martes 28 de junio de 2022
OPINIóN a 10 años de su muerte

Néstor

El recuerdo y respeto de un amigo que conoció al expresidente fuera de la función política.

27-10-2020 00:30

Fuimos amigos, compartimos cenas y charlas que se prolongaban hasta altas horas de la noche. Vivíamos cerca, cuando a Cristina sus tareas la demoraban en el Senado, insistía en que nos encontráramos. No le gustaba esa soledad de la espera. La mayoría de las veces, Cristina llegaba sola o acompañada del otro Senador provincial, Daniel Varizat. Dialogábamos mucho, de política y de la vida, de todo un poco cuando todavía no se hacía visible el futuro del poder. Nos unían la soledad y el distanciamiento respecto de Menem.  Tomábamos vino, no se apasionaba por las marcas, elegía los vinos y las comidas con cierto desgano. Hubo tiempos de restaurantes fijos y otros de libre opción. Fueron años, en que hubo cambios esenciales, aunque al principio el poder no le parecía accesible. Se llevaba mal con muchos gobernadores, lo discutíamos. A su vez, Cristina volvía del Senado para contarnos sus guerras. Néstor sonreía y la invitaba a reflexionar. “Así, ¿cómo vamos a ganar?, solía decirle.  

Hubo enfrentamientos duros entre ellos, muchos, no les molestaba mi presencia. Su relación era firme, luchaban, pero se respetaban, eran una pareja en serio, tenían sus roles bien diferenciados y asumidos. A veces, visitábamos con Néstor a algún sindicalista o político que disgustaba a Cristina; ella se quejaba al tiempo que  entendía que el camino al poder estaba plagado de sinsabores. Ese famoso tragarse sapos del que hablaba el General. Sin embargo, no eran peronistas, no sentían serlo, Cristina era mucho más agresiva al respecto, incluso en la relación con la historia.

Como jefe era un duro, un difícil

 

Néstor era un pragmático, un hombre abrazado a una concepción del poder, obsesivo como pocos y a quién le costaba mucho desconectarse. Recuerdo las veces que me llamaba y me encontraba jugando al frontón; me acusaba con humor- a veces no tanto- de ser un irresponsable. Yo le decía que había un horario de trabajo, que toda obsesión era negativa. Me llegó a llamar a la una de la mañana para cuestionarme un programa de televisión, no podía dejar de enojarse, tomar distancia de sus rabias.

Me mandó de embajador a París. Con la decisión tomada, le expliqué que no era lo mío, él sabía que íbamos a terminar enfrentados. Generaba relaciones de dependencia porque no soportaba las de otro tipo. Como jefe era un duro, un difícil.

Tres veces intenté que recibiera al Cardenal Bergoglio. Sus respuestas eran diversas. No le gustaban los curas, en rigor, no disfrutaba ni aceptaba relaciones con personas que no pudiera conducir, al menos, cuando podía evitarlo.

Soy respetuoso con su memoria, solo que siento que sus decisiones, todas, fueron resultado de la coyuntura. Ni la izquierda, en ninguna de sus versiones, ni los derechos humanos integraban su historia como militante ni como gobernante. No las acompañó en las difíciles, supo utilizarlas en el momento oportuno, y esos sectores encontraron en él la figura que ellos mismos no habían sido capaces de forjar.

Fue mi amigo, ocupé un cargo secundario en su gobierno y tuve toda su lealtad personal durante los primeros tres años. Soy consciente de que me toleró cosas que no les hubiera soportado a otros.

Fue mi amigo, ocupé un cargo secundario en su gobierno y tuve toda su lealtad personal durante los primeros tres años

Anécdotas tengo muchas. Recuerdo una que viene al caso; un día me llama para increparme porque le había otorgado el Canal 21 a la Iglesia Católica alegando que era un Canal de aire. Le respondí que eso no era así.  Acotó, que Verbitzky estaba con él y sostenía que era de aire. Un ejemplo bastó para convencerlo de que, como siempre, el Perro exageraba. Le respondí: "Entre el 20 y el 30, hay un amigo en común que tiene tres, la Iglesia bien puede tener uno”.

El General Perón y Don Ricardo Balbín se fueron de este mundo con el dolor de sus seguidores y el respeto de sus adversarios, los hermanos Uruguayos nos generan envidia con los logros de su democrática convivencia, Néstor eligió otro camino, no heredó el peronismo.

Fuimos amigos, no era afecto a las diferencias, eso nos llevó a dejar de serlo. Vaya hacía él mi respetuoso recuerdo.