domingo 02 de octubre de 2022
PERIODISMO PURO REPORTAJE

Marcelo Longobardi: "En el colegio secundario padecí bullying y me convertí en un demonio"

El periodista habló de cómo fue su adolescencia, y contó que fue a un colegio donde había discriminación. "Me pasaron cosas espantosas", dijo.

15-11-2021 00:30

—¿Cómo fue tu adolescencia?
—Dura. Mi padre no tuvo trabajo por años y me empezó a ir muy mal en el colegio.

—Fuiste a un colegio salesiano...
—Fui al Colegio Don Bosco, donde había mucha discriminación. Lo racionalicé tiempo después, pero sufrí el bullying. Me pasaron cosas espantosas.

—¿Seguís siendo agnóstico?
—Agnóstico total, sí. El primer ejemplo de bullying es si jugabas bien o mal al fútbol. Los curas salesianos dividían el colegio en dos: los que jugaban bien al fútbol y los que no. Compartía una mesa en el almuerzo, donde te tomaban muy en joda por tu físico. Mis orejas, por ejemplo. Me sentí maltratado, pero nunca lo dije. Muchos años después, descubro en Radio 10 al tipo que peor me trató en el colegio. Él era un empleado, yo era una persona conocida. Me dice: “¿Te acordás de mí, Marcelo? Sos un capo. Te quiero mucho”. Y yo digo: este hijo de remil putas era el que me hacía bullying. Bullying mal. Me iba llorando del colegio.

—¿Era mayor?
—Tenía tres o cuatro años más que yo. Se lo conté a Daniel Hadad y me preguntó si quería que lo echara. Le dije que no. Pero nunca me voy a olvidar del reencuentro con ese sujeto. La pasé tan mal que me volví un demonio.

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—¿En qué año te echaron del colegio?
—Tercero.

—¿Por amonestaciones?
—Por hacerme la rata, falsificar la firma de mi papá, no estudiar.

—¿Eso determinó tu vínculo con la responsabilidad?
—Dos días después había conseguido un trabajo y era cadete de una pequeña empresa, Taylor y Compañía. Se dedicaban a la importación de productos químicos. Eran estrictísimos. Yo todavía recuerdo el escritorio de la señora Bosch, con los papeles simétricos, y recuerdo las costumbres del señor Taylor. Un elegantísimo señor inglés que vivía en Belgrano. El tipo era impecable, educadísimo, muy distante, pero aprendí mucho de mirarlos. Eran gente dura y autoritaria. La señora Bosch para mí era como la personificación de la Gestapo. Entonces, ahí trabajé un par de años y aprendí mucho. Era cadete, tenía 15 años. Hace unos años tuve que ir a una escribanía a firmar unos papeles, a la calle Tucumán y Reconquista. En Reconquista 533 fue mi primer trabajo. Voy a la escribanía. Como había llegado antes, me dije: “Voy a ver”, como hice una vez desde acá porque mirando desde tu ventana vi la casa de mis abuelos en La Boca. Entré y había una recepcionista en el edificio. Pregunté si la empresa seguía y me dijeron que sí, que Taylor había muerto, pero la señora Bosch y otros miembros de la empresa todavía vivían. “Vienen menos, vio, porque están grandes, pero todavía vienen”. El portero me preguntó: “¿Usted es Longobardi? Porque dicen que usted trabajó en este edificio”. Voy a la escribanía. Cuando salgo de la escribanía, en el momento que salgo, piso la vereda y pum, me choco con un tipo, con un señor morocho grandote. Me dice: “¡Marcelo!”. “Sí, soy yo. ¿Usted quién es?”. “Soy el contador Capurro. ¿No se acuerda de mí?”. “No”, le digo... “Yo soy el contador de la señora Bosch y del señor Taylor. Soy la persona que lo contrató cuando usted pidió empleo a los 15 años”. “¡Uh! señor Capurro, qué gusto...”. Entonces, saca la billetera del bolsillo y tenía mi ficha de empleo de hace 45 años.

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—Sentía que había descubierto a Messi.
—Le pregunté qué hacía con eso en la billetera. “Se lo muestro a mis nietos”, fue su respuesta. Fue la cosa más asombrosa que me pasó en la vida. Después no pude volver a verlos y me arrepentí. Un día de estos voy a buscar al contador Caputo.

—Mientras tenías al señor Taylor, a la señora Bosch, tus compañeros seguían en el colegio y jugaban al fútbol.
—Me desconecté de ellos.

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