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OPINIóN / Grieta y coronavirus
lunes 13 julio, 2020

La cuestión simbólica de la clase media porteña

El aprovechamiento discursivo de la clase política para descalificar y dividir.

La posibilidad de contagio al correr, si se mantiene la distancia, es muy baja. Foto: TELAM

Cuando el Ministro de Salud, Ginés González García, reconoció explícitamente que la prohibición de salir a correr en CABA respondía más a una cuestión de imagen y gestualidad que a una sanitaria, terminó por confirmar que detrás de varias de las medidas de “prevención” hay razones de orden político e ideológico. Y que esas razones no sólo responden al margen de discrecionalidad inherente a la administración pública de una crisis como la que estamos viviendo, sino que además se conectan con esquemas clasificatorios desde los que se piensa, idílicamente, el tipo de morfología social que mejor se ajusta a la perspectiva de largo plazo de las fracciones más incidentes del gobierno.

La modulación discursiva de varios de sus referentes salta a la vista e implica un aprovechamiento oportunista en la gestión de la pandemia, para reclasificar, dividir y estigmatizar. En la jerga de Pierre Bourdieu también viene a ser el “insulto”, como parte de la matriz simbólica que define un “ellos” malo, contracara de un “nosotros” bueno. Práctica habitual del oficialismo, al que le resulta indispensable el establecimiento de antinomias, por lo general falsas.

La modulación discursiva salta a la vista e implica un aprovechamiento oportunista en la gestión de la pandemia, para reclasificar, dividir y estigmatiza

¿Descolgadas e inconexas? Para nada. Buena parte de ellas se nutren de repercusiones y residuos de un clasismo que en los años 60' y 70' operó muy fuerte y que condujo, incluso, a la llamada “proletarización” de sus adeptos más consecuentes. Característica imposible de encontrar en sus actuales “hegemones”, acostumbrados a estándares de vida mucho más holgados.

Sin entrar en el despiste teórico de la supuesta determinación de una subjetividad y disposición actitudinal a partir de la pertenencia a una clase social, lo cierto es que sus modestas usinas performativas recurren muy a menudo a la división de la sociedad en identidades artificialmente opuestas; cosa que logra prender en propios y extraños con cierta facilidad y luego deriva en dinámicas agonales de un lado y el otro, que terminan resultando en profecías autocumplidas y validando todos los prejuicios en pugna.

¿Pero qué papel cumplen ahora? Justo cuando se reclama unidad para enfrentar el coronavirus. La respuesta es muy simple: el mismo que siempre y desde el 2008 a rabiar. Ya que se renuncia de antemano a la ardua tarea de articular a los distintos segmentos, pluralistamente, en favor de un modelo económico y social superador al que se instaló con la dictadura, se consolidó con el menemismo (del que muchos fueron funcionarios, empezando por el Presidente) y que desemboca en la “fácil” de importar todo lo que se pueda de China o la potencia productiva y comercial preferente.

Hoy molesta la persistencia polimodal de los sectores medios y la pequeña y mediana burguesía, en especial de CABA

Parece, en tal sentido, convenirles una forma de “dominación” que tiende a asemejarse a la de los viejos conservadores de desenvolvimiento anglófilo y oligocrático, con mayoría de pobres, mucho clientelismo y demasiada prepotencia; para los que la movilidad social ascendente, acorde con la Argentina que se iba industrializando, se convirtió en un verdadero problema.

Así como incomodó la irrupción de los trabajadores sindicalizados de ese momento, para nada afectos al “patronazgo de estancia”, hoy molesta la persistencia polimodal de los sectores medios y la pequeña y mediana burguesía, en especial de CABA; que ya no cuadran en el nuevo “campo nacional y popular” del recorte clasista, como sí lo hacían en la maqueta del peronismo más elaborado.

Por el contrario, los habrían convertido en un nuevo enemigo simbólico para seguir exprimiendo la “grieta”, mientras se cubre la responsabilidad de todas las deficiencias estructurales que quedaron en evidencia con el Covid19; y se los lleva, paulatinamente, más a la condición material de mendicidad y dependencia del Estado asistencialista de país aplastado, que a la de poder aportar con sus variadas actividades e identidades al gran país, pujante y soberano, que nos debemos.  

*Politólogo, docente de la UBA, ex legislador porteño.


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