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La frontalidad de la nueva diplomacia china

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Tensión. La cuestión Taiwán sumó cortocircuitos a la difícil relación entre Beijing y Washington. | afp

Ante la visita de la presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Nancy Pelosi, a Taiwán, China alzó la voz. La respuesta militar y económica es fuerte y está en el tono de una nueva línea que ha surgido dentro de la diplomacia del país oriental, que en este incidente pasó de la marginalidad a ocupar el centro de la estrategia.

Mao les habló con dureza comunista a otros países. Sin embargo, aceptó la propuesta de acercamiento a los Estados Unidos diseñada por Henry Kissinger a principios de los años 70. Una década después, el nuevo líder de la República Popular, Peng Xiaoping, condujo China hacia una “apertura y reforma” basada en buenas relaciones, sobre todo, con Estados Unidos. China entró a jugar en el juego Global con mesura y respeto. Era la estrategia de, en palabras de Deng, “ocultar nuestras capacidades, mantener un perfil bajo, nunca reclamar el liderazgo y esperar nuestro momento”.

Cada vez que fue cuestionada, China se refugió en su centro, y se aferró al silencio. Parecía que en su pragmatismo, todo lo soportaba con tal de participar en el capitalismo global. En sus respuestas a las agresiones inaceptables, mostraba no entender el paradigma occidental de las comunicaciones, como la ley de las noticias que establece que el que pega primero dice la verdad, y además no tenía recursos comunicativos: los medios occidentales estaban en su contra y los medios chinos no llegaban al público de este lado del mundo.

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Aquel modo incorporó una línea divergente, caracterizada por la confrontación, a partir de la presidencia de Xi Jinping, que conduce la instalación de China en un lugar de prominencia en el mundo. Con lo que llamó “Diplomacia de País Mayor”, el líder desplegó la narrativa de una China que fue humillada durante más de un siglo y medio, se liberó en 1949 y ahora está reemergiendo para volver a ocupar el lugar protagónico que tuvo en la historia de la humanidad.

Cuando el tiempo de agachar la cabeza ya iba llegando a su fin, apareció Donald Trump, que provocó con su arrogancia despectiva, a la nueva tendencia diplomática. En Estados Unidos la llaman “diplomacia del Lobo Guerrero” (por una película de un Rambo chino), La continuación de la política contra China que lleva adelante Biden azuza la línea incisiva, reactiva y agresiva del gigante de Asia en sus relaciones exteriores.

Esta diplomacia frontal tiene referentes, como los voceros de la Cancillería Zhao Lijan, un hombre, y Hua Chunying, Una mujer. Su táctica es publicar respuestas y mensajes en Twitter, demostrando un buen manejo de los códigos de la comunicación occidental. Ejemplo de las publicaciones de Zhao Lijan es un gráfico que se pregunta cómo está representada la democracia en el Congreso de Estados Unidos, y se responde que más del 50 % de los diputados son millonarios, mientras que en el total de la población no superan el 4 %, que los hombres blancos representan el 59 % de los legisladores, mientras que los Estados Unidos son el 30%, etc. En otro tuit dijo que Estados Unidos sufre de “ansiedad de reemplazo” ante el “ascenso imparable de China”. En otro, informa que “de todos los niños de entre cinco y 14 años asesinados con armas de fuego en los países desarrollados, 92% fueron norteamericanos”.

También se ha dedicado a América Latina. En un tuit muestra un video reciente de la jefa del Comando Sur de los Estados Unidos, Laura Richardson, señalando que “la manera en que se refiere América Latina... parece estar elaborando un esquema para que Washington se enriquezca. Cita al diplomático chileno Jorge Heine: “Cuando miembros del gabinete de Estados Unidos visitan Latinoamérica, de todo lo que hablan es de China. Cuando miembros del gabinete chino visitan Latinoamérica, de todo lo que hablan es de comercio e inversión”.

En tanto, Hua Chunying, habla de “cuántas tragedias humanitarias los Estados Unidos y otros países de la OTAN crearon en Yugoslavia, Irak, Libia, Siria y Afganistán” para preguntarse: “¿Acaso hicieron un examen de conciencia? ¿Sintieron acaso un atisbo de culpa por las serias consecuencias y catástrofes que causaron? ¿Alguna vez le pidieron disculpas a las víctimas de esos países?”.

En otro tweet acusa que “Los nativos americanos asesinados por el genocidio, las vidas afroamericanas perdidas en la masacre racial de Tulsa, las personas como George Floyd que no pueden respirar y los asiático-americanos que sufren de odio antiasiático... Estas son hechos documentados y problemas reales en los que US debería trabajar”. En otro más opina que “el verdadero objetivo de la estrategia Indo-Pacífico de Estados Unidos es establecer una versión Indopacífica de la OTAN”. 

El intelectual Zhang Weiwei puntualiza que “siempre se ha mirado y criticado a China. Ahora no pueden soportar que China ponga un ojo en ellos”.Además de los voceros de la cancillería y otros diplomáticos, la tendencia tiene como plataforma escrita el diario The Global Times, con versión en inglés.

La destemplada visita de Pelosi a Taiwan ha sido el escenario en que esta diplomacia frontal ganó el centro de la actitud hacia Occidente. Ha sido usada por el canciller Wang Yi, ha marcado tendencia en los medios de comunicación (la cadena oficial de televisión CGTN publicó un largo informe sobre las violaciones a los derechos humanos cometidos por Estados Unidos), e incluso el presidente Xi Jinping emitió una dura frase en su charla de dos horas con su par norteamericano, al advertirle que “quien juega con fuego, se quema”. 

El modo intransigente convive con el anterior, apaciguado y pasivo. El ex diplomático Fu Ying, ha llamado a que la diplomacia mantenga un “espíritu de humildad y tolerancia, adhiriendo a la calma, el aprendizaje y la apertura”. Si bien el incidente Pelosi encendió la diplomacia radical, la tendencia central sigue siendo conservadora. El presidente, como cabe a un líder chino, maneja las diferentes fuerzas, incluso opuestas, de modo de lograr una armonía.

Sin embargo, nada indica que la nueva fuerza no siga ganando terreno, en la medida en que crece China, y teniendo en cuenta su fortalecimiento de recursos para cortar cualquier relación en el momento en que lo considere conveniente.

*Editor de la revista DangDai (desde Beijing).