OPINIóN
Roles proverbiales

Triunfo de las mujeres

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Xiomara Castro. La hondureña es la única presidenta que queda en la región. | cedoc

La victoria de Xiomara Castro en las recientes elecciones hondureñas vuelve a traer a la mesa el debate sobre la participación política de las mujeres en América Latina. ¿Se puede hablar de un triunfo de las mujeres o de accesos excepcionales a una estructura de participación política que nos excluye?

Castro es hoy la única presidenta de la región, cuando hace una década, por ejemplo, se tenía a Fernández, Rousseff, y Bachelet presidiendo tres de las economías más dinámicas de América Latina. Del mismo modo, actualmente la participación de mujeres en gabinetes ministeriales es baja. Según el mapa de la Unión Interparlamentaria (UIP) y ONU Mujeres, al 1° de enero del 2021, Argentina, Brasil y Chile no llegan al 30% de mujeres ministras. La participación en los Parlamentos no es mejor, pese a la creciente aplicación de las leyes de cuotas o la aplicación del principio de paridad: solo cinco democracias de la región superan el 35% de mujeres legisladoras. Algunos podrían incluso minimizar el triunfo de Xiomara Castro en la medida en que su carrera política se visibilizó cuando encabezó la defensa de su esposo, el presidente Manuel Zelaya, víctima de un golpe de Estado en 2009.

¿Avance, entonces? Sí. El triunfo de Xiomara Castro sigue siendo un legítimo y nada accidental triunfo de las mujeres porque, además, ha postulado con una agenda netamente feminista. En un país de violencia patriarcal extrema, con una crisis inacabable de feminicidios, y donde el aborto es penalizado sin importar su motivación, Castro defendió como candidata una serie de agendas que incluyen la equidad de género, el respeto a la diversidad sexual, así como prometió desarraigar la cultura patriarcal.

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También debe decirse que no se debería invalidar las rutas tomadas por las mujeres en la carrera política en un sistema que las invisibiliza y marginaliza. Por ejemplo, Mirtha Vásquez, la actual primera ministra del Perú: abogada ambientalista, estigmatizada por su defensa de sectores campesinos frente a la minería, ganó un escaño en las elecciones para completar el mandato de un Congreso disuelto. En la siguiente crisis, motivada por un golpe parlamentario contra Martín Vizcarra, y ante una revuelta popular que motivó la abdicación de los golpistas, Vásquez terminó asumiendo la presidencia del Congreso: un papel políticamente suicida en una institución fracturada y deslegitimada y que –sin embargo–, enfrentó con gran solvencia. Hoy, Vásquez es primera ministra de un presidente con profundas limitaciones de manejo político. Su rol es el de proporcionar confianza a los actores políticos y económicos, la de darle estructura a líderes desestructurados: administrar –en buena cuenta– una crisis tras otra.

Xiomara Castro y Mirtha Vásquez ilustran roles proverbiales: la mujer que resuelve problemas causados por los hombres, que toma un papel de liderazgo para una comunidad quebrada; pero son también paradigmas de mujeres que utilizan todos los instrumentos posibles en situaciones de extrema exclusión. Seguiremos viendo estas rutas estratégicas en la medida en que continúen esas exclusiones: la doble o triple explotación, el manejo excluyente de las cúpulas partidarias y la presencia cada vez más organizada de opciones políticas misóginas.

Mucho es, entonces, lo que hay que seguir empujando. Como analistas del proceso político, se supone que deberíamos moderar nuestros entusiasmos, pero lo hacemos y, aun así, es innegable que el de Xiomara Castro es un triunfo feminista. Y del mismo modo, pese a la estructura de participación política excluyente, el caso de Vásquez no hace más que afirmar que la representación de las mujeres en espacios de decisión política también importa.

*MPA’17, Cornell University y @RedPolitologas #NoSinMujeres