Imaginemos una sociedad distinta. En vez de votar partidos y candidatos, se votarían valores y objetivos: Bajar la pobreza, bajar la inflación, subir las exportaciones o reducir los gases de efecto invernadero. Cada sociedad votaría lo que le pareciera. Luego, una vez que se definan los valores y objetivos que guiarán esta gestión, cada uno de los integrantes del pueblo apostará sobre cuál es la mejor manera de lograr cada reivindicación.
¿Bajando la emisión monetaria? ¿Aumentando los salarios? Cada integrante de la sociedad vota por sí o por no por cada propuesta. Si realmente se logra bajar la inflación o la pobreza con la propuesta que resultó ganadora, quienes votaron por ella ganarán dinero y quienes votaron en contra perderán dinero y viceversa.
Según este tipo de orden que el economista libertario Robin Hanson denominó futarquía, se inspiró Shayne Coplan para crear Polymarket, la startup de apuestas online sobre predicciones que mayor impacto está causando.
En Polymarket y otras como Kalshi, que reúnen más de seis millones de usuarios en el mundo, se apostó sobre la captura de Maduro, misiles que caen en Irán e Israel, la muerte del Ayatola Alí Jamenei, la inflación de Argentina o el resultado de cualquier partido de la NBA. Lo verdaderamente extraño de todo esto, más allá de las acusaciones morales y legales que se pueden hacer por apostar sobre la muerte de personas inocentes, es que las predicciones de estas plataformas son escalofriantemente efectivas.
Evidentemente, hay algo de lo que dice Hanson en su concepto de futarquía que es real: las personas tienden a ser más sensatas en sus pronósticos cuando arriesgan su propio dinero.
Genios precoces: del baño de un monoambiente al MIT
La historia de estas plataformas está unida por la precocidad de sus fundadores. Shayne Coplan lanzó Polymarket en 2020, a los 22 años, programando solo desde el baño de su departamento en Nueva York para tener privacidad durante la pandemia. Tras abandonar la universidad en primer año, usó sus ahorros de la adolescencia en cripto para dar vida a las teorías de Hanson.
Por su parte, Kalshi fue creada por Tarek Mansour y Luana Lopes Lara, dos graduados del MIT de 29 años. Ella, exbailarina profesional del Bolshói, y él, un experto en matemáticas nacido en Líbano, se conocieron en Cambridge y decidieron que el mundo necesitaba un mercado regulado para "operar sobre la realidad".


Mientras Coplan enfrentó allanamientos del FBI por su rebeldía regulatoria, los creadores de Kalshi pasaron años litigando contra el gobierno de EE. UU. para legalizar las apuestas electorales, logrando finalmente convertir los eventos en activos financieros transables.
Las trampas del sistema
Las apuestas de predicción han dejado de ser un nicho de mercado para convertirse en un ecosistema de alta peligrosidad informativa. En Argentina, la filtración de índices de precios minutos antes de su difusión por el INDEC sugiere que agentes con acceso a datos privilegiados operan clandestinamente para capturar ganancias. Esta dinámica degrada la "sabiduría de las masas" y transforma a los funcionarios en apostadores de su propia gestión. El fenómeno escaló en marzo de 2026 cuando se detectaron billeteras en Polymarket realizando apuestas masivas sobre ataques en Irán y la captura de figuras políticas en Venezuela una hora antes de los anuncios.
Más grave es la coacción contra quienes poseen datos capaces de desplazar las cuotas. Se han reportado amenazas de muerte contra periodistas por parte de "ballenas" financieras que exigieron alterar crónicas militares para no perder posiciones millonarias.
Este fue el caso de Emmanuel Fabian, corresponsal militar de The Times of Israel, quien denunció haber recibido amenazas de muerte por parte de apostadores de Polymarket. El conflicto surgió tras su reporte sobre el impacto de un misil iraní el 10 de marzo; los apostadores que habían posicionado millones de dólares al "No" (apostando a que no habría un impacto confirmado) le exigieron bajo amenazas que modificara su crónica para que el mercado resolviera a su favor, permitiéndoles cobrar una bolsa que superaba los 14 millones de dólares.

Cuando la verdad periodística tiene un precio, la información deja de ser un bien social para volverse un activo de riesgo. Esto impulsó la Ley de Seguridad e Integridad de los Mercados de Predicción en EE. UU., que busca prohibir apuestas sobre muertes y conflictos bélicos para evitar que revelar la realidad convierta al informante en un blanco de silenciamiento financiero.
La gamificación de la vida y la muerte
Volver a ataques aéreos, la evolución de la pobreza, los números de la inflación o la caída de un Gobierno un juego donde se pierde y se gana dinero, deshumaniza totalmente a las víctimas de cada hecho. Son números que confirman si gané o perdí. Si se puede mercantilizar la desgracia de los gazatíes, el padecimiento de los ucranianos o la pobreza de los argentinos se borra una línea de interés sobre la situación de la humanidad.
Es verdad que los jóvenes líderes de estas plataformas podrían decir que el cálculo egoísta sobre todos estos hechos para efectuar apuestas financieras se puede rastrear desde antes de que ellos iniciaran sus empresas.
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Es correcto, estas apps parecen ser más resultado de un clima de época que los precede, más que su origen.
MV