OPINIóN
Gobierno en crisis

Alberto Fernández: exorcista de demonios inflacionarios

La administración del Presidente Alberto Fernández está literalmente congelada y la agenda se circunscribe en la pelea con la Vicepresidente Cristina Fernández.

Ilustración
Ilustración | Martín Sáenz

Se terminó el amor

La realidad política del gobierno nacional quedó definida por los dichos del cómico Dady Brieva: “Chicos, dijimos que íbamos a volver mejores; pero volvimos al pedo”.

La administración del Presidente Alberto Fernández está literalmente congelada y la agenda se circunscribe en la pelea con la Vicepresidente Cristina Fernández. La frase del mandatario “Valoro a Máximo y a Cristina, pero no existe la presidencia colegiada, y Las decisiones las tomo yo” es descriptiva de la ruptura en el seno de la coalición oficial.

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Las declaraciones de la vocera Gabriela Cerruti, afirmando que Cristina no le atiene el teléfono al mandatario; indica que hay una situación insostenible. Mientras tanto la gestión del Presidente, sin obras para inaugurar o giras por hacer, se resume a participar de una clase de aquagym. El mandatario tampoco puede ostentar sus vínculos sindicales, pues Antonio Caló, titular de la UOM y aliado del Albertismo, se vio desplazado de su cargo en la última elección, luego de 18 años en el poder. Alberto perdió su alianza con Cristina, no tiene prácticamente cuadros propios y tampoco cuenta con el respaldo sindical. ¿Qué le queda sino vegetar hasta el final del mandato, llamar a elecciones adelantadas o hacer un giro de 180 grados para darle aire a su gestión?

Alberto Fernández arrió la bandera de los Derechos Humanos

El 24 de marzo salió el Cristinismo a la calle para conmemorar algo en lo que nunca creyeron, pues por aquel entonces estaban facturando junto a su marido con la Circular 1050 y haciendo sociales con los militares en Río Gallegos. Pusieron todo, absolutamente todos los recursos que tienen al asador; y se quedaron muy cortos. Las declaraciones de Máximo Kirchner en relación a los votantes de la Ciudad de Buenos Aires, fue apenas un gesto hacia Horacio Rodríguez Larreta ante la fuerte exposición en los medios de Mauricio Macri. Todo esto fue un día antes que el Directorio del FMI aprobara el acuerdo con Argentina. Eso sí, Alberto y Cristina están peleados; pero la caja no se toca y nadie renuncia. El quiebre de la relación los encuentra con una economía que no da señales de mejora, un acuerdo con el Fondo imposible de cumplir, y postergando los pagos al club de París. En efecto, la pelea en el senado del poder complica aún más la situación económica. Hay 580 productos cuyos precios el gobierno va a tratar se retrotraigan al 10 de marzo; pero los faltantes de aceite, lácteos, fideos, harina y yerba se hacen sentir. Y si todo eso fuera poco, el país necesita 70 barcos de gas para el invierno; pero hasta ahora se licitó apenas uno.

 

El FMI y el Senado

Alberto declaró la guerra contra la inflación, y las tropas se movilizan desde el viernes 18. El arsenal estaba vacío de planes y anuncios desde el comienzo de las hostilidades, y la única bala que tenía Alberto en la cartuchera era que el aceite de soja pasaría a pagar el 33% de retención.

La vocera presidencial Gabriela Cerutti expresó con claridad técnica que la inflación es “Un fenómeno endémico, casi un maleficio”, y el Presidente afirmó que “Hay diablos que hacen subir los precios”. De esta forma, el gobierno entró en la etapa de curanderismo económico. El Senado de la Nación convirtió en ley el proyecto que autorizaba al Poder Ejecutivo a tomar un nuevo crédito ante el Fondo Monetario Internacional. Podríamos decir que el voto en contra del Cristinismo o la salida anticipada del recinto de la Vicepresidente Cristina Fernández fueron la nota de color, anticipando la ruptura definitiva con su socio político. Sin embargo lo más relevante fue el desempeño de la Senadora por Tucumán del FDT, Sandra Mendoza, quien en la misma intervención se comió todas las “s”, las “z”, y la espada dejó de ser de Damocles y pasó a estar suspendida sobre el cuerpo de “Dómacleh”.

El desempeño del Canciller Santiago Cafiero en la Expo Dubai, expuso su paupérrimo nivel de inglés, necesario para el ejercicio del cargo, la desconexión con el personal del Ministerio de Relaciones Exteriores, la incapacidad del gobierno de convocar empresarios y autoridades para generar negocios para el país; todo sumado a la hipócrita mención de los Unicornios argentinos, que tanto ha castigado la actual gestión. El funcionario lejos de reaccionar con la responsabilidad de la tarea que desempeña, y en lugar de hacer un silencio prudente frente a las críticas, necesitó también demostrar que sabía insultar, y así lo hizo con el periodista Jorge Lanata. Las incoherencias en materia de RREE se evidenciaron en las idas y vueltas en las que el Presidente abrió las puertas del país a Putin, funcionarios de la vicepresidente desoyendo la directiva del Poder Ejecutivo, trataron de evitar la condena a Rusia por la invasión a Ucrania; todo al tiempo que Cristina Fernández se mostraba junto al embajador de los EEUU, Marc Stanley.

Alberto Fernández y su pasión por Putin

La guerra de Putin

La invasión del ejército de Vladimir Putin a Ucrania programada para lograr su objetivo en 3 días, ya cumplió un mes. En este tiempo no se registraron progresos por parte de los rusos, la línea de suministros está rota, los soldados de Moscú están visiblemente hambreados y desmotivados. Asimismo sumemos las deserciones, el abandono desordenado de equipamiento como tanques, camiones y otros blindados, que son recuperados para ser usados por los ucanianos. Sumemos a todo esto la pérdida de al menos siete generales en el frente, y  que los defensores han tenido distintas victorias en las cercanías de Kyiv, Hulyaypole y Mykolaiv recuperando localidades que estaban tomadas por los invasores tales como Irpin, Poltavka y Malynivka. Cuando el Presidente de los EEUU, Joe Biden, califica a Putin como “Criminal de guerra”, le da el marco definitivo al conflicto. En 30 días de invasión, la estrategia de Rusia se ha limitado exclusivamente a cometer crímenes que violan todos los pactos internacionales. Esto incluye matar civiles mientras compran alimentos, utilizar fósforo blanco, bombardear hospitales como el maternoinfantil de Mariupol o el teatro dramático de esa ciudad, atacar la central atómica de Zaporizhzhia o la destrucción de decenas de escuelas.

El frente interno para Putin también está complicado, quien advirtió a los oligarcas de su país diciendo: “El pueblo distinguirá a los verdaderos patriotas y escupirá a la escoria traidora”. Esta definición tuvo como consecuencia que pocas horas después se detectaran infinidad de vuelos privados con destino a Dubai, Kiliningrado y otros más allá de los montes Urales ¿Hubo en el medio ejercicios o maniobras de escala nuclear? Puede ser, pero queda claro que comenzaron las purgas dentro del régimen ruso; sino pregúntenle al magnate Roman Abramovich. Las sanciones económicas están teniendo impacto de todo tipo en la realidad rusa. Las escenas de gente peleándose por conseguir azúcar y otros productos en el supermercado, sumemos a quienes se ataron a un local para comer el último Mc Donalds, la falta de insumos médicos y prótesis son ejemplos de los padecimientos que están comenzando. Cabe agregar como dato no menor, que la empresa Uralvagonzavod, principal fabricante de tanques rusos, se ha quedado sin insumos para la producción debido a las sanciones. Todo esto corona con el pedido de Polonia, apoyada por EEUU, para que Rusia sea expulsada del G20. Esto ocurre al tiempo que el vocero del Kremlin, Dmitry Peskov, afirmó que “Usaremos armas atómicas si hay riesgo existencial”, y simultáneamente Rusia rebajó sus objetivos militares en Ucrania y anunció que se centrará en el Donbás.