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POLITICA / Historia
miércoles 14 noviembre, 2018

Explosión en Recoleta: por qué atentaron contra la tumba de Ramón L. Falcon

Como jefe de la Policía de la Capital, fue clave en la represión de la llamada "Semana Roja". Su muerte a manos del anarquista Simón Radowitszky.

Ramon falcon Foto: Archivo

La paz del Cementerio de la Recoleta se vio perturbada en la tarde de este miércoles cuando una pareja detonó un explosivo casero frente a la tumba de Ramón Lorenzo Falcón. Los dos atacantes quedaron detenidos, y la mujer fue trasladada con heridas graves, provocadas por el caño, al cercano Hospital Fernández. Mientras se investigan los detalles de lo ocurrido, la pregunta inevitable es ¿por qué? ¿Quién querría atentar contra alguien que ya está muerto? Ocurre que Falcón es uno de esos pocos personajes de la política argentina cuyo cadáver cobra tanta relevancia como la que tuvieron en vida, como (salvando las distancias) los casos de Eva Duarte y Juan Domingo Perón. Su lugar de descanso y su memoria suelen ser objetivo de agresiones, aunque en general sin llegar a este nivel de violencia, todos los 14 de noviembre, cuando se conmemora su muerte a manos del joven obrero ucraniano Simón Radowitzky.

Pero ¿quién fue Ramón Falcón? Nacido en Buenos Aires el 30 de agosto de 1855, fue el primer cadete en ingresar al Colegio Militar en 1870, del que egresó tres años después. Peleó en la Campaña del desierto, fue diputado nacional y uno de los socios fundadores del Club Gimnasia y Esgrima de la Plata. En 1906, ya retirado del Ejército con el grado de coronel, fue designado jefe de la Policía de la Capital Federal (luego incorporada a la Policía Federal Argentina y hoy separada de nuevo en la Policía de la Ciudad). Una semana después fundaría la escuela de cadetes que llevaría su nombre hasta 2011.

Garré rebautizó las escuelas de la Policía Federal

Por esa época, el país y la capital estaban cambiando: millones de inmigrantes llegaban sobre todo de España e Italia, y con ellos las ideas del anarquismo y el comunismo. Pero el "granero del mundo" no estaba bien preparado para recibirlos a todos: para 1907, unas 150.000 personas vivían hacinadas en mil conventillos porteños, en condiciones paupérrimas. Los inquilinos comenzaron a organizarse y surgió la llamada "huelga de inquilinos". La policía de Falcón fue la encargada de reprimir las manifestaciones, con agua helada en mangueras de alta presión. En el desalojo del conventillo "14 Provincias", que albergaba a alrededor de 200 familias, fue asesinado el obrero anarquista Miguel Pepe, de 17 años.

La rama represora de Falcón creció dos años después: el 1 de mayo de 1909, se concentraron en Plaza Lorea (frente al Congreso) los gremios que integraban la Federación Obrera Regional Argentina (FORA). Se estima que unas 70.000 personas asistieron para conmemorar a los llamados "mártires de Chicago" y reclamar mejores condiciones laborales. La policía porteña reprimió la movilización y dejó una decena de muertos y un centenar de heridos. En los días posteriores las fuerzas de seguridad también atacaron la multitudinaria comitiva que acompañaba a los caídos al Cementerio de Chacarita. Después de varios días de huelga y represión, en lo que se conoció como "semana roja", el gobierno de José Figueroa Alcorta debió sentarse a negociar con los obreros. Se hicieron varias concesiones pero el Estado se negó a ceder en un punto: la renuncia de Falcón, que se convirtió en un objetivo de la militancia de la época.

Lo que no se logró por la vía de las protestas llegaría de la mano de la violencia. El 14 de noviembre de 1909, Falcón asistió precisamente al Cementerio de la Recoleta, junto a su secretario Juan Alberto Lartigau, para el funeral de un policía. A la salida, en la esquina de Quintana y Callao, el joven anarquista Simón Radowitzky arrojó una bomba casera contra el carruaje en el que viajaban. Falcón falleció horas después por las heridas y fue enterrado en el mausoleo cercano. Desde entonces, su memoria y su tumba siguen siendo objetivo de los anarquistas, sobre todo en forma de repudios y graffitis.

F.F.


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