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Miguel Ángel Broda analiza las variables a tener en cuenta en el post-coronavirus

El economista analizó sobre las perspectivas económicas que tiene la Argentina camino a la posible salida de la cuarentena por coronavirus.

ENTREVISTA FONTEVECCHIA BRODA 2020 04 17
ENTREVISTA FONTEVECCHIA BRODA 2020 04 17 | NESTOR GRASSI

—¿Cómo será la salida de la situación del coronavirus?

—No lo sé. Solamente en abril creemos que el déficit primario va a estar entre 5 y 6 puntos del PBI, solamente en el momento álgido. Esta crisis muestra el costo de ser anormal. Más allá de que las crisis sean una oportunidad, lo más probable es que vayamos hacia mayores controles y congelamientos, que se continúe la línea histórica. Pero también hay una pequeña probabilidad –pequeña, pero más alta que antes–, de hacer un programa de unidad de crecimiento, volvernos normales, ser como los vecinos. A la corta o a la larga tenemos que transformarnos en estables y tener una estrategia para crecer. Los economistas solemos preguntarnos cómo se llegó en otros lados a una situación como esta. Pero la de Argentina es una tragedia inédita, no hay país que haya tenido estas características de decadencia, estancamiento. En eso somos únicos, y hay que cambiarlo. Probablemente la crisis ayude a esa transformación.

—Usted mencionó el plan económico de José Ber Gelbard y Carlos Leyba. Leyba dice que la caída de Argentina lleva 45 años, que comenzó en 1975. Mauricio Macri hablaba de 75 años, a partir de 1945. Usted dijo que son cien los años.

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—Hablo de cien años porque al final del siglo XIX nosotros estábamos entre los cinco o seis PBI per cápita mayores del mundo. A los pocos años, se hizo una encuesta de cómo iba a ser el mundo en el año 2000, que dio que Argentina iba a tener el segundo PBI per cápita del mundo. Pensar en eso primero es una gran tristeza y segundo nos enseña sobre el riesgo de hacer pronósticos de largo plazo. A mí me gusta más empezar antes de lo que mi amigo Carlos Leyba anuncia porque, entre otras cosas, aún en esa alternativa de 45 años, lo que causó el Rodrigazo fue el Plan Gelbard. El Rodrigazo fue una corrección de los desajustes que habían generado ese congelamiento y ese esfuerzo de controlar. Pero independientemente de cuándo se comienza, Leyba y yo tenemos sensaciones idénticas sobre la decadencia. El problema es que la metodología o el cómo salir de la decadencia es completamente diferente. La decadencia viene de largo plazo. Fíjese, aun tomando desde 1950, la interpretación más parecida a la del señor Macri, si hubiéramos crecido como Latinoamérica y Chile, considerando que Latinoamérica es la región del mundo que menos crece, tendríamos un PBI per cápita de más del doble. Si hubiéramos crecido como el mundo, tendríamos un PBI per cápita de tres veces el que tenemos. Si hubiéramos crecido como los tigres asiáticos, tendríamos exactamente diez veces el que tenemos. Es una larga historia de frustraciones. Uno puede discutir cuándo empieza. Personalmente, estoy mucho más cerca de la interpretación de Mauricio Macri que de la de Carlos Leyba pero la verdad es que hoy lo que tenemos que ver es cómo salimos de esta decadencia. Hace diez años que no crecemos y el Fondo hace un pronóstico de largo plazo en el que la tasa de crecimiento no es uno y medio. Argentina no es viable si no cambia. Si no se produce la transformación, en cualquier simulación de veinte o treinta años por delante, la pobreza y la marginación estallan. Estamos en un punto de inflexión. Cada uno tiene su receta. Mi interpretación, que no es unánime en los intelectuales, es que sin estabilidad no vamos a crecer. La inestabilidad genera conflictos de todo tipo. Tenemos mayor tolerancia a la decadencia que cualquier otro país. Australia en 1970 era el quinto PBI per cápita, en el 80 era el décimo, en el 89 era el decimoquinto. En ese momento, dijeron basta. Nosotros pasamos de ser uno de los mejores países del mundo en términos del PBI a una posición entre el cuadragésimo y el sexagésimo lugar. Sin embargo, la sociedad no dice basta. No reclama por un plan de crecimiento. Pero sí pudieron cambiar Perú, Colombia, Chile, Uruguay... Un argentino va a Paraguay y se asombra del progreso de Asunción. Nuestro retraso es inaudito. Podemos discutir si empezó después del Rodrigazo, o en los 50, o cuando vino Perón, o después de la gran depresión, que no nos afectó demasiado. Pero el negocio de gran orden es discutir cómo se sale.

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—Su amigo Leyba plantea un acuerdo económico y social para salir. El presidente Alberto Fernández, el domingo pasado en Perfil, habló de un plan Marshall necesario después del coronavirus. ¿Cuál es su receta para romper ese ciclo de decadencia?

—Es muy simple. Hay que ir a la estabilidad y copiar todo lo que hicieron los que salieron de la decadencia. O todos los que eran pobres y están creciendo. Todos los países que son viables en el mundo. A nadie le interesa Argentina. Vuelvo a repetir: Perú colocó a 2,38 de tasa anual. ¡Perú! El logro de la estabilidad macro es precondición para empezar a crecer como el resto del mundo. Milagros no va a haber nunca, pero crecer como el resto del mundo hoy es un objetivo inalcanzable para Argentina. Todos los vecinos tienen tasa de inflación del 3% y tasa de interés del 4% o 5%. Tenemos que tomar conciencia de nuestra excepcionalidad. Quien gane las elecciones va a imponer su método para salir de la decadencia. Pero en la última campaña electoral pudo observarse que no hubo un intercambio de ideas sobre cómo salimos. En países del mundo que cayeron mucho menos que nosotros, la sociedad reaccionó mucho más rápido. Seguramente, el virus del populismo nos afectó a todos. Tenemos una gran tasa de contagio.

—Usted estudió en la Escuela de Chicago. El actual ministro de Economía de Brasil, Paulo Guedes, también. Brasil es un país que usted conoce bien, porque vivió allí. Me llamó la atención que no lo nombrara en la enumeración en la que incluyó a nuestros vecinos. ¿Brasil también es “excepcional” como Argentina?

—No. Brasil es institucionalmente más fuerte y tiene una macro mejor. Obviamente, en este momento tiene conflictos políticos. Algunos de los ministros fueron alumnos míos cuando estuve a cargo del curso de doctorado de la Universidad de San Pablo. Di clase allá y aquí. En Brasil, los mejores o son ministros o son banqueros. Son líderes, llegan. Acá, a veces usted encuentra al mejor alumno de hace treinta años vendiendo teléfonos móviles o manejando un taxi. No pongo a Brasil en el mismo nivel de Perú o de Chile. Y tampoco estoy seguro de que muchas de las reformas de un equipo económico envidiable como es el de Pablo Guedes probablemente no se pudieran hacer en la Argentina. Porque nosotros no tenemos un Parlamento reformista como el de Brasil. Obviamente, cuenta con los problemas que tiene su presidente y por lo tanto no es una apuesta segura que Brasil crezca. En la encuesta que se realiza sobre 75 economistas y bancos de inversión, hace cuatro semanas se esperaba que el crecimiento de Brasil fuera del 2%. En la del viernes pasado es del -2% y mi pronóstico es que van a caer un 5%.

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