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POLITICA / el caso de los cuadernos
sábado 26 enero, 2019

Bonadio no homologó el acuerdo de Pochetti y aumenta el hermetismo

La viuda de Muñoz, ex secretario privado de Néstor, declaró como arrepentida. Estuvo ayer ante el juez, quien todavía no le dio el visto bueno a su testimonio.

por Cecilia Devanna

default Foto: CEDOC
sábado 26 enero, 2019

A pesar de haber pasado ayer varias horas frente al juez Claudio Bonadio, Carolina Pochetti, viuda de Daniel Muñoz, ex secretario privado de Néstor Kirchner, no logró aún que su acuerdo para convertirse en imputada-colaboradora del caso conocido como “los cuadernos de las coimas” sea homologado por el magistrado. Por ese motivo deberá volver en los próximos días a los tribunales de Comodoro Py. Sobre el caso reina un total hermetismo desde el jueves, cuando Pochetti estuvo más de tres horas frente a los fiscales Carlos Rívolo y Carlos Stornelli, ante quienes declaró y entregó la información que posibilitó que pudiera dar el primer paso para ser considerada “arrepentida”. El resguardo de la información que dio es considerado en tribunales como la antesala de posibles importantes movimientos en el expediente.

Pochetti está acusada de haber participado de maniobras de lavado de dinero para ocultar el verdadero origen de unos 70 millones de dólares que, para los investigadores, su marido sacó de la Argentina y movió en los Estados Unidos. Por eso, desde los primeros sondeos de la mujer para evaluar convertirse en arrepentida, durante los primeros días de la semana, las fuentes del caso eran claras y contundentes. Sostenían que, como primera medida para alcanzar el acuerdo, Pochetti debía hablar “del principio, el origen del dinero, de dónde vino o del final, dónde está en la actualidad, porque la parte del medio los fiscales ya la tienen”.

Ayer, tras haber estado el jueves frente a los fiscales y llegar al acuerdo, Pochetti volvió a tribunales. La mujer fue llevada al cuarto piso de Comodoro Py, donde está el despacho de Bonadio, en medio de un fuerte operativo de seguridad que incluyó el bloqueo del sector a personas extrañas al juzgado. Allí estuvo varias horas frente al magistrado, el fiscal Carlos Rívolo, y su defensa, encabezada por Martín Hermida. Hasta que poco después de las 16.30 se supo que se fue sin aún haber llegado a una homologación por parte del juez.

La situación de Pochetti, detenida desde octubre pasado, es complicada. La sospecha de la Justicia es que los 70 millones de dólares que fueron movidos a través, entre otros desmanejos, de la compraventa de propiedades en Miami y Nueva York, y en distintas cuentas de paraísos fiscales, provinieron de la corrupción en la obra pública, que dejó al descubierto las anotaciones del ex chofer Oscar Centeno. Para la Justicia, Pochetti montó “una estructura jurídica, societaria y bancaria en la Argentina y en el extranjero, con el fin de canalizar, convertir, transferir, administrar, vender, disimular y o poner en circulación en el mercado fondos de procedencia ilícita”.

En octubre pasado, en el marco del tramo de la causa que involucra a Pochetti, también fueron detenidos varios presuntos testaferros de su entorno, tres de los cuales ya se arrepintieron en el expediente y complicaron su situación. Al menos dos de ellos la ubican como una pieza central en las maniobras de lavado, algo que ella había asegurado ignorar en su primera declaración.

Un enjambre de testaferros que terminaron detenidos y arrepentidos

El matrimonio Pochetti-Muñoz construyó un verdadero enjambre de testaferros en torno de la fortuna en la mira de la Justicia. Muñoz, fallecido en mayo de 2016, es una figura clave en el entramado de los cuadernos de las coimas, donde fue ubicado por varios imputados-colaboradores en los movimientos de dinero provenientes del presunto pago de sobornos de empresarios a ex funcionarios kirchneristas. Incluso hay versiones sobre que él mismo se quedaba con un porcentaje de dinero a espaldas del fallecido ex presidente.

Tras su muerte, todo pasó a manos de su esposa, quien primero aseguró ignorar todo sobre el tema. Hasta que cambió de posición. Eso se dio en los últimos días, a tres meses de su detención y tras cambiar su abogado. El primero,  Miguel Angel Pló, terminó imputado en la causa –junto a su hijo y su yerno– por su presunta participación en las maniobras de lavado realizadas en Estados Unidos. Pochetti pasó luego de Pló a un abogado con quien se entrevistó en el penal de Ezeiza y que no la convenció, a la representación del defensor oficial Martín Hermida.

El giro en su estrategia fue un cimbronazo para su entorno. El jueves, cuando se supo que Pochetti se encaminaba a ser arrepentida, Elizabeth Ortíz Municoy, mujer de su entorno y quien también fue detenida en octubre pasado, volvió a Py. Ortiz Municoy –que fue liberada tras su acuerdo de arrepentida– tenía miedo de que el impacto de la declaración de Pochetti pudiera perjudicarla.

 En el caso, también es arrepentido su ex marido, Sergio Todisco, quien al igual que ella se acogió al régimen de imputado-colaborador y logró ser liberado también.

El último arrepentido de este tramo del expediente fue Carlos Gellert, primo de Pochetti y quien fuera detenido en la frontera entre Estados Unidos y México, tras lo cual fue deportado al país. En tanto que su esposa, Perla Puentes Reséndez, espera ser extraditada.

Todos ellos figuraban en el expediente por lavado que primero tramitó ante el juez Luis Rodríguez y que luego, por decisión de la Cámara  de Apelaciones, le fue removido.


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