y descubrió que Fidesz y su socio de coalición recibieron 15 horas de cobertura positiva por semana. Por el contrario, Tisza y Magyar fueron objeto de más de cinco horas de reportajes abiertamente críticos o difamatorios.

Con esta maquinaria de propaganda a su disposición, Fidesz puede dirigir la conversación nacional según le convenga. Durante esta campaña, el asesinato de reputaciones y el alarmismo geopolítico han ocupado un lugar destacado. En un intento desesperado por apuntalar el apoyo a Orbán, los medios públicos húngaros lo presentan actualmente como el único garante de la paz en "tiempos de guerra". Otra de las principales narrativas del Estado es que el presidente ucraniano, Volodymyr Zelensky, supuestamente ha tramado un "plan maestro" con la Comisión Europea para "destronar" a Orbán e instalar a Magyar como un títere.

Además, se fabrican "escándalos" internos para apoyar la afirmación central del régimen: que la oposición está alejada de los húngaros y financiada por intereses extranjeros. El pasado agosto, Index publicó un documento que, según afirmaba, era un plan de Tisza que proponía un tipo impositivo del 33%. Aunque Tisza negó rápidamente la veracidad del informe, la noticia dominó la agenda política durante meses. Index publicó más tarde las supuestas propuestas del partido para un "impuesto sobre perros y gatos", lo que llevó al gobierno a advertir a los pensionistas que Magyar les obligaría a sacrificar a sus mascotas. Aunque el Tribunal Metropolitano dictaminó finalmente que Tisza no tenía nada que ver con el texto, el daño ya estaba hecho.

Estas difamaciones internas pretenden sembrar la duda entre el electorado y posteriormente se vinculan a agravios geopolíticos más amplios. Por ejemplo, el régimen detuvo recientemente a dos vehículos de transporte de caudales durante una transferencia rutinaria desde el Raiffeisen Bank de Austria al Banco de Ahorros del Estado de Ucrania. En cuestión de minutos, los medios oficialistas presentaron el incidente como prueba de que el "dinero sucio" fluía por el país para apoyar a una oposición política controlada por el extranjero. Al invocar la seguridad nacional en su propaganda partidista, el gobierno refuerza la idea de que el desacuerdo es sinónimo de traición.

La base financiera de los medios húngaros también está fundamentalmente descompensada. Desde 2015, se informa que el gobierno y las empresas estatales han gastado más de 1.100 millones de euros (1.300 millones de dólares) en publicidad, canalizando el dinero de los contribuyentes casi exclusivamente hacia medios alineados con Fidesz.

Sin embargo, hay indicios de que el monopolio de la información del régimen está empezando a fracturarse. Un pequeño número de redacciones independientes ha conseguido perforar el escudo de propaganda del gobierno, a pesar de estar bajo una presión política constante y carecer en gran medida de ingresos publicitarios.

Medios de investigación como Direkt36, Telex y 444.hu, que han sobrevivido durante años gracias a la tenacidad de su personal y al apoyo de sus lectores, han socavado el muro de desinformación con sus persistentes informes sobre la corrupción y los vínculos del régimen con el Kremlin. Esto ha proporcionado al público un conjunto compartido de hechos que el megáfono coordinado del Estado no ha logrado suprimir, creando las condiciones para que Tisza surja como un aspirante viable. Después de 16 años, la realidad está demostrando ser más resistente que las narrativas fabricadas.

Esto significa problemas para Orbán en las elecciones de abril. En última instancia, el periodismo independiente que Orbán ha tratado de domar —pero que nunca ha logrado amordazar por completo— podría ser la perdición de su gobierno.

* Ákos Tóth, autor de After the Conquest: How Autocrats Control the Media (Wahrheitsperlen Verlag, marzo de 2026), fue subdirector de Népszabadság, el periódico más grande de Hungría cuando fue cerrado en 2016.