20 oct 2020
PERIODISMO PURO |Periodismo Puro/Entrevista
martes 29 septiembre, 2020

Sebastián Galiani con Jorge Fontevecchia: "Argentina está generando una situación muy similar a la previa del Rodrigazo"

El viceministro de Hacienda de Nicolás Dujovne, Sebastián Galiani, entrevistado por Jorge Fontevecchia, dijo que la gestión del gobierno durante la pandemia fue muy mala. No se preservó la economía y los resultados sanitarios no son satisfactorios

reportaje de Jorge Fontevecchia a Sebastián Galiani. Foto: Nestor Grassi

—Fuiste viceministro de Hacienda de Nicolás Dujovne hasta 2018.  Vos renunciaste y él siguió un año más. ¿Tuvo algo que ver el nuevo estilo de relación con el Fondo Monetario Internacional que se dio en ese momento?

—No, no tuvo nada que ver. Vivía en Estados Unidos, tengo dos hijos que nacieron acá, que son chicos. Un día hacia fines de diciembre me llamó Nicolás, a quien conocía de la universidad, me pidió que vaya a ayudarlo con la reforma tributaria y con la parte técnica. Me comprometí a ir por un año. Le pedí permiso a mis hijos, ellos me lo dieron y quedó mi esposa con mis hijos solos acá. Llegando a octubre o diciembre no era claro cuándo se iba a aprobar las reformas tributaria y previsional en las que yo había trabajado. Acepté quedarme unos meses más, pero mi salida se anunció a la prensa en marzo del 2018, mucho antes de nuevos acuerdos. Me hubiese gustado quedarme más. De hecho, contrario a la hipótesis, cuando se volvió a negociar con el Fondo y Guido Sandleris pasó al Banco Central, Dujovne me invitó a volver. En ese momento, intenté regresar, pero la universidad no me dio permiso, porque ya había agotado el tiempo de licencia permitido. Debía pasar un año entero para que pueda volver.

—Sobre lo sucedido en ese agosto dijiste que fue un over shooting. “No se necesitaba esa devolución real, pero luego la política monetaria tendió a convalidar ese salto nominal e ir subiendo las bandas cambiarias a 2% por mes”. ¿Podríamos decir que 2018 fue el año en que desbarrancó el proyecto económico de Mauricio Macri desbarrancó?

—No voy a escaparle a las críticas y a las autocríticas, pero el gobierno de Mauricio Macri tenía el horizonte muy bien enfocado y heredó una situación económica muy difícil. Hizo muchas cosas que están bien. También tuvo, como cualquier gobierno, ciertos errores, ciertas desavenencias dentro del equipo. Eso se reflejó veces a lo largo de la gestión. Argentina está siempre en la cornisa, el estado está siempre al borde de la insolvencia. Entonces, los errores son mucho más caros. La verdad es que cualquier equipo de gobierno tiene aciertos y errores a lo largo de cuatro años. No hay un gobierno que vaya a hacer todo bien o que nunca tenga desencuentros entre sus funcionarios. El gobierno de Mauricio Macri heredó una situación en 2015 que iba a terminar en una crisis. Hay muchos economistas que coinciden con este análisis. En 2016, cuando ni sabía que iba a ir al gobierno, escribí una nota en la que decía "lo que heredó Macri es muy difícil de resolver, incluso en cuatro años. Ojalá el electorado tenga la paciencia necesaria para darle el tiempo que requiere ".

—Dijiste que "es una herencia similar a la que recibió en su momento Celestino Rodrigo y llevó a Rodrigazo".

—Sí, y es una situación similar a la que se está generando ahora en la Argentina. Y ahora, como Celestino Rodrígo en su momento, van a manejar la situación mucho peor que el gobierno de Macri. El gobierno de Macri manejo mucho mejor la situación que los gobiernos peronistas. Ese tipo de crisis las genera el peronismo. No fue Macri el que generó el desequilibrio macroeconómico.

—Dijiste que el 2016 no solo no fue un año de ajuste fiscal duro, sino que fue un año donde se tomaron algunas medidas que no eran necesarias o prioritarias. Y mencionaste concretamente "que se comprometieron recursos fiscales futuros haciendo más difícil la trayectoria del equilibrio fiscal. La baja de impuestos a las ganancias personales fue significativa y no era necesaria(...). Fue una falla en la priorización de las políticas durante el primer año de gobierno y hubiese sido mejor tener un ministro de economía fuerte, dado que la herencia económica era muy delicada".

—No se aumentó el déficit fiscal. Dentro del gradualismo, no se hizo todo el ajuste que hubiese sido ideal. Pero eso no se agravó la bomba. Hay que mirar el déficit fiscal consolidado que heredó el gobierno de Macri. Consolidado Nación y provincias, que es la única manera en que tiene sentido mirarlo. Porque antes de que asuma Macri hubo un fallo de la Corte Suprema que le transfirió recursos de la Nación a la provincia. A ese déficit el gobierno de Macri lo bajó todos los años. La herencia era muy muy mala. Lo que escribí forma parte de un artículo extenso sobre la trayectoria fiscal del gobierno de Cambiemos y allí digo que hubo medidas que no se debieran haber tomado en 2016. Las causas de la decisión corresponden a otro tipo de análisis. Por ejemplo, ese gobierno no tenía en el Congreso las mayorías para pasar otras reformas. A cambio de acordar con el massismo hizo reformas como la de ganancias.

—En marzo de 2018 dijiste en una entrevista que "esperamos una baja muy fuerte de la inflación desde mayo". Te preguntaron si afectaba la sequía y tu respuesta fue: "el efecto no será tan grande porque hoy se produce menos soja que antes y fue reemplazado por otros cultivos. Estamos hablando de un impacto de 0,2 o 0,3 solamente del Producto Bruto". El periodista te pregunta: "¿Y qué pasa con la suba de tasas en Estados Unidos?" Y vos dijiste: "Se tiende a exagerar el impacto. Cuando se encarece el costo del financiamiento no afecta el stock sino a la nueva deuda que se vaya a tomar". Meses después la inflación se duplicó. Se dijo fue causa de la sequía y el aumento de tasas. Entiendo que tu idea sobre las causas es otra.

—La sequía terminó teniendo un impacto mucho mayor al que se pronosticaba en enero y febrero. Recibíamos informes todo el tiempo de las estimaciones que había, que no cesaban de empeorar. No hay forma de anticiparse a eso, aunque desde el equipo económico lo tomábamos muy seriamente y tomamos medidas fiscales ya desde comienzos de año en función de la sequía. Pero tuvo un efecto mucho mayor del previsto hasta febrero. Después, el impacto no tanto de la suba de tasas. Pero en eso no es que estuve errado, pero sí hubo una reversión de los flujos de capitales hacia los países emergentes que duró todo el año. Una reversión muy fuerte que le pegó a varios países: Argentina, Brasil, Turquía, México. Argentina tenía una situación macroeconómica frágil y le pegó un poco más y eso aceleró la inflación. Si el punto es que no anticipamos una crisis financiera, es un resultado de la teoría económica. Uno no puede anticipar una crisis financiera. Si alguien pudiese anticiparla, se adelantaría. Si todo el mercado pudiese anticiparla, todos se adelantarían y pasaría inmediatamente. Lo que uno debe es intentar tener un estado solvente. Eso no se resuelve en un año ni en dos. Generar un estado solvente es un trabajo de diez años por lo menos. Por eso con Nicolás Dujovne y Mauricio Macri hablamos mucho de la necesidad de trascender a un período de gobierno.

La pregunta más relevante es por qué Argentina no puede, luego de 70 años, tener un presupuesto equilibrado.

En agosto de 2018 el ex ministro de Finanzas Luis Caputo decidió dejar la presidencia del Banco Central después de un puñado de semanas, y de además haber sido el autor de casi toda la deuda privada que se generó durante la presidencia de Macri. ¿Fue una buena señal que un presidente de Banco Central dure tan poco?

—Una sola aclaración: me fui en junio del gobierno. En marzo se anuncia que saldría en agosto, pero una vez que se empieza la negociación con el Fondo, no tenía sentido que yo la lidere, porque iba a ser una relación de largo plazo y me quedaban meses. En junio se asigna a Dujovne el rol de coordinador del gabinete. Ahí acordamos que salga antes, para que la persona que tomaría mi lugar lo encare desde el principio. Mientras Caputo estuvo en el Banco Central, yo ya me había ido del gobierno.

—¿Qué reflexionabas en ese contexto desde Maryland?

—Argentina se quedó sin financiamiento. Al ir al Fondo, lo resolvió. Así, evitó caer en un default durante el gobierno de Macri. Ahora, el Fondo tiene sus requerimientos y formula algunas restricciones sobre lo que puede hacer Eso genera una solución de compromisos, que nunca es óptima. La política monetaria es una de las áreas en las que el Fondo tuvo menos comprensión de lo que es Argentina, especialmente en una transición electoral. En las transiciones electorales no solo se define quién va a gobernar; se define muchísimo más. Eso genera una incertidumbre nominal muy alta. Quizás hubiera sido necesario que el Banco Central tuviera una flexibilidad más alta.

—¿Modificar el método de metas de inflación y pasar a emisión cero fue parte de esa incomprensión del Fondo Monetario?

—Una vez que la inflación se volvió a disparar, no se podía continuar con las metas. Estuve de acuerdo con el mensaje que dio el presidente del Banco Central, Guido Sandleris. En ese momento se abandonaban las metas, pero eso no implicaría que Argentina no fuese en el futuro a volver a tenerlas, una vez que puedan ser consistentes con la política fiscal. Algo muy bueno del primer acuerdo con el Fondo es el paquete fiscal que iba a llevar al equilibrio primario. En ese contexto se hacen subas de tarifas que ponen presión inflacionaria. Respondiendo a esta demanda del Fondo de que no se atrase el tipo de cambio, se puso el tipo de cambio a subir en un contexto en el que ya había habido una fuerte devaluación. Eso puso una presión adicional a la tasa de inflación, que hizo que se demore más en bajar la inflación después del shock que hubo entre mayo y junio.

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—¿Tiene razón el neokeynesianismo o el kirchnerismo respecto de que la inflación no es solamente un fenómeno monetario?

—Si uno toma un período de un año o dos, ve que la inflación necesita para convalidarse un crecimiento en la cantidad de dinero. Son fenómenos bastante correlacionados. En ese programa no se emitía para financiar al Tesoro, lo que no quiere decir que el Banco Central no tuviese emisiones como resultado de su política monetaria y de tener que monetizar los intereses de la deuda del Banco Central. Pero la discusión más importante sobre la inflación es por qué tenemos déficit fiscal crónico y necesitamos financiarlo con emisión. Hay por detrás un aspecto de puja distributiva señalado por esa vertiente. Si se lee a Daniel Heymann, que es coautor mío y un gran amigo, y que escribió un libro sobre inflación y que le dedicó gran parte de su carrera a estudiar la inflación, verá que en cualquier teoría que trate de explicar la inflación encontrará que en el fenómeno de pérdida de valor la moneda, no puede no estar la demanda y la oferta de dinero. Es un país que sigue emitiendo, pese a los años de inflación. No se puede decir que no hubo emisión de dinero. Si uno mira la cantidad de ceros que le sacamos a la moneda en ese período se da cuénta de cómo fue. Se emite tanto porque no se puede financiar de otra manera el déficit fiscal. La pregunta relevante es por qué esta sociedad no puede tener un presupuesto equilibrado.

—Las previsiones de inflación en la Argentina para 2020 y 2021 son similares a las del 2021: poco más del 40%, similares al último año de Mauricio Macri. ¿Se podría decir que una inflación alta es una forma de transferencia de ingresos de los sectores medios a los sectores bajos en esa puja distributiva que causa la inflación?

—Estaría más cerca de responderte, antes de que el gobierno suprima la fórmula de ajuste de la AUH y las jubilaciones y pensiones, que estaban protegidas de la inflación. En este momento en el que se licúan las pensiones y la AUH no estoy seguro de que esa cuenta sea tan favorable para las personas de menores ingresos. Algo parecido sucede con los subsidios: si vamos hacia 70 años atrás, los subsidios cambiaron mucho. No es lo mismo la política fiscal en el modelo de sustitución de importaciones, los subsidios al empresariado. Desde hace 20 años aumentó mucho la pobreza y la desigualdad y esos subsidios se fueron trasladando a familias de menores ingresos.

—¿Con quién sería la puja distributiva en la medida que crece la pobreza, entonces?

—Yo no reduciría la AUH. Me parece una buena política. Pero el dinero es fungible. Lo que debe observarse es dónde están las ineficiencias del tamaño del estado. No podemos financiar es este tamaño del estado. El descalabro del estado argentino fue en los anteriores gobiernos kirchneristas, entre el período 2003 y 2015. El tamaño del estado pasó de 25 puntos del producto a 42, antes de pagar los intereses de la deuda. Había un estado y es como si le pusieran otro al lado. Y subieron la presión tributaria casi 111 puntos, Como subieron el tamaño del estado, 17 terminaron en un déficit consolidado nación/provincias y subieron los intereses de 8 puntos del producto. Ese descalabro desde 2012, 2013 es el que hoy nos tiene en la insolvencia.

—¿Ese descalabro dónde va?

—De esos 17 puntos que subió el gasto, 5 puntos fue en masa salarial, 3,5 en las provincias y municipios y 1,5 en el estado nacional. O sea que ahí tenés un exceso probablemente de empleo público que hay que reducir. Que ocurrió mucho en las provincias y municipios y no tanto en la Nación. Segundo, el incremento muy fuerte de las jubilaciones y pensiones asociados a las moratorias y a que se recuperó el valor real de las jubilaciones que había sido licuado muy fuerte a la salida de la convertibilidad. Gran parte del ajuste de Eduardo Duhalde fue licuar jubilaciones. Por eso es esencial una una reforma previsional. Hay un problema estructural en el sistema previsional y eso requiere un acuerdo de los grandes partidos para llevarlo a cabo. Y el gobierno de Cambiemos no tenía las mayorías para hacerlo. Vimos qué pasó con el cambio de un cálculo (n. de la r.: se refiere a los sucesos de diciembre de 2017), cabe imaginar qué pasaría con una reforma estructural del sistema. Hay otros cinco puntos que eran subsidios a servicios públicos por congelar las tarifas durante todo el gobierno. Eso sí fue un subsidio que iba más a los ricos y clase media que a los pobres. 5 puntos del producto durante varios años es muchísimo dinero. En el 2015, 5 puntos del producto eran casi 30 mil millones de dólares. Con 30 mil millones de dólares se soluciona todo el déficit habitacional del país. Ahí es donde hay que trabajar.

—¿Endeudarse en dólares, en pesos, en Leliqs, en Lebacs, es también imprimir dinero futuro?

—Imaginemos diferentes escenarios. En el primero, uno tiene un déficit muy alto, lo va a mantener en el tiempo y hoy se endeuda. Así, algún día se quedará sin financiamiento y deberá monetizar lo que se endeudó. Eso no es una buena estrategia. No es lo que hizo Cambiemos. Cambiemos llegó, heredó un déficit de 8 puntos del producto que no se podía ajustar en un año. No se podía ajustar en un año y se puso a ajustarlo. Podemos sí discutir si en 2016 fue todo lo rápido que se necesitaba, pero se puso a hacerlo. Es el único gobierno en la historia argentina que bajó el déficit todos los años y bajó el gasto público 7 puntos el producto. Ningún otro gobierno bajó el gasto público 7 puntos en 4 años. Son logros que tienen costos políticos, pero no se podía seguir con ese nivel de gasto público. Era y fue infinanciable. No es materia opinable, lo demuestran los hechos. La política de Cambiemos no era endeudarse y mañana monetizarlo. Era tomar deuda por un par de años, partiendo de un nivel bajo de endeudamiento en relación al producto. Como se iría bajando el déficit y la economía crecería, finalmente se convergería en una situación en la que sería innecesario. Si no hubiese habido los shocks, es lo que habría sucedido. Si uno mira antes de la sequía, incluso durante la sequía, las proyecciones de todos los consultores sobre inflación y crecimiento lo corroboran. Todo el mundo predecía 3% de crecimiento para el 2018; 3%, para el crecimiento del 19. Todos predecían que la inflación iba a ser más baja en el 18 y más baja todavía en el 19. Si bien existía el riesgo de una crisis, nadie pensaba que iba a ocurrir.

—¿Por qué ocurrió? ¿En 2018 lo que el mercado vio no es la sequía, no es el aumento de tasas en Estados Unidos, sino que Macri no tenía la capacidad de producir las reformas ni tampoco el gobierno que lo sucedería?

—La reforma salió. Sí, hubo un ataque, en mi opinión antidemocrático, para evitar que eso ocurra, pero la reforma salió. Después de la reforma, incluso después del 28D (n. de la r.: cuando se anunció que el gobierno abandonaría las metas de inflación), el ministro de Finanzas, colocó en 9 mil millones de dólares sin que eso fuese un problema. Me parece un poco arbitrario el análisis. Lo que pasó fue en parte que hubo un conjunto de shocks en una economía frágil que estaba haciendo su ajuste y que necesitaba todavía financiamiento externo de forma de poder sostener su política monetaria. En ese contexto, hubo una sequía que terminó pegándole más de un punto al producto y una salida de capitales muy fuerte, que no se dio solo en Argentina: se dio en Brasil, México, Turquía y en muchos países. Hubo una reversión a los países emergentes de 100 mil millones de dólares que habían entrado en el 2017 y se fueron en 2018. Argentina no estaba asegurada contra ese shock, porque había heredado el gobierno anterior un descalabro macroeconómico. Para asegurarse, tendría que haber hecho todo el ajuste en los dos primeros años y eso políticamente no hubiese sido viable. Llegué al Gobierno el 4 de enero del 17. Fue un buen año: la economía creció, la inflación bajó, el gobierno ganó las elecciones. Todo el mundo pedía que el gobierno gane las elecciones de medio término, porque había ganado el balotaje sólo por dos puntos. Se notaba la voluntad de cambio, pero no se sabía cuán robusto era electoralmente. Por tanto, había una demanda muy grande de un triunfo contundente. Fue muy importante como señal esa elección de medio término en la que el gobierno le gana a Cristina Kirchner en la provincia de Buenos Aires. Cuando eso ocurrió, parecía que se abrían seis años para el gobierno de Cambiemos y un horizonte temporal, que es lo que no tiene nunca Argentina. Si Argentina logra tener 8 ó 10, 12 años de un horizonte temporal de que la economía va a ser manejada racionalmente, el país tiene un potencial de crecimiento enorme. Se empezó a ver el último trimestre del 17 y el primer trimestre de 2018. Fueron muy buenos trimestres en materia económica. Después vinieron los shocks, pero no me parece que esté relacionado con lo que pasó con la reforma previsional.

Argentina es un país que siempre está en la cornisa; por eso, paga mucho más caro sus errores

—¿La pandemia que le tocó a Alberto Fernández es una bomba atómica comparada con la sequía del 2018?

—Es un schok mundial, mientras que las sequías son fenómenos locales, aunque sean fuertes. La sequía del año 18 fue la peor en 50 años y se dio con la combinación de la salida de capitales. En el año 2009 con presidencia de Cristina de Kirchner, hubo una sequía no tan fuerte como la del 18 y salida de capitales por la crisis financiera internacional. En ese contexto hubo una caída del producto violenta. El mismo ex presidente Néstor Kirchner perdió la elección en la provincia de Buenos Aires contra Francisco De Nárvaez, alguien que desapareció de la política. Eso demuestra la fuerza de ese tipo de combinación de shocks que tuvimos en el año 2009 y en el año 2018. No deben minimizarse. La pandemia es un shock muy fuerte para la Argentina, y para todos los países. La cuestión es que tomó al país en una situación de debilidad, como pasó en 2018. A cualquier gobierno que le hubiese tocado la pandemia hubiese tenido un déficit fiscal más grande y se le hubiese complicado el manejo de la economía. Pero el manejo que hizo el gobierno de la pandemia agravó muchísimo la economía y tampoco trajo buenos resultados sanitarios. Eso es responsabilidad del gobierno.

—¿Cuál es tu balance respecto de la táctica que utilizó la Argentina para combatir la pandemia?

—Fue una táctica muy mala. No creo que se pueda extrapolar cualquier estrategia a cualquier sociedad. Hay variabilidad en la forma en las que las sociedades están acostumbradas a conducirse y eso pone límites a lo que se podía hacer. No creo que la estrategia de Suecia fuese viable en Argentina. Lo primero debió haber sido escuchar a la gente que advertía al gobierno de la gravedad de lo que se venía. El ex embajador en China, Diego Guelar, trató de hacerlo. Si gobierno paraba esto en Ezeiza en febrero, no sé cómo se hubiese dado la pandemia hubiese sido hubiese sido distinto, Tenemos el ejemplo de Taiwán, Vietnam, y de muchos países que habían tenido la experiencia del SARS y estaban mejor preparados. En febrero, el embajador de Taiwán se reunió con las autoridades del ministerio de Salud para advertirle de lo que está pasando y cuál es la estrategia que recomendaban y no se hizo lugar a eso. En marzo todavía discutíamos qué hacer. Una vez que entra el virus, lo que uno puede hacer es tener una estrategia de mucho testeo, seguimiento y tratar de aislar a las personas. La otra estrategia que podía ser interesante era la de aislar a los grupos o tratar de proteger más y poner más restricciones a los grupos más vulnerables, pero eso se abordó mal. El gobierno de CABA trató de hacerlo y hubo un fallo de la justicia. No funcionó. Argentina testeó muy poco comparada con otros países, la cuarentena más larga, va a tener una caída del producto mucho mayor que otros países y en términos de cantidad de muertes por habitante no le fue bien.

 

—Veamos los datos del próximo presupuesto. Comparemos las proyecciones de 2020 a 2021. Inflación de 32% a 29%; dólar oficial, de 81 a 102; caída de producto bruto de -12% a subida de producto bruto 5,5%; déficit de -8% a -4,5%; aumento de la inversión de 18%; de las exportaciones, l 10%; de las importaciones 16%, que modifica el saldo comercial de 17 mil millones positivo a 15 mil millones positivo. ¿En qué coincidís de todo eso?

—Yo creo que si el gobierno puede controlar el mercado cambiario y no se le dispara la inflación, puede tener un rebote, como otros países. En estos días, Estados Unidos ajustó la caída del producto de -6% que se esperaba a -3,7% para este año. Una vez que se salió de las cuarentenas, muchas economías respondieron razonablemente bien. Puede haber un rebote, aunque no me animo a decir de cuánto exactamente. Para eso, el gobierno necesita controlar el mercado cambiario y que no se le dispare la inflación. Si se le dispara la inflación, volvemos a tener una licuación de los ingresos de los trabajadores, de los jubilados, de las AUHm que pegan fuerte en la demanda. La única forma de contrarrestar eso es con crecimiento de las exportaciones, pero el gobierno tiene una política cambiaria y tributaria que no es amigable a ese crecimiento de exportaciones. Además, depende mucho de Brasil y otros socios comerciales. Es clave cómo el gobierno manejará la crisis cambiaria que hoy atraviesa. Lo que suceda depende del manejo de la situación. Y no creo que lo estén haciendo bien. Reforzar el cepo no les dará la posibilidad de controlarla. Pero si hacen un ajuste brusco también se les disparará la inflación. Tienen que hallar el justo término y por ahora no lo encuentran. Sobre el ajuste fiscal, es muy importante que el Ministerio de Hacienda tenga un control férreo del presupuesto. No basta con mandarlo al Congreso, consisten en estar atrás de los pedidos de gasto nuevo, de los pedidos de excepción impositiva que llegan todos los días. Tener una conducta que permita cumplir con ese presupuesto. La administración Dujovne lo cumplió a lo largo de los tres años; pero fue un trabajo enorme. Me saco el sombrero ante el ministro Dujovne y el secretario de Hacienda, Rodrigo Pena en este sentido.

—¿Cómo puede afectar desde el punto de vista macroeconómico el cepo ampliado, y paralelamente la refinanciación de todas las deudas financieras privadas al permitir pagos solamente del 40%?

—Es una transferencia de ingresos de las empresas al Estado. Es siempre lo mismo, un juego de suma cero. Aún tratamos de entender bien la circular o las circulares que sacó el Banco Central, pero es la medida que más me preocupa, porque Argentina acaba de terminar una renegociación de la deuda pública y ahora está enviando a las empresas privadas a renegociar. La tasa de interés sigue estando al 12%, hoy 14%, es insostenible. La idea de que la renegociación de la deuda podría servir para que el sector privado tenga acceso a los mercados de capitales y pueda financiar proyectos de inversión. Las últimas medidas son contradictorias con ese objetivo inicial. Entonces, se pierde toda visión sobre cuál es el programa, cuál es la lógica va de una medida a otra. Finalmente, uno puede, tener alguna crítica con la política de Cambiemos. Pero se veía una lógica de corto y de largo plazo. No todo lo robusta que uno desearía, pero había una. Hoy no se ve.

—El argumento era que renegociar la deuda privada iba a permitir reducir el costo del crédito para los privados. ¿las últimas medidas serían contradictorias con ese objetivo?

—Al menos, obliga a renegociarlos o a afrontar un costo mucho más alto por las deudas que tomaron. Existirá mucha heterogeneidad. Un exportador de soja que tomó deuda en dólares, ahora los que tiene que pagar están descontados por las retenciones que pagan, por las subas de impuestos que tuvo. Alguien que vende en el mercado doméstico, si tomó alguna deuda en dólares tiene un costo muchísimo mayor porque ya no le venden esos dólares al tipo de cambio oficial. Por lo menos, el 60% de ellos los tendrá que comprar en el mercado libre. El gobierno se quedó sin reservas, y empezó a cuidarlas por la inversión.

“Macri tenía el horizonte muy bien enfocado y heredó una situación económica muy difícil”

—¿Finalmente se produjo es un desdoblamiento del mercado cambiario?

—Se desdobló parte, no todo. Todavía hay una ficción en la que la gente puede comprar 200 dólares.

—Lo que decís es que las empresas van a ir a buscar el 60% al dólar libre pero formalmente ese dólar libre no es un mercado formal estructurado. En el próximo año y medio, los vencimientos son de 3000 millones de dólares.

—Eso es lo más sorprendente. No es una cifra significativa. Lo que anunciaron fue absolutamente contradictorio. A mí me parecen mal todas las restricciones, pero también me parece mal subsidiar el ahorro. Es sobre los 200 dólares. Pero sobre el endeudamiento privado, me parece que es bastante preocupante, especialmente porque estas cosas generan efectos cascada. Si aparecen un par de empresas que no pueden renegociar su deuda y van al default privado, le subirá el costo a todas.

—¿Estarías a favor de desdoblar el mercado cambiario y que el dólar ahorro o muchas otras operaciones se hagan directamente al valor de lo que podría ser el contado con liqui o el dólar bolsa?

—Sí, pero hay algo importante: discutimos medidas, pero el gran problema de Argentina es hacia dónde va. Nadie sabe bien a dónde va y lo que se sospecha no es atractivo. Si no hay cierta certidumbre sobre que se va hacia un Estado solvente, nada va a funcionar. Porque el estado tiene capacidad coercitiva en la sociedad. Cuando un estado es insolvente, nadie está a salvo de él. Es la historia del estado moderno. Es muy malo tener un estado insolvente y nosotros lo tenemos hace décadas. Por eso nos va mal. Si el estado es coercitivo, saca una circular y te cambia el valor de tu deuda o te pone un impuesto. Si no nos paramos en una situación en la que el gobierno despeja ciertas certidumbres sobre lo fiscal, nada va a funcionar. Para resolver lo fiscal, tiene que resolver lo político. El problema que tenemos es político.

—En líneas generales, se observa cuando el dólar se fortalece, Argentina la pasa mal y cuando el dólar se debilita, la pasa mejor, ¿Ves ese escenario?

—Hay un debilitamiento del dólar. La recuperación más importante que está ocurriendo es en Asia. Vemos mayores precios de los commodities; la soja tuvo un repunte importante en las últimas semanas. Pero no me parece que sea suficiente como para pensar que eso per sé hará una gran diferencia. Estamos en una situación fiscal muy comprometida; la presión tributaria es muy alta y se suspendió toda la reforma del 17. No vamos a ningún lado si cada reforma que hacemos la mandamos para atrás cada dos años. No es gratis

—¿Cómo afectaría al mundo y a Latinoamérica si Donald Trump no es reelecto y Joe Biden es el nuevo presidente?

—Si gana Biden, se volvería a respetar el multilateralismo mucho más. Podría afectarse el crecimiento de Estados Unidos, Si Biden es llegavo hacia políticas muy de izquierda.

 


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