OPINIóN

Patentes: la digitalización no reemplaza a la seguridad jurídica

El correcto registro automotor no solo organiza información: protege derechos”, señala el autor y retoma el caso de las patentes con datos falsos.

A partir de marzo, Patentes comenzará a pagarse todos los meses.
A partir de marzo, Patentes comenzará a pagarse todos los meses. | reperfilar.

En los últimos días se conoció una noticia que generó preocupación en Europa: más de un millón de autos ilegales circulan hoy en Francia como consecuencia de un fraude masivo en el sistema de matriculación vehicular. Según una auditoría estatal, el problema se originó tras la digitalización del sistema registral, que permitió el acceso directo al registro a actores privados y debilitó controles que antes ejercía el Estado.

El resultado fue la aparición de empresas fantasma, vehículos registrados con datos falsos y una pérdida fiscal estimada en más de 550 millones de euros. Más allá del impacto económico, el caso revela un problema aún más profundo: cuando el sistema que garantiza la titularidad de un vehículo pierde confiabilidad, también se debilitan la seguridad jurídica, la prevención del delito y la capacidad del Estado para controlar el mercado automotor.

La digitalización es, sin duda, un proceso necesario. Nadie discute que la tecnología puede aportar agilidad, transparencia y eficiencia a los trámites. De hecho, la sociedad demanda cada vez más procesos simples y rápidos.

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Pero hay una diferencia fundamental entre digitalizar procesos y debilitar los controles institucionales que garantizan la seguridad jurídica. El registro automotor no es simplemente un trámite administrativo. Es el mecanismo a través del cual se constituye la propiedad de un vehículo. En sistemas como el argentino, la titularidad no se prueba con un documento privado ni con la posesión
material del bien: se constituye jurídicamente con su inscripción en el registro.

Esa arquitectura institucional tiene una razón de ser clara: proteger el derecho de propiedad, evitar fraudes y garantizar que cada vehículo pueda ser identificado de manera fehaciente dentro del sistema legal.

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Cuando ese esquema se debilita o se fragmenta, aparecen riesgos conocidos: vehículos robados que se reinsertan en el mercado, autos que cambian de jurisdicción para evitar controles o registros adulterados.

Por eso, los procesos de modernización deben partir de una premisa central: la tecnología es una herramienta, no un reemplazo del sistema institucional que garantiza la seguridad jurídica.

La experiencia internacional muestra que los sistemas registrales más sólidos combinan tecnología con responsabilidad institucional. La digitalización puede acelerar procesos y mejorar la trazabilidad de las operaciones, pero siempre debe estar respaldada por
controles públicos.

En el caso del régimen jurídico automotor argentino existe una característica clave: el sistema funciona bajo una lógica de ventanilla única, nacional para todo lo relacionado con la titularidad y circulación de vehículos. Esto permite evitar la fragmentación del control y garantiza que las operaciones se realicen bajo un marco jurídico uniforme.

La tarea de los registradores —profesionales responsables de las oficinas registrales— no consiste solamente en procesar documentación. Su función central es verificar la legalidad de las operaciones, prevenir fraudes y preservar la confiabilidad del sistema.

En otras palabras, el registro automotor no solo organiza información: protege derechos.

Por supuesto, todo sistema es perfectible. Siempre hay aspectos que deben revisarse, simplificarse o modernizarse. Pero el objetivo de esas reformas debe ser mejorar el sistema sin debilitar sus garantías.

La experiencia francesa muestra con claridad qué ocurre cuando la modernización se concentra únicamente en la velocidad del trámite y pierde de vista el objetivo central del sistema: garantizar la seguridad jurídica.

Digitalizar no es eliminar controles. Modernizar no es prescindir de la institucionalidad.

La verdadera innovación consiste en utilizar la tecnología para fortalecer el sistema, no para reemplazarlo.

Cuando el registro deja de ser confiable, el problema deja de ser administrativo. Es un problema de seguridad jurídica.