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OPINIóN / Columna de la USAL
miércoles 23 octubre, 2019

Las normas ISO 9001 de la paz, ¿y eso con qué se come?

El escenario regional y global está atravesando cambios. La paz, no ha resultado incólume a dicho contexto que la interpela y promueve su reconfiguración.

por Constanza Boettger

Es importante impulsar nuevos marcos legales para la igualdad de oportunidades y educación para todas la mujeres. Foto: ANEMONE123 / PIXABAY.

El escenario tanto regional como global se encuentra atravesando momentos de cambio, transición y hasta mutación. La paz, no ha resultado incólume a dicho contexto que la interpela y promueve su reconfiguración.

La etapa crítica que atraviesa el proceso de paz en Colombia, las recientes declaraciones del presidente Sebastián Piñera refiriéndose al hecho que Chile se encuentra “en guerra”, la escalada de violencia en Ecuador y la crisis humanitaria en Venezuela demuestran que la paz se encuentra bajo amenaza.

Sin embargo, en pocos puntos existe connivencia en la humanidad en su conjunto como en el que la paz constituye un estado deseable y añorado por la sociedad civil erigiéndose como una meta compartida. Empero si bien existe un acuerdo en qué se quiere el punto nodal de discusión es cómo se obtiene y cuáles son los medios empleados para su consecución. En segunda medida, es necesario analizar qué calidad se le exige para su medición, como las normas ISO 9001 que determinan los requisitos para un sistema de gestión de la calidad en la certificación de un producto o servicio, es necesario enfrentarse con el reto que implica la conceptualización, operacionalización y consecuente medición, entonces allí podría definirse ¿qué es la paz?.

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Actualmente abundan los análisis locales e internacionales que romantizan el concepto de guerra. Desde cuestiones que se piensan banales, donde sería fácilmente observable que una de cada tres series o películas vistas por el promedio social perciben en la guerra un medio para producir la paz, hasta analistas internacionales que respaldan la intervención militar como un mecanismo o un medio para conducir la paz, sin tener en cuenta o pasando por alto las víctimas que ese hecho se cobraría, los costos que esto tendría y las consecuencias para las sociedades que se ven diezmadas por la violencia y asesinato ejercido en igual proporción contra combatientes o no combatientes.

Es por ello necesario “trabajar la paz”, dejar de analizarla como una pieza de porcelana que en cualquier momento puede partirse y comenzar a edificarla en cemento desde los cimientos. Pero entonces, sería necesario observar, ¿quién es el artífice de la paz?.

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Regularmente, la potestad para iniciar y finalizar un proceso de paz se reservaba exclusivamente al Estado, pero en la actualidad este hecho se pone en duda, pues es necesario hacer parte de este proceso al individuo, esto implica que se requiere una coalición de actores de locales a globales con el fin de dar lugar a una legitimidad más amplia. La reconciliación local y la sostenibilidad parecen más factibles si la legitimidad emana de los acuerdos y procesos locales (no sólo entre la elite o el nivel nacional).

De aquí parte el hecho que quienes trabajan en las áreas de transformación de conflictos o la construcción de la paz lo hacen en un marco conceptual nuevo, interdisciplinario y más comparativo, transescalar y en red. Así como la atribución para conducir procesos de paz no se reserva exclusivamente a los estados, la jurisdicción de la investigación de paz ya no es un nicho sólo circunspecto a internacionalistas o politólogos, pues es necesario comprender que la paz vista de manera integral es un asunto que involucra a todos los miembros de la sociedad.

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El "trabajo de paz" implica costos, riesgos y muchas sanciones dirigidas a aquellos quienes participan de los mencionados procesos, esto se debe al hecho que la paz a menudo amenaza el statu quo vigente, prácticas económicas y políticas que mantienen el conflicto, política, autoridad y formas de poder.

Por todo lo anteriormente mencionado se vuelve necesario “transversalizar” la paz trascender las discusiones tradicionales, para crear nuevas. Con el objetivo de introducir nuevos paradigmas y poder discutir con los existentes, la educación se vuelve elemental. Sin formación para la paz, el establecimiento de una relación horizontal e interdependiente entre sociedad y representantes políticos será sólo una quimera.


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