OPINIóN
Propuesta multisectorial

Una IA que el país comprenda y sirva para ayudar

"¿Quién decide en la Argentina cómo vamos a convivir con la inteligencia artificial?”, se preguntan los autores y agregan: “el poder tecnológico se está concentrado en pocas manos; las personas corremos el riesgo de quedar reducidas a simples fuentes de datos”.

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Malvinas: Reino Unido sube la tensión y Elon Musk hace negocios. | cedoc

Esta columna la firmamos nosotros dos, pero la pregunta que la origina ya dejó de ser solo nuestra. En pocas semanas, más de 40 personas de distintas provincias, universidades, empresas y organizaciones sociales se sumaron al documento que estamos impulsando. Y todos, de una manera u otra, nos encontramos frente a la misma inquietud: ¿quién está decidiendo en la Argentina cómo vamos a convivir con la inteligencia artificial?

La respuesta, por ahora, no es sencilla. En buena medida, estamos dejando que otros decidan por nosotros. Y eso no es un detalle menor. Un país que no participa de las decisiones sobre una tecnología que va a transformar profundamente su economía, su educación, su trabajo y su vida cotidiana corre el riesgo de terminar utilizando herramientas diseñadas en otros lugares, bajo reglas pensadas para otras realidades y, muchas veces, para otros intereses.

No creemos que este sea un asunto que deba quedar encerrado en un laboratorio, en una empresa tecnológica o en un despacho ministerial. Tampoco es solamente una discusión para especialistas. Hay preguntas muy concretas que ya están golpeando nuestra vida cotidiana.

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¿Qué lugar tendrá el trabajo de una persona cuando una máquina pueda hacer lo mismo en mucho menos tiempo? ¿Qué vamos a entender por verdad cuando producir una imagen, un audio o una información falsa esté al alcance de cualquiera? ¿Qué ocurre con nuestra libertad cuando nuestros datos se convierten en la materia prima de negocios que nosotros no elegimos?

El Papa León XIV plantea esta preocupación de manera clara en su encíclica Magnifica Humanitas, retomando también una línea de reflexión que ya había desarrollado el Papa Francisco en Antiqua et Nova. La cuestión tecnológica, en definitiva, no puede separarse de la cuestión humana. Porque detrás de cada avance hay personas, comunidades, derechos, oportunidades y también riesgos.

Desde esa convicción, Fundación ArgenIA e INARIA impulsamos el Manifiesto de la comunidad académica, científica y tecnológica argentina. Queremos entregárselo personalmente al Papa León XIV durante su visita al país prevista para noviembre.

Pero hay algo que queremos dejar muy claro: no pretendemos llevarle al Papa un problema para que la Iglesia lo resuelva. Sería absurdo. Lo que queremos es compartir una preocupación y, al mismo tiempo, abrir un diálogo.

Estamos convencidos de que un cambio de esta magnitud no puede ser abordado por un solo sector. Ni la ciencia por sí sola, ni la industria, ni el Estado, ni las universidades, ni las organizaciones sociales, ni siquiera la Iglesia pueden afrontar aisladamente una transformación que atraviesa a toda la sociedad.

El poder tecnológico se está concentrando en pocas manos. Las personas corremos el riesgo de quedar reducidas a simples fuentes de datos. El mundo del trabajo está obligado a adaptarse a una velocidad que no siempre puede acompañar. Y en la Argentina tenemos, además, una brecha tecnológica que ya no puede ser considerada solamente un problema de infraestructura o de acceso.

La soberanía que sí podemos pagar

También está en juego nuestra capacidad de decidir. Sin embargo, sería injusto mirar solamente el lado problemático de esta transformación. La inteligencia artificial puede convertirse también en una herramienta extraordinaria para ampliar oportunidades.

Puede contribuir a mejorar el acceso a la educación y a la salud en lugares donde hoy existen grandes dificultades. Puede ayudar a detectar situaciones de vulnerabilidad social, aportar nuevas herramientas para enfrentar la discriminación y ofrecer recursos para abordar problemas vinculados con la emergencia climática.

Por eso, quienes impulsamos este documento no queremos frenar la inteligencia artificial. Queremos algo diferente: que la Argentina tenga la capacidad de comprenderla, utilizarla y, fundamentalmente, participar en las decisiones sobre el modo en que esa tecnología va a incorporarse a nuestra sociedad.

La propuesta que estamos impulsando es la creación de un espacio permanente, plural, multisectorial y federal, en el que puedan participar universidades, centros de investigación, empresas tecnológicas, organismos del Estado, instituciones religiosas y organizaciones de la sociedad civil de todo el país.

No pensamos en otra mesa más para elaborar diagnósticos que después quedan archivados. Argentina ya tiene suficientes documentos y declaraciones de buenas intenciones. Pensamos en un espacio que pueda asumir responsabilidades concretas, distribuir tareas, establecer objetivos verificables y fijar plazos que permitan saber qué se hizo y qué quedó pendiente.

En muy poco tiempo se sumaron rectores y decanos de universidades públicas y privadas, empresarios vinculados con la tecnología, investigadores, representantes del sector cooperativo y dirigentes de distintas provincias. Esa diversidad nos muestra que la preocupación existe mucho más allá de un grupo de instituciones o de especialistas. El humanismo tecnológico no debería ser la bandera de un sector. Es una conversación que necesita involucrar al país entero.

Cada nueva adhesión al manifiesto tiene, para nosotros, un significado que va más allá de una firma. Es la confirmación de que existe voluntad de sentarnos a hablar sobre algo que, hasta hace poco, parecía reservado exclusivamente a los expertos.La convocatoria continúa abierta y seguirá abierta hasta la entrega formal del documento. Pero la fecha de esa entrega es apenas un punto de partida.

Vamos a pedirle personalmente al Papa León XIV su bendición para este camino que iniciamos.

*director del Instituto Argentino de Inteligencia Artificial (INARIA)
** presidente de la Fundación ArgenIA