20 oct 2020
OPINIóN |Aniversario de su asesinato
viernes 25 septiembre, 2020

Rucci no. Montoneros sí.

Recordatorio por el fallecimiento del dirigente sindical y la negativa del bloque de diputados K de homenajear a Rucci.

Sergio Bufano*

Imagen icónica: El primer regreso de Perón después de 17 años en el exilio. Foto: Cedoc Perfil

Recientemente el bloque de diputados kirchneristas de la Provincia de Buenos Aires rechazó la realización de un homenaje a José Rucci, secretario general de la CGT asesinado en 1973 por Montoneros. Es notable  que quienes se reivindican peronistas adopten una decisión de esa naturaleza, porque después del golpe de Estado de 1955 y de la proscripción de Juan Domingo Perón durante 18 años, ese crimen fue un acto directo contra Perón. Para utilizar un lamentable vocablo común al peronismo para designar a quien no es peronista, aquel atentado fue el más “gorila” de los crímenes. Rucci era un peronista leal a su líder  que luchó denodadamente para su regreso del exilio y para la campaña política que lo llevó a la tercera Presidencia de la Nación. Nada ni nadie puede compararse con su fidelidad al Justicialismo y al general. Al negarse a homenajear al dirigente sindical, los legisladores de la provincia han demostrado su vocación “gorila”, profundamente antiperonista. Si Perón se levantara de su tumba, imagino la desilusión que le provocarían sus seguidores. La negativa de los diputados provinciales coincidió (¿coincidió?) con una solicitada firmada por alrededor de 700 personas que reivindicaban a los montoneros. Qué notable. ¿Sabrán los firmantes lo que dijo Perón para definir a los asesinos de Rucci, que naturalmente incluye a los que firmaron la solicitada que encabeza Firmenich? Perón los definió como “infiltrados, trasnochados, exógenos, hipócritas, estúpidos que pretenden usar y abusar de la camiseta”. Así los llamó en aquel momento y así, me animo a presumir, los llamaría ahora.

Diputados kirchneristas de la Provincia de Buenos Aires rechazaron la realización de un homenaje a José Rucci,

Fue precisamente el Presidente Perón el primero en comparar a Montoneros con los “gorilas” de 1955. Refiriéndose a los intentos por destruir al peronismo, dijo el 8 de noviembre de 1973: “Primero con fusilamientos y masacres […] frente a la inutilidad de ese procedimiento, se intentó asimilarnos a otras fuerzas políticas a fin de absorbernos. Tampoco resultó ese camino […] Yo me pregunto: ¿cómo se intenta hoy conseguir lo que no consiguieron durante veinte años de lucha? Hay un nuevo procedimiento: el de la infiltración”. La analogía entre los militares golpistas de 1955 y los que creían que era posible alcanzar “la liberación” colocándose la camiseta peronista es tan evidente que sobran los comentarios. El crimen de Rucci, la negativa de los legisladores a homenajearlo y la actual reivindicación de sus ejecutores en el “Día del Montonero” reflejan la difusa ideología de un movimiento incomprensible para los analistas de cualquier país del planeta. Puede ser admirador de Fidel Castro y la Cuba comunista, atrevidamente “neoliberal” como lo fue en los noventa,  reivindicador del chavismo a partir del 2003 y atropellador de las instituciones democráticas como ocurre en estos días, en donde la Justicia se ve acosada por el embate de aquellos que “van por todo”.

Cómo recibió Perón la noticia del asesinato de Rucci, hace 40 años

Un párrafo aparte merece el Presidente de la Nación, Alberto Fernández, que ha elogiado desmesuradamente a sindicalistas vinculados con redes mafiosas, clubes de fútbol y acciones violentas, personajes millonarios que viven con lujo en un país cada vez más pobre. Para quienes son jóvenes y desconocen aspectos importantes de la historia reciente de Argentina, conviene recordarles que en los setenta hubo dos dirigentes sindicales de ideas antagónicas: José Rucci y Agustín Tosco. Más allá de que cada uno representaba un modelo de país diferente, más allá de las célebres disputas públicas acerca del papel que debían jugar los sindicatos y de los métodos democráticos o autoritarios que correspondían aplicar en los gremios, más allá de eso, hubo algo que los igualó: ambos eran decentes. Vivieron modestamente y murieron sin dejar las fortunas que heredarán las viudas de los actuales jerarcas, a quienes hoy se los halaga como si fueran un modelo a seguir y se los protege de una Justicia débil, inoperante, que de actuar como es su obligación, debería condenarlos por sus acciones.        

*Escritor y periodista.


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