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OPINIóN / Crisis política
martes 22 octubre, 2019

Chile Despertó: Inequidad en llamas

La solución es política y social, no militar y policial.

Por Iván Ambroggio*

Chile Endures 4th Day Of Protests In Worst Unrest In Decades Foto: Bloomberg

América Latina es la región más inequitativa y más violenta del mundo. Existe una relación entre inequidad y violencia que merece más atención de los dirigentes políticos. Sobran las evidencias que revelan que el crecimiento económico, si no es inclusivo, la película no termina bien. El fracaso escandaloso de la teoría del derrame demostró, varias veces, que la copa no derrama y que su principal efecto siempre fue profundizar la fractura del tejido social.

Hace tiempo que vengo señalando –en ámbitos académicos, políticos y en medios de comunicación– el riesgo para la seguridad de Chile, que implica la desigualdad de ingresos, las demandas de educación pública y salud, y los reclamos por las pensiones. La semana pasada, puntualmente, discutí con unos amigos chilenos sobre estos temas y volví a enfatizar en la relación inequidad-violencia. Mis interlocutores abrazaban el crecimiento económico como único argumento válido.

No compartían conmigo la importancia del “desarrollo inclusivo”, ni que, en un escenario de ollas vacías en aumento y servicios esenciales cada día más lejanos, el descontento social iría en aumento y la crisis social era inminente. Enfaticé en los informes internacionales que ubican al país gobernado por Sebastián Piñera, en lugares alarmantes del ranking global de inequidad. Pero nada los convenció. Todo parecía ser un invento mío. Lamentablemente, la triste profecía se cumplió.

Chile despertó: por qué los estudiantes y las redes son la génesis de las protestas

La gente salió a la calle en varias ciudades a expresar su hartazgo y repudio a los aumentos del costo de vida y a un modelo económico que genera un crecimiento desigual. Los disturbios en las calles y el choque con las fuerzas de seguridad, es la peor convulsión social desde el retorno a la democracia en Chile, a fines de la década de 1980.

Toque de queda, cacerolazos, militares y policías enfrentándose con los manifestantes; saqueadores, heridos y muertos, son las consecuencias de algo mucho más profundo que el aumento de tarifas del metro. El presidente Sebastián Piñera le pidió al ejército que restablezca el orden, y dio marcha atrás con el aumento de las tarifas, pero sus erróneas e irresponsables palabras generaron más violencia: “Estamos en guerra contra un enemigo poderoso e implacable, que no respeta a nada ni a nadie, que está dispuesto a usar la delincuencia y la violencia sin ningún límite, incluso cuando significa pérdidas de vidas humanas”. Presidente no es un concepto correcto. Mucho menos apropiado, ya que lejos de coadyuvar a hallar la paz social, fomenta la violencia.  Es una jugada demasiado peligrosa para el clima reinante en las calles. El General del ejército Javier Iturriaga, fue más sensato y respondió a las expresiones del presidente, diciendo: “no estoy en guerra con nadie”. 

Preguntas y respuestas para comprender la crisis chilena

Estas manifestaciones callejeras son los síntomas, pero el problema de fondo es más pesado, más largo y más difícil. Es necesario entender de una buena vez, que el ingreso per cápita es un promedio, pero que no suele reflejar cómo se distribuyen los ingresos en una sociedad. Lo cierto es que hay pocos que acumulan mucho, y muchos que tienen poco o nada. He aquí, en esta diferencia obscena, donde mejor germina la violencia. La presencia castrense en las calles chilenas, recuerda imágenes de la dictadura militar que gobernó desde 1973 hasta 1990. Presidente, securitizar el conflicto movilizando al ejército, no conducirá a un mejor puerto a Chile. Menos mano dura, más equidad, más igualdad de oportunidades y principalmente más diálogo –palabra ausente en todos sus discursos– quizás genere una mejor convivencia social. La solución es política y social, no militar y policial. Usando nuevos lentes que le provean una visión integral y unos gramos de sensibilidad social, tal vez aprecie la situación de otro modo y pueda devolverle al pueblo, la paz  y calidad de vida que se merece.

*Director de Gestión de Gobierno de la Universidad de Belgrano, analista internacional especializado en el Centro de Estudios Hemisféricos de Defensa de Washington.


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