26 nov 2020
OPINIóN |Columna de la USAL
miércoles 14 octubre, 2020

EEUU, las tensiones del capitalismo democrático que no maridan y el resto del mundo en vigilia

Los años electorales norteamericanos dan espacio al análisis internacional, abrimos el portal donde el escenario global puede ser tanto una causa como ser causado y nos preguntamos por macrotendencias.

Lic. Fernando Suarez Rubio

Trump. desde el balcón de la Casa Blanca. Foto: afp
miércoles 14 octubre, 2020

Los años electorales norteamericanos parecen siempre dar espacio al análisis internacional: detenemos el tiempo, observamos dinámicas domésticas de la anciana democracia, abrimos el portal donde el escenario global puede ser tanto una causa, como ser causado y nos preguntamos por macrotendencias.

Los Estados Unidos (EEUU) en presente -sus dilemas de representación, la sobreactuación, el activismo y la apatía o los límites de su régimen político- necesariamente enfrentan la marea y el oleaje que los gobiernos de Nixon, Reagan, y Clinton (1) “naturalmente” produjeran desde la fecha de defunción de Bretton Woods, el abandono del Patrón Oro,  el tándem Volcker-Greenspan y el paso de los Reaganomics al Keynesianismo privado demócrata Globalistas. A su vez, Bush jr. y la pretensión de ser “faro y cruzado”(2) -en simultáneo- durante el Siglo XXI no podía salir bien ante tanta impericia -Irak, Afganistán o lo que usted prefiera como indicador-  y como, hace casi medio siglo ya, un reconocido historiador americano escribiera, los “ciclos políticos” y el auge y declive del apoyo popular norteamericano a las aventuras en el extranjero por tiempo indeterminado (3), explican una parte importante de los virajes entre el aislacionismo, el unilateralismo, el compromiso y ampliación -posible tipología simplista para su política exterior- que, no obstante contienen y componen las tensiones de su vocación universalista (imperialista) o el respeto prudente a la diversidad o particularismo.

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En un mundo donde el ritmo tecnológico y la economía del conocimiento avanzan pero no alteran positivamente en lo mas mínimo a los “animal spirits” bursátiles (4), inclusive el país mas poderoso del mundo (por tanto el mas admirado y resentido a la par) sufre la inestabilidad sistémica y la crisis del mundo del empleo, ambas como nuevas normalidades. Otras tendencias (hijas de la posmodernidad) que versan sobre la salvación del planeta, la liberalización sexual, la interseccionalidad en los segregados y sus demandas para una nueva praxis de la libertad, no pueden hacer otra cosa que golpear las puertas de su tradicionalismo y sistema bipartidista. Grandes malestares reciben importantes sobreactuaciones.

La paridad entre las opciones no debiera sorprender. En un país inmenso donde conviven un nacionalismo orgulloso, una religiosidad masiva y un libertarismo extremo, no es extraño que algunos se aferren a los símbolos más allá de los datos, mientras que otros simplemente sigan desanimados o indiferentes / excitados y violentos dentro de la fortaleza de la soledad que crea el mantenimiento en el pedestal del individuo. Resulta sintomático que figuras y referentes idealistas (de izquierda y derecha) apelen más a la internacionalización de los movimientos sociales -los primeros- o a la defensa innegociable de la propiedad y del uso irrestricto del poder de mercado de cualquier individuo y sus sociedades contractuales -los últimos- mas que al patrocinio de un candidato redentor (5).

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Sin desmerecer la chance que siempre la historia deja abierta, en un mundo donde el caos prevalece pero el orden se desea, pareciera que cualquiera fuese el ganador, estaría obligado a visitar las experiencias pasadas, inspirarse en, rediseñar o reeditar, estrategias testeadas que hubieran dejado a EEUU en una buena posición o ralentizando su declive, para otros esquemas conceptuales. Pero en última instancia, tener que lidiar con el orden que supo construir (6) -metáfora del boomerang globalistas- levanta interrogantes acerca de las imposibilidades dentro de todas las posibles iniciativas que condicionen las decisiones de mercado de empresas globales que, internacionalizadas, disputan posiciones dominantes en las cadenas globales de valor. Donde se  entrecruzan las tres grandes cadenas regionales de valor (norteamericana, europea y asiática) no  resulta parco excluir a China, un mercado ya preferente. 

Allí radica la dificultad de la empresa geopolítica sea cual sea la ¿nueva? estrategia: el desacople económico y científico-tecnológico con China o el renacimiento o persistencia del globalismo y el excepcionalismo norteamericano. La primera promoviendo un “trickle down” regresivo en los mercados; la segunda aspirando por una internacionalización de instituciones y prácticas que ya fueron codificadas como nocivas para “la escalera al desarrollo” en el mundo periférico.

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Para América Latina, ambas estrategias serían un desafío, por lo que demandaran una claridad conceptual en las políticas exteriores respecto de intereses núcleo, innegociables para su estabilización democrática, pensando en nuestro para nada resuelto Octubre Sudamericano (2019) y nuestra siempre presente demanda por socios en lo comercial, pero también en lo científico-tecnológico, considerando nuestro rezago en la estructura mundial o sistema mundo.

 

* Lic. Fernando Suarez Rubio. Profesor de política internacional, Facultad Ciencias Sociales, USAL.

 


(1)   Las presidencias de Carter y  Bush,  pueden ser eslabones interesantes también, dado el “fracaso” de Carter y su globalismo en Derechos Humanos o el revés electoral de Bush en pleno regodeo por el Nuevo Orden Mundial.

(2)    Parafraseando al ex Secretario de Estado y brillante historiador Henry Kissinger.

(3)    Léase Arthur Schlesinger Jr. “Los ciclos de la historia americana” (1990).

(4)   Aporte maravilloso del Nobel de Economía Robert Shiller. Léanse “Irrational Exuberance” (2000), “Animal Spirits” (2009), “Narrative Economics” (2019), entre otros.

(5)    Para citar algunos ejemplos, ver Noam Chomsky “Internationalism or extinction”(2020) o Steven Pinker “Enlightement Nnw” (2018).

(6)    Hago propios a ciertos argumentos que las escuelas de Relaciones Internacionales Chinas -aquellas que promueven Ascenso Pacífico, no rupturistas, no subversivo del Sistema Internacional- ofrecen acerca de la distinción entre Globalización y Globalismo: la primera como proceso milenario, acelerado desde los 70s por la tecnología, comunicación y migraciones; el segundo como orden mundial promovido por occidente (y EEUU en particular) donde se intentan universalizar instituciones que erosionan las capacidades estatales en países que no han logrado estabilidad o equilibrio como punto de partida.


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