POLITICA
Gira presidencial

En Nueva York, Milei selló su alianza global con EE.UU., abrazó a Netanyahu y quedó en offside con Malvinas

El Presidente avanzó con un estratégico acuerdo de infraestructura "occidental" enmarcado en la competencia con China por cadenas de suministro. En la Asamblea General, centró su discurso en Malvinas, cuestionó al organismo y respaldó a Israel en su momento de máximo aislamiento.

Discurso Javier Milei en la ONU
Discurso Javier Milei en la ONU | AFP

El pasado 23 de septiembre, Javier Milei concretó su llegada número 17 a Estados Unidos para cristalizar una de las decisiones más importantes que tomó y mantuvo desde que asumió en diciembre de 2023: el alineamiento casi automático con Estados Unidos e Israel en materia de política exterior.

Después de disertar en The Economic Club de New York y en un evento de la Fundación Federalismo y Libertad, el Presidente terminó de marcar esa línea en su discurso ante la Asamblea General de la ONU. Allí habló de una “alineación sin ambigüedades con Occidente” en términos geopolíticos, mencionó a Estados Unidos una vez, a Israel dos veces y a Irán, al recordar su decisión de declarar organización terrorista a la Guardia Revolucionaria, como consecuencia de una escalada diplomática con Teherán revelada por PERFIL y, posteriormente, en la expulsión del Encargado de Negocios de Irán en Argentina en abril pasado.

Además, mencionó explícitamente de un solo presidente: su amigo Donald Trump, a quien citó para defender la “Superinteligencia” Artificial, uno de los desafíos globales que se discutieron en los márgenes de la 81° Asamblea General del organismo. "Es necesario que sea Occidente quien lidere el desarrollo de la tecnología para asegurarnos que sea acorde a nuestros valores fundamentales libertarios, como son el respeto a la vida, la libertad y la propiedad privada, y la noción de dignidad humana. En eso compartimos plenamente la visión del Presidente Trump" dijo.

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Si bien Milei no mencionó a otros actores sensibles para la diplomacia argentina actual, como China —el segundo socio comercial—, durante su diatriba contra la ONU, acusada de ser un “Leviatán burocrático” (lo que remite a un pesimismo antropológico propio no solo del mandatario argentino sino de la época geopolítica), habló de “dictaduras sanguinarias” y “regímenes que lapidan mujeres en la calle”.

“Votaron sistemáticamente en contra de Israel, mientras hacían silencio frente al terrorismo islámico y ante genocidios de cristianos en el África”, siguió el Presidente, quien poco después se fundió en un abrazo con otro de sus amigos de la arena internacional: el primer ministro israelí Benjamin Netanyahu, que experimenta un aislamiento inédito en la arena internacional, luego de que varias delegaciones abandonaran el recinto durante su discurso, como queja ante los crímenes en los territorios palestinos ocupados por los que pesa una orden de arresto en su contra por parte de la Corte Penal Internacional.

Pero mientras Milei invitaba al mundo a “mirar al sur” y hablaba de una Argentina que busca la “cooperación” mas no la “subordinación”, en paralelo una delegación argentina auspiciada por el embajador Alex Oxenford, encabezada por el canciller Pablo Quirno y el ministro de Economía Luis Caputo, sellaba el acuerdo en el marco del G7 que enmarca al país en un corredor occidental clave de cara a la competencia estratégica por las cadenas de suministro, minerales críticos y otras áreas clave de la geopolítica actual.

"Es la primera iniciativa de la Asociación para la Infraestructura y la Inversión Global del G7 en el Hemisferio Occidental, en una clara señal de apoyo al desarrollo de Argentina (...) que compromete hasta USD 7.000 millones en financiamiento hasta 2027 para proyectos de infraestructura y capacidad productiva", tuiteó Pablo Quirno en relaciónn al Corredor Andes-Atlántico, que busca conectar los sectores económicos estratégicos argentinos con los principales puertos del Atlántico y los mercados occidentales, con inversiones en infraestructura de transporte, energía y conectividad digital.

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El esquema contempla ferrocarriles, vías navegables, puertos, oleoductos e infraestructura de generación y transmisión de energía, con el objetivo de aumentar las exportaciones de minerales, petróleo y gas. La iniciativa aparece, además, en un momento de competencia creciente entre Washington y Beijing por el acceso a recursos estratégicos, y contrasta (inevitablemente) con la Iniciativa de la Franja y la Ruta de China, que a diferencia de la versión occidental y de capitales privados que firmó Argentina, tiene un fuerte componente estatal.

En paralelo, la escena internacional de esta semana pareció diseñada para mostrar esa competencia entre las superpotencias. Mientras la Argentina y Estados Unidos anunciaban el nuevo corredor desde Nueva York, Donald Trump recibía a Xi Jinping en el marco de la visita oficial. El presidente chino fue agasajado el jueves por la noche con una cena de Estado en la Casa Blanca, a la que asistieron algunos de los principales empresarios tecnológicos estadounidenses, entre ellos Elon Musk, Jensen Huang, Tim Cook, Sam Altman, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos y Sundar Pichai.

Trump y Xi Jinping
Xi Jinping y Donald Trump en la gala de la Casa Blanca.

Malvinas y la contradicción de Milei con la ONU

Como se esperaba, el miércoles al mediodía Milei centró su intervención ante la Asamblea General en la Cuestión Malvinas, después de semanas del anuncio de dos decretos para endurecer las sanciones contra privados que exploten los recursos del archipiélago, entre otras medidas, y la posterior escalada con el Reino Unido. El Presidente dedicó casi siete de los 20 minutos de su discurso a Malvinas, a la que definió como una “causa nacional”, diferenciándose de las ediciones anteriores ante el mismo atril.

Pero en la misma línea, siguiendo su retórica “antiglobalista” —fiel al estilo trumpista— Milei no solo cuestionó a la ONU por su "agenda woke" sino también por su "incapacidad" para hacer cumplir sus propias resoluciones, y utilizó Malvinas como uno de los ejemplos centrales de ese "fracaso". "¿De qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario y esa resolución queda intacta en los archivos, pero impotente frente a la realidad?”, planteó Milei, y continuó: “No faltan palabras ni resoluciones, lo que falta es que tengan consecuencias”.

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La tensión aparece porque, para sostener la reivindicación argentina sobre Malvinas, algo que es habitual en los discursos presidenciales anuales ante el órgano colegiado de la ONU, Milei se apoyó en la resolución 3149, de 1976, para referirse al principal punto de fricción actual con Reino Unido: el inminente comienzo de la primera explotación petrolera en el archipiélago en León Marino (Sea Lion), al norte de la Isla Soledad, previsto para el año proximo. Recordó que la ONU estableció que las partes deben abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa de soberanía permanezca abierta y utilizó ese antecedente para cuestionar la explotación petrolera en las islas con licencias de la administración kelper avaladas por Londres.

En ese marco, el propio Milei sostuvo que “Malvinas no es solamente una cuestión entre la Argentina y el Reino Unido”, sino que también plantea “una pregunta acerca de la capacidad de esta organización para hacer valer sus propias resoluciones”. Sin embargo, evitó mencionar la célebre Resolución 2065, cuyo antecedente directo fue el histórico Alegato Ruda, presentado el 9 de septiembre de 1964 ante el Comité de Descolonización de Naciones Unidas. Considerado un hito en la diplomacia argentina, derivó en la resolución de la Asamblea General que reconoció la existencia de una disputa de soberanía entre la Argentina y el Reino Unido e invitó a ambos países a negociar una solución pacífica.

La tensión conceptual quedó todavía más expuesta cuando Milei aseguró que “la Argentina no se va a sentar a esperar a que la ONU y la comunidad internacional estén a la altura de su propio mandato; va a tomar cartas en el asunto” y reivindicó que su Gobierno había dejado atrás la “defensa discursiva” para adoptar “una defensa pacífica, práctica y efectiva”. Sin embargo, inmediatamente después volvió a dirigirle al Reino Unido “nuestro llamado a reanudar las negociaciones para encontrar una solución pacífica a la disputa de soberanía”.

Javier Milei en Nueva York
Estados Unidos. Javier Milei junto a Pablo Quirno, ministro de Relaciones Exteriores, Comercio Internacional y Culto en la sede de la ONU en Nueva York.

La cuestión Malvinas volvió a aparecer también en su encuentro con Benjamin Netanyahu. Según confirmó Quirno, los dos presidentes hablaron sobre el tema, aunque no trascendieron detalles sobre el contenido de la conversación, mientras Israel sigue manteniendo su postura “neutral” frente a la disputa por la soberanía del archipiélago y silencio sobre el accionar de sus empresas con licencias ilegales, como Navitas Petroleum.

Milei cerró su agenda en Nueva York con una reunión bilateral con Netanyahu en la sede de Naciones Unidas. El encuentro se produjo después del discurso del primer ministro israelí ante una Asamblea General atravesada por fuertes cuestionamientos a Israel y por la salida de distintas delegaciones de la sala.

Milei, en cambio, volvió a exhibir a Netanyahu como uno de sus principales aliados internacionales mientras que su embajador en el país hebreo, el rabino Axel Wahnish, celebraba el nuevo mapa regional y sus vínculos con el Israel de Netanyahu a través de un tuit: "Los Acuerdos de Isaac avanzan! Mientras los primeros mandatarios se reunían en la ONU (...) aquí en Israel nos reunimos embajadores de varios países de América Latina para seguir avanzando en esta iniciativa".

CD/fl