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OPINIóN
viernes 27 diciembre, 2019

Hacia una constelación de satélites latinoamericanos

Haber discontinuado el Plan satelital en la última gestión de gobierno significó un error estratégico que estamos pagando caro y tenemos la obligación de subsanar.

por Miguel Ángel Pesado

ARSAT Foto: Gentileza del autor
viernes 27 diciembre, 2019

Plan satelital bien concebido en su momento, hoy ha dejado de ocupar el centro de los desarrollos estratégicos del el país. De valiosa importancia hace más de una década, hoy costaría entender ese mismo plan en el escenario de las tecnologías y servicios de telecomunicaciones actuales. Pensar en desarrollar un ARSAT 3 de similares características a las que oportunamente se notificaron a la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) no sólo no aportaría ningún beneficio al país, sino que también insumiría enormes recursos económicos para nuestra magra economía, por lo que habrá que meditar mucho antes de transitar por aventuras que puedan significar un despilfarro de los recursos nacionales destinados a esta industria estratégica.

Esta reflexión no representa una negación al desarrollo satelital argentino, simplemente es un llamado a la necesidad de toma de conciencia en el sentido que para fortalecer la industria satelital habrá que cambiar rápidamente de rumbo y orientar los valiosos recursos humanos y tecnológicos alcanzados hacia otros proyectos satelitales de telecomunicaciones de distintas características a los realizados por  ARSAT en su momento.

El ministro de Ciencia y Tecnología, Roberto Salvarezza, ha expresado en recientes declaraciones que se debe promover las capacidades de creación y transferencia del conocimiento que tiene la Argentina para contribuir al desarrollo de una sociedad más justa. Para ello, señaló, que se apuntará a lograr una articulación con los actores del sistema, promover la federalización de los recursos, potenciar la transferencia científica, tecnológica y la innovación productiva, social y ambiental.

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En este camino resulta indispensable promover el despertar de los profesionales en un nuevo modelo de asociaciones que fortalezcan la ingeniería y las ciencias duras en beneficio del desarrollo de nuevas tecnologías y servicios.

La federalización de la ciencia y la tecnología activando los polos científicos tecnológicos del interior es sustancial para el país. Debemos vincular los centros de ciencia y tecnología del interior con las decisiones tomadas en Buenos Aires.

Los desafíos son enormes y los intereses combinados de los Estados del primer mundo y sus corporaciones, más grandes aún. Las nuevas tecnologías en comunicaciones, se encuentran en desarrollo sostenido en el mundo y se trabaja con una fuerte inversión técnica y profesional;esto no ocurre en los países coloniales, semicoloniales o llamados “emergentes”.

Es ineludible señalar la importancia del desarrollo del plan satelital previsto en la Ley 27.208 “de la industria satelital”. Fue buena la intención política del dictado de esta ley en noviembre de 2015, pero haber discontinuado el Plan satelital en la última gestión de gobierno, con la suspensión de la construcción del ARSAT 3, significó un error estratégico para Argentina que hoy estamos pagando caro y tenemos la obligación de subsanar.

La ley de la industria satelital contiene dos enfoques que no deben perderse de vista, ambos fuertemente relacionados, por un lado el industrialista, apoyado el desarrollo de una producción satelital nacional  proyectada  a mediano y largo plazo sobre la base inicial de los Proyectos ARSAT 1 y 2.

El otro, vinculado a los servicios de telecomunicaciones, es el justificativo principal y el que da sentido a la fabricación delos  ARSAT 1 y 2.

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No podría decidirse la fabricación y puesta en órbita de un satélite de telecomunicaciones por la sola intención de mantener una industria satelital activa. No se puede construir y lanzar un satélite por el satélite mismo y sin una demanda de servicios de telecomunicaciones que lo justifique. 

La falta de alineamiento entre  las dos actividades, industria y servicios de telecomunicaciones, convierten hoy a la ley de la industria satelital más en un obstáculo que en un motor para el desarrollo de la industria satelital.

Como resultado de la situación, el gobierno anterior, ubicado en las antípodas del desarrollo y pensamiento independiente, tomó el rumbo de la dependencia y la destrucción de la empresa pública. Se buscó el congelamiento de la industria y se favoreció el ingreso de satélites extranjeros para proveer servicios de telecomunicaciones satelitales en el país, en franca competencia con nuestros satélites ARSAT 1 y 2 y desactivando la construcción y lanzamiento del ARSAT 3.

Un agravante adicional fue descuidar el patrimonio nacional por una mala gestión en la reserva de las posiciones orbitales. La República Argentina cuenta solamente con dos posiciones orbitales registradas ante la Unión Internacional de Telecomunicaciones, las posiciones de 72° W y 81°W no habiendo sido registrada ninguna nueva posición orbital en más de 10 años a la fecha para futuros satélites, ARSAT 4,5 y 6.

Es probable que hoy ya no pueda hablarse de un ARSAT 3 tal como se lo concibió originalmente, sino que habrá que reformular el proyecto a la luz de las nuevas tecnologías y los nuevos servicios. La era de las constelaciones de satélites de órbita baja y de los sistemas de telecomunicaciones en plataformas de gran altitud (HAPS) están reemplazando a los satélites geoestacionarios rápidamente, ese quizás sea nuestro futuro inmediato en el mundo de los satélites.

Una creciente pérdida de recursos humanos calificados para desarrollos nacionales, una creciente obsolescencia de tecnología y herramientas para la fabricación nacional, una carencia de recursos económicos destinado a nuevos desarrollos y una baja demanda de satélites geoestacionarios de telecomunicaciones de mediano porte, hacen muy dificultosa la recuperación de la industria satelital tal como estaba concebida en las épocas de los ARSAT 1 y 2.

La naciente y pujante industria de los satélites de órbita baja que componen grandes constelaciones de satélites que llegan hasta miles en una sola flota, tal el caso de GPS, Iridium, Globalstar, Oneweb, O3B o Starlink conformando una red espacial interconectada con otras redes terrestres y espaciales fijas y móviles prometen grandes beneficios para la industria satelital y para los servicios de telecomunicaciones.

La constelación de muchos satélites,da sentido a la producción seriada de satélites o de partes de satélites. En una fábrica nacional como INVAP, resultaría mucho más conveniente producir muchos satélites más sencillos, en planes previsibles de fabricación a mediano y largo plazo,en lugar de pocos satélites de elevado costo y más complejos tecnológicamente en el corto plazo, como el caso de los satélites geoestacionarios de telecomunicaciones.

Potencializar y vincular el INVAP en su rol de industria nacional aeroespacial con la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales) en el ámbito del MINCYT -Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación- darían mayor sentido a una industria satelital con mayor contenido de I+D.

Tendríamos que plantearnos la creación de una Agencia Espacial Argentina, similar a la ESA (Agencia Espacial Europea) la que desde luego daría mayor sentido a los nuevos lineamientos expresados por el ministro Roberto Salvarezza.

Esta nueva organización de la industria aeroespacial se encontraría más vinculada al Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación que a ARSAT, dejando a esta última un rol más comercial, que industrial y científico. En tal sentido el perfil para ARSAT sería de operador satelital quizás más como un cliente de la nueva Agencia Espacial,  que un integrador tecnólogo como lo fue anteriormente.

Se debe poner en marcha cuanto antes un proyecto satelital de telecomunicaciones por conveniencia estratégica y económica para el país, realista.

La Justicia Social Tecnológica que plantea el Secretario de Asuntos Estratégicos, Gustavo Béliz, se complementará con la soberanía e independencia tecnológica. Y como el tema es estratégico, debemos indefectiblemente contemplar a la región.

Ampliar nuestros límites del Mercosur hacia el resto de América Latina es central. Proponernos liderar junto a nuestros países hermanos las comunicaciones, la inteligencia artificial, la seguridad informática y las nuevas tecnologías, será ganar una batalla, más importante que la de Ayacucho.


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