domingo 29 de enero de 2023

La industria argentina del software debe cambiar

Es una industria sin demanda de dólares para crecer. El principal insumo de la industria del software es -nada más y nada menos- que la capacidad y el conocimiento. Dos condiciones que los argentinos podemos contabilizar como ventajas comparativas.

19-01-2023 17:54

El crecimiento y la pujanza que han caracterizado a la industria argentina del software en los últimos años la han llevado ante una encrucijada con tres destinos posibles: la consolidación como jugador importante del negocio global, la mediocridad dependiente y la anomia productiva.

La continuidad del actual comportamiento productivo condena a la industria del software a una mediocridad dependiente, atada a los vaivenes de un cambiante mercado global en el que la actividad financiera -su mayor demandante de líneas de código pagadas en dólares- replantea sus estrategias de supervivencia.   

¿De qué industria estamos hablando? Es una industria sin demanda de dólares para crecer. El principal insumo de la industria del software es -nada más y nada menos- que la capacidad y el conocimiento. Dos condiciones que los argentinos podemos contabilizar como ventajas comparativas.

Es un escenario propicio para poder crecer. Existen claras señales de la importancia que el país asigna a las denominadas Industrias del Conocimiento. Se dictan leyes de apoyo al desarrollo de las mismas votadas tanto por el gobierno como por la oposición. Se asignan recursos presupuestarios para incrementar la capacidad de producción de esta industria cerebro-intensiva. En el conjunto de la población se percibe una opinión valorativa y esperanzadora sobre la industria y su desarrollo.

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La promulgación a principios de este siglo de la Ley de Promoción de la Industria del Software posibilitó durante dos décadas el creciente desarrollo de la actividad que, además de crecer hasta ubicarse en los primeros lugares en la exportación argentina de intangibles, incrementó sustantivamente el número de trabajadores informáticos con capacidades básicas que facilitan el tránsito hacia una nueva etapa de la industria.

¿La industria está organizada para aprovechar las ventajas que le brinda el contexto? La respuesta es no. La realidad nos muestra un mercado laboral en el que los trabajadores del software, insumo básico de la industria, deben vender barato su trabajo -localmente o en el exterior- para contribuir a elaborar lo que terminaremos comprando caro como fruto de ese trabajo.

Un inadvertido actor del crecimiento productivo: el Demandante de Tecnología

El Demandante de Tecnología es un actor fundante del desarrollo tecnológico y productivo. Es la demanda la que genera la innovación tecnológica. Así fue para la micro-electrónica lo que se llamó "la conquista del espacio" en la que soviéticos y norteamericanos se trenzaron en la década del ´60, y lo fue la seguridad norteamericana para el desarrollo de Internet en épocas más recientes.

Nuestro país carece de jugadores que asuman el rol de demandantes de tecnología de la industria del software. Que orienten y ordenen la producción en beneficio de las pymes nacionales del sector y, de esa manera, contribuyan al superávit comercial del país en la medida de los volúmenes de producción que pueden alcanzarse.

En los desarrollos productivos antes mencionados, el Estado ha cumplido exitosamente el rol de Demandante de Tecnología. Un ejemplo que quizás le cabe a la Argentina.

El Estado argentino debe sumir activamente su rol de Demandante de Tecnología. Frecuente comprador de productos tecnológicos desarrollados por otros países y actores económicos, debe tomar la decisión política que lo instale como un demandante capacitado para establecer las condiciones y características de un desarrollo tecnológico y productivo permanente y estable. La Ciberseguridad puede ser el motor de ese desarrollo.

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¿Un INVAP de la industria del software?

Se está avanzando en la idea de constituir una empresa estatal productora de software. El Secretario de Economía del Conocimiento Ariel Sujarchuk la propuso públicamente "con un modelo similar al de Arsat e Invap, con el objetivo de tener una respuesta ágil ante las demandas de soluciones que tiene el sector público".

El éxito de una empresa de estas características necesita de la existencia de demandantes exigentes y precisos de la tecnología que produzca. No es la oferta, sino la demanda lo que genera el desarrollo tecnológico y productivo. Si esos demandantes existen y están presentes, la empresa puede cumplir el objetivo de su creación.

El ejemplo de voluntad y perseverancia que es INVAP demuestra que es un camino posible. Pero resulta imprescindible tener en cuenta las diferencias entre ese orgullo del desarrollo argentino y la empresa que se desea crear.

INVAP nació de la necesidad específica de su Demandante de Tecnología inicial, que era la CONEA, de ser provista de circonio, un material que no se producía en la Argentina. INVAP contaba con los dos factores básicos para su desarrollo exitoso.

¿Peligra el futuro de la industria del software en Argentina?

La empresa que se propone crear se incorporaría a un sector productivo preexistente, para elaborar productos que otros también pueden producir localmente. Mientras INVAP generaba un mercado de trabajo reducido y de alta especialización, los trabajadores de la industria del software conforman un numeroso sector en constante crecimiento, para el que no se han generado todavía los acuerdos necesarios para asegurarles los derechos a la calidad laboral y protección de su salud que garantiza la Constitución Nacional.

Creemos que un modelo posible es desarrollar una empresa de capital público-privado, en cuya conducción participen las pymes y los trabajadores del sector, que sea formuladora de productos e integradora de partes desarrolladas por empresas locales, a las que se les retribuya a valores internacionales, pero se les exija que cumplan con normas y procedimientos de calidad de producto y de proceso. En particular, estableciendo niveles de remuneraciones para sus trabajadores que sean competitivas con las que abonan las empresas que los contratan desde el exterior, recuperando su producción y conocimientos para el mercado local e integrándolos al trabajo formal.

La industria del software debe y puede cambiar. Cuando más posterguemos la decisión política que revierta la situación de ser un país que provee trabajadores de software que son tributarios económicos de los beneficios de otros, más difícil va a ser alcanzar competitivamente el objetivo de ser parte de los países que disfrutan esos beneficios. Las políticas de desarrollo que se establezcan y el acompañamiento y protagonismo de los sectores involucrados que se logre, determinarán el destino de la industria al final de esta década.

 

(*) El autor es Presidente de Infoworkers

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