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OPINIóN / A 50 años del Cordobazo
martes 28 mayo, 2019

"Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos"

El Cordobazo no fue una reacción popular espontánea: tuvo la preparación necesaria, siendo evaluado hasta el más mínimo de los detalles para alcanzar el objetivo deseado.

por Héctor Amichetti

Cordobazo Foto: Cedoc

El Cordobazo y las grandes rebeliones del ‘69

Resulta un aporte esclarecedor caracterizar cuál era el cuadro de situación económico-social a comienzos de aquel año 1969 en que se producirían en cadena una serie de puebladas que alcanzaron con el “Cordobazo" su punto culminante.

Al cabo de dos años y medio de gobierno del dictador Onganía, la moneda nacional había sufrido una devaluación superior al 70% lo que favorecía la compra de empresas nacionales por parte de capitales extranjeros y la constitución de importantes sectores monopólicos. Siguiendo los lineamientos económicos ensayados desde el derrocamiento de Perón por Prebisch, Alsogaray y Pinedo, entre otros, el ministro de economía Adalbert Krieger Vasena intentaba el equilibrio fiscal mediante el aumento de impuestos y la reducción del gasto público, a la vez que contenía progresivamente la inflación a través de un severo congelamiento salarial.

La situación de empobrecimiento en varias regiones del país era muy notable y el cierre de fuentes de trabajo motivo de innumerables conflictos en los que se expresaba el malestar popular.  

En un documento emitido por la CGT de los Argentinos en enero de 1969 se decía: “El año que acaba de transcurrir deja en nosotros y en ustedes un sabor amargo. Durante 1968 el imperialismo aumentó su penetración, la oligarquía consolidó su poder, las fuerzas armadas acentuaron su papel de custodios de una minoría rapaz adueñada por la fuerza de las riquezas y los derechos. Se acercan nuevas batallas. Sepamos librarlas sin desaliento, sin miedo. Sepamos recorrer hasta el fin el camino que nos hemos trazado, junto al pueblo, por la revolución del pueblo”.

El FMI, en tanto, afirmaba que la marcha de la economía argentina iba por el camino correcto.

“Todos debemos hacer sacrificios y conformarnos con un cachito menos de lo que recibimos”, ordenaba Krieger Vasena, palabras que generaban indignación popular cuando el semanario de la CGT difundía el incremento de las ganancias reflejado en los balances de algunos poderosos grupos patronales a lo largo de 1968: Ingenio y Refinerías San Martín de Tabacal había aumentado un 30% sus ganancias, Pirelli un 50%, Compañía Italo Argentina de Electricidad un 130%, Ingenio Ledesma un 180%, Gurmendi un 220%.

En contraste, los trabajadores y trabajadoras sólo habían recibido un aumento del 20% en 1967, un inapelable congelamiento salarial a lo largo de 1968 y el anuncio de un miserable 8% en bruto para todo el año 1969.

La reducción del salario real acarreaba una fuerte caída del consumo y profundizaba el estancamiento de la economía en general.

Esa delicada situación económica con sus graves consecuencias sociales, alimentaba el descontento popular, fogoneando la reacción que sobrevendría en los meses posteriores.

Cómo el Cordobazo le abrió el camino de regreso al peronismo

Los días previos

A mediados del mes de abril, castigado por la desocupación y la pobreza, se levantó el pueblo de Villa Ocampo en el norte santafesino.

El cierre de ingenios mantenía desde hace tiempo en estado de rebelión a muchos pueblos de Tucumán.

El aumento de los precios de los tickets en el comedor estudiantil en la Universidad del Nordeste provocó -el 12 de mayo de 1969- un paro total en las facultades de Resistencia. En Corrientes se organiza un comedor estudiantil en el local de la CGT de los Argentinos, pocos días después la represión policial le arrebata la vida al estudiante Juan José Cabral

El 14 de mayo, unos 3000 trabajadores mecánicos de Córdoba convocados por el SMATA, realizan una asamblea en el Sport Club para tomar posición acerca de la amenaza gubernamental de acabar con el beneficio laboral el sábado inglés, al salir pacíficamente de la reunión son reprimidos, algunos trabajadores son internados con heridas de balas y otros son detenidos.

Las movilizaciones obrero estudiantiles se expanden por todo el territorio nacional: La Plata, Tucumán, Córdoba, Santa Fe. El 17 de mayo en Rosario, la policía reprime ferozmente una mar-cha callejera asesinando con un disparo a quemarropa al estudiante Adolfo Bello.

El 21 de mayo, las agrupaciones estudiantiles universitarias y secundarias de Rosario inician una movilización partiendo desde la olla popular instalada en la sede de la CGT de los Argentinos. Al día siguiente la ciudad es declarada “zona de emergencia”, lo que justifica la intervención de fuerzas combinadas del ejército y la policía que no logran amedrentar a un pueblo decidido a enfrentarlos en las calles. La gran pueblada que pasaría a la historia como “Rosariazo” agrega un nuevo mártir, el joven estudiante y aprendiz de obrero metalúrgico Norberto Blanco, de tan sólo 15 años, que cae bajo las balas asesinas de los uniformados.

El 23 de mayo, un grupo de 38 sindicatos realizan un masivo paro en el sector industrial, 7000 personas acompañan los restos del joven Blanco al cementerio, la Unión Ferroviaria se pone en pie de lucha ante la suspensión de sus delegados por adherir al paro y varios sacerdotes comprometidos con el accionar de obreros y estudiantes se niegan a celebrar el Te Deum, expresando de esa manera su repudio al gobierno.

Un centenar de detenidos en Salta, la situación casi fuera de control en Tucumán, dos facultades ocupadas en Mendoza, agitaciones en la Capital Federal, La Plata, Bahía Blanca. A esa altura de los acontecimientos la ferocidad policial no tiene límites. Tampoco la indignación popular. Ya no eran estudiantes y obreros, se les habían sumado madres, empleados. Las declaraciones en apoyo a las movilizaciones se sucedían unas a otras. Excepto el reducido círculo de los implicados en el gobierno, el pueblo estaba en lucha.

La CGT de los Argentinos convoca a un paro en todo el país para el 30 de mayo.

Tucumán se había convertido en el mayor foco de la rebelión, durante la noche del 27 de mayo se realizó la manifestación más grande que se haya hecho nunca en la zona. Después de una misa por los caídos oficiada en la iglesia San Gerardo, se organizó una marcha del silencio en dirección a la plaza encabezada por varios sacerdotes. La policía comenzó a reprimir a mansalva y se generalizaron los enfrentamientos que se prolongaron durante todo el día siguiente hasta la madrugada del 29 de mayo cuando Onganía decidió recurrir a  la intervención del ejército, quedando como saldo  de los enfrentamientos, 40 heridos y lesionados, más de 100 detenidos, barricadas por toda la ciudad y la Casa de Gobierno con todos sus vidrios rotos.

Un periodista y una cobertura magnífica: el Cordobazo

Córdoba bajo control del pueblo

Desde los primeros años de resistencia peronista tras el golpe militar fusilador de setiembre de 1955, el movimiento obrero cordobés había dado muestras de ser vanguardia en el desafío al nuevo orden establecido por la oligarquía que no admitía ni la presencia del Justicialismo en la vida política, ni la existencia legal de organizaciones fuertes de la clase trabajadora.

Fue en un Congreso de Regionales de CGT realizado en la ciudad de La Falda en 1957 que surgió el primer gran pronunciamiento de la clase trabajadora en resistencia, un programa que definía con absoluta claridad la necesidad de construir una Patria con plena soberanía e independencia económica como única forma de garantizar la justicia social en general y el respeto a los derechos de la clase trabajadora en particular.

Esa conducta consecuente del movimiento obrero organizado cordobés mantuvo una continuidad ejemplar a lo largo de los 12 años siguientes, lo que permitió que más allá de las diferencias  que ubicaban a los sindicatos en distintas variantes organizativas primára la unidad en la acción para enfrentar las injusticias del régimen.

EL SMATA, conducido por Elpidio Torres venía de una gran experiencia en tomas de fábricas y los acontecimientos posteriores a la asamblea del 14 de mayo habían provocado un salto de conciencia en los trabajadores mecánicos acerca de las formas más efectivas de enfrentar al gobierno de facto. La Unión Tranviarios Automotor liderada por Atilio López, de larga tradición combativa, había demostrado su enorme poder con un contundente paro de transporte realizado el 5 de mayo.

Torres y López, integrantes de la CGT Legalista identificados con el peronismo, convocaron entonces a Agustín Tosco, quien formaba parte de la CGT de los Argentinos  junto a gremialistas con origen en la ortodoxia peronista y contaba además con muy buena relación con los sectores estudiantiles. Entre los tres conformaron el pilar organizativo que daría sustento a una de las acciones populares más trascendentales de la historia nacional.

Todos los sectores del movimiento obrero organizado convocaron a un paro activo de 37 horas que comenzaría a las 11 de la mañana del día 29 de mayo y se completaría con el paro general convocado por las dos CGT para el día 30. Los fundamentos de la medida eran el rechazo a las políticas del gobierno, el reclamo por reivindicaciones puntuales y, esencialmente, la exigencia del fin de la dictadura y la restauración de un gobierno constitucional y democrático.

Es preciso señalar que el Cordobazo no fue para nada una reacción popular espontánea, tuvo la preparación necesaria, siendo evaluado hasta el más mínimo de los detalles para alcanzar el objetivo deseado.

Las agitadas jornadas previas de aquel mayo cruzado por rebeliones populares en la propia Córdoba y en otras ciudades del país, brindaban experiencia suficiente como para estar eficazmente preparados para enfrentar la previsible represión.

No es necesario desarrollar en este texto un detalle acerca de las gloriosas acciones de aquel día, por otra parte ampliamente relatadas en infinidad de publicaciones a lo largo de los últimos 50 años. Las imponentes columnas de obreros mecánicos que marcharon desde el sur hacia el centro de la ciudad partiendo de la fábrica IKA-Renault, las que venían del norte con los trabajadores de Luz y Fuerza, nutriéndose a su paso con trabajadores y trabajadoras de otros gremios. La represión policial que se cobraba la primera víctima, el joven obrero mecánico Máximo Mena.

Los estudiantes tomando el barrio Alberdi como bastión inexpugnable de resistencia, la caballería mostrándose inoperante y el conjunto de las fuerzas policiales abatidas por barricadas, piedras y molotov hasta la virtual rendición, dando paso a la intervención del ejército.

La noche oscura, los francotiradores y una victoria que en definitiva recién sería celebrada al año siguiente con la retirada del dictador Onganía.

Fue un punto de inflexión en la historia social y política de la Argentina reciente

Año 1969… puerta de salida hacia la democracia y el retorno de Juan Perón

Ocurrió hace 50 años y sigue siendo en la actualidad una muestra de lo que nuestra querida Evita señaló con claridad en su último mensaje: “No hay nada que sea más fuerte que un pueblo. Lo único que se necesita es decidirlo a ser justo, libre y soberano. ¿Los procedimientos? Hay mil procedimientos eficaces para vencer: con armas o sin armas, de frente o por la espalda, a la luz del día o a la sombra de la noche, con un gesto de rabia o con una sonrisa, llorando o cantando, por los medios legales o por los medios ilícitos que los mismos imperialismos utilizan en contra de los pueblos. Yo me pregunto: ¿Qué pueden hacer un millón de acorazados, un millón de aviones y un millón de bombas atómicas contra un pueblo que decide sabotear a sus amos hasta conseguir la libertad y la justicia? Frente a la explotación inicua y excecrable, todo es poco. Y cualquier cosa es importante para vencer”.

“Hay una sola cosa invencible en la tierra: la voluntad de los pueblos: No hay ningún pueblo en el mundo que no pueda ser justo, libre y soberano”.

En aquellas jornadas de Mayo, el pueblo argentino hizo en las calles una demostración de poder, manifestando su indeclinable voluntad de ser libre al enfrentar con enorme valentía a las históricas fuerzas de la oligarquía protegidas por las armas de la dictadura militar.

 Ha transcurrido medio siglo desde aquellos heroicos acontecimientos del año 1969, la llama que encendieron esas históricas jornadas siguen vivas e iluminan por estos días las intensas luchas que el pueblo argentino libra contra el salvajismo neoliberal.

Los intereses de la inmensa mayoría del pueblo resultan irreconciliables con los de las eternas minorías del privilegio que siguen hoy definiendo el destino de las mayorías a través de una democracia que se garantiza en las urnas pero no en las decisiones que luego adopta el gobierno que el pueblo ha elegido.

Las enseñanzas de aquellas puebladas siguen vigentes, en esta Argentina brutalmente endeu-dada donde el FMI define las políticas económicas y condiciona las políticas sociales, la Liberación Nacional es aún el desafío pendiente.


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