jueves 18 de agosto de 2022
OPINIóN Pandemia y encierro

Salir de la cárcel

Al bajar de un viaje, con lluvia y muy movido, sentí que un carcelero me abría una puerta y me decía: "Señora puede salir, está en libertad".

Después de estar un año y ocho meses encerrada en el living de mi casa donde había puesto la computadora, los libros y todo lo de gimnasia para desarrollar allí mis actividades, en octubre del 2021, decidí partir para Uruguay. O dicho de otro modo, más que partir, huir. Al bajar de un viaje, con lluvia y muy movido, sentí que un carcelero me abría una puerta y me decía: "Señora puede salir, está en libertad".

Creo que durante el encierro no me daba cuenta del deterioro que producía esa situación, no sólo a mí sino a todas las personas. En realidad, creo que no me di cuenta porque me organicé de tal manera que lo bancaba bastante bien, trabajaba mucho. Lograba estar muy bien conmigo misma. Por supuesto que extrañaba porque la comunicación con mis hijos, con mis nietos y con mis amigos era sólo a través del teléfono o por algún medio de internet. Por mi estructura, siempre enfrento las tormentas, a veces haciéndome la valiente y recién después que aclara me doy cuenta del temor que sentí.

Esto me hace acordar que cuando era chica y montaba a pelo o sea sin montura, si se me desbocaba el caballo sorteaba la situación muy bien, pero una vez abajo las piernas me empezaban a temblar.

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La cuarentena provocó muchas marchas en contra.

Estaba feliz de estar en Uruguay creo que no me había dado cuenta lo encerrada que me sentía y lo que el encierro le exigía a mi cabeza. Realmente esta pandemia nos tocó a todos de una u otra forma, aún a los privilegiados como yo, con casa, comida y abrigo.

En el encierro me estaba secando y a los pocos días de llegar al país hermano tuve la sensación de haberme sacado 20 años de encima. Vengo de una familia entrerriana, de Concordia. Mi madre de chica cruzaba al Conservatorio de Música en el Salto Uruguayo. Los entrerrianos y los uruguayos son muy parecidos por que el vínculo entre ellos era y es muy cercano.

Creo que el coronavirus fue común para todo el mundo; sin embargo, la forma de enfrentar a la pandemia en nuestro país fue muy distinta. Tuvo un costo psicológico, de salud, económico y social de gran magnitud.

Lo que sentí al salir de la cárcel fue no sólo una cárcel de la pandemia, sino la cárcel en la que estamos metidos los ciudadanos de mi país. Llegó la pandemia y nos encerraron a nosotros como culpables de algo y dejaron en libertad a los verdaderos culpables de delitos que estaban en la cárcel.

En lugar de dar planes trabajar hay que trabajar en un plan

Era tal la confusión en la que entramos y el miedo que nos metían, que no nos permitía pensar inteligentemente, lo cual nos llevó a una parálisis que nos impidió el movimiento y, por ende, el pensamiento. Parálisis que nos tiene hasta ahora, absortos, expectantes, asustados, como sobre un suelo movedizo, que no nos permite ver con claridad cómo y a dónde dirigirnos, o hacia donde nos dirigen.

Los que me representan en este momento histórico son Alberto Fernández y Cristina Kirchner sin embargo no siento nada en común con ellos. A decir verdad, si tuviera que votar hoy, nuevamente, tampoco encuentro quién me represente.

Pero hoy, quienes me representan son el gobierno actual. Ahora bien, lo que siento que me resulta casi insoportable es sentir humillación, sentir vergüenza ajena cuando los escucho y lo peor es sentir que todo el mundo se ríe de ellos. En realidad, siento que nos humillan a todos y a cada uno de nosotros.

Son la cara visible de nuestro pueblo, de todos y de cada uno en particular. Trae una profunda tristeza la poca protección que tenemos como ciudadanos.

Las injusticias nunca son sin consecuencias

Por mi profesión escucho como se mortifica a la tercera edad porque no se la respeta ni en el cruce de la calle, ni en los trámites, ni en la atención en las instituciones, etc.  Citando el artículo “¿Por qué la guerra?, a partir del intercambio epistolar entre Einstein y Freud, Freud dijo en su carta: (…) una prevención segura de las guerras sólo es posible si los hombres acuerdan la institución de una violencia central encargada de entender en todos los conflictos de intereses. Evidentemente, se reúnen aquí dos exigencias: que se cree una instancia superior de esa índole y que se le otorgue el poder requerido

Volviendo a nuestro querido país creo que hay que barajar y dar de nuevo en el sentido de abrir los ojos, estar muy atentos para no naturalizar el maltrato, la falta de libertad, la falta de respeto, el descuido de nuestros niños, etc.

Interpretando a Freud creo que la única forma de salir de esta encrucijada es que todos los que pertenecemos a este pueblo nos dediquemos con ahínco a formar instituciones fuertes, poner el cuerpo para que las que ya están formadas se fortalezcan. Solo ellas  pueden cuidarnos, hacer de guardias y poner freno a este desorden.