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POLITICA / Diplomacia nuclear
martes 29 octubre, 2019

La elección de Grossi en la OIEA es un dato clave para la política exterior de Alberto Fernández 

Después de varias frustraciones, un argentino llega a un puesto estratégico de la diplomacia mundial. Coincide con un poco de tensión colateral con el principal socio en este delicado terreno, Brasil. 

por Aurelio Tomás

El embajador Argentino en Austria, dirigirá el principal organismo de regulación nuclear Foto: CEDOC
martes 29 octubre, 2019

En 2009, el gobierno de Cristina Kirchner había desistido de impulsar la candidatura del actual embajador argentino en el Vaticano, Rogelio Pfirter. En 2016, La administración de Mauricio Macri privilegió la candidatura de Susana Malcorra a la secretaria general de las Naciones Unidas, a la postulación de Rafael Grossi. 

En esas dos oportunidades se dijo que ambos eran favoritos en la carrera por la dirección del principal organismo internacional de regulación nuclear. La tercera fue la vencida. Y, sobre el final del mandato de Macri, Grossi fue elegido por la Junta de Gobernadores de la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA). El fallecimiento este año del titular de la OIEA, Yukiya Amano, abrió una nueva ventana de oportunidad que se supo aprovechar, con el propio Grossi como el responsable de las gestiones ante las potencias.

Argentina es uno de los país en desarrollo más avanzado en el campo del desarrollo nuclear pacífico. Exporta reactores médicos y de investigación, con clientes tan diferentes como Arabia Saudita y Holanda. También avanza en el proyecto Carem, un reactor atómico para producción de energía pequeño que podría colocar a la Argentina como un exportador en ese rubro. Con el Instituto Balseiro como su principal escuela y el INVAP como su usina más exitosa, el sistema científico argentino está en la vanguardia mundial de algunos campos, como el enriquecimiento de uranio con lasers. 

Qué dijo la prensa extranjera sobre la victoria electoral del kircherismo

Tiene además tres centrales nucleares en funcionamiento. Una la completó y puso en marcha el Kirchnerismo (Atucha II) otra culminó su proceso de prolongación de vida útil con el macrismo (Embalse). A pesar de las diferencias policías sobre este tema, como las que dejaron al embajador Pfirter fuera de la competencia, estuvo marcado por una continuidad, una política de Estado. El último logro, la venta de un reactor a Holanda, anunciado por Macri junto a la reina Máxima, fue una gestión que comenzó con el gobierno anterior. 

Por todas estas razones, que un argentino conduzca la OIEA es un hecho que parece natural, pero no por ello deja de ser un importante logro diplomático. También una carta clave que el gobierno saliente le deja al entrante. Alberto Fernández deberá tomar nota, máxime cuando su gobierno nace en tensión con el principal socio en temas nucleares de la Argentina: Brasil. 

Ese país fue en algún momento contendiente en una potencial escalada nuclear bajo regímenes militares. Una peligrosa bomba de relojería que supieron desactivar Raúl Alfonsín y José Sarney. La OIEA es parte del acuerdo cuatripartito, la salvaguardia de un desarrollo nuclear pacífico para los socios y la comunidad internacional.  

Antes de decir chicanas sobre el valor del dólar en la Argentina, Eduardo Bolsonaro, hijo y armador político del presidente brasileño, había dicho que su país debía pensar en tener bombas nucleares. Algo similar había dicho su padre Jair, el primer presidente democrático de Brasil que no saluda al presidente argentino electo. 

Su canciller, el mismo que comparó a la victoria de Alberto con una victoria del mal, Ernesto Araujo, había dicho en el Consejo Argentino de Relaciones Internacionales, que su país mantendría el desarrollo pacífico. Pero también reconoció que alentaban un cambio en las normas de salvaguardia (y resistía avanzar con estándares más exigentes).

Alberto y Macri, la alianza menos pensada

Por ahora, no son más que declaraciones. Pero el futuro es incierto porque estas palabras se pronuncian en el contexto de un mundo cambiante,con Estados Unidos alterando acuerdos nucleares clave de la Guerra Fría, y otros países como Turquía insistiendo en su derecho de desarrollar un arma nuclear. Por eso es importante que un gobierno deje a su sucesor un logro diplomático que la administración entrante deberá saber aprovechar. 

Grossi pasa a ser un actor independiente y no representará al país como lo hacía hasta ahora. Pero no deja de ser un dato clave, en un momento de tensión bilateral. Por ahora, afortunadamente, más allá de la pirotecnia verbal de los Bolsonaro, nada indica que vaya a surgir una controversia real con Brasil en este tema tan delicado. Más aún, la elección del diplomático argentino se logró con un fuerte apoyo de Brasil (y de Estados Unidos). Una cosa es discutir por el "lawfare" otra sobre armas de destrucción masiva: la definición de hoy muestra que el acuerdo fundamental, que cimienta la relación bilateral pacífica, sigue vigente.


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