La canción que Pedro y Pablo convirtieron en emblema de una generación volvió a escucharse ayer en Plaza de Mayo, esta vez como nombre y cierre de una movilización contra el gobierno de Milei. La Marcha de la Bronca reunió a más de 350 organizaciones sociales, sindicales, políticas, culturales, estudiantiles y de derechos humanos, y tuvo expresiones simultáneas en decenas de ciudades del país.
Las columnas comenzaron a concentrarse por la tarde en los alrededores del Congreso y avanzaron por Avenida de Mayo hasta colmar la plaza. Jubilados, trabajadores despedidos, agrupaciones de personas con discapacidad, centros de estudiantes, movimientos piqueteros, sindicatos combativos y partidos de izquierda confluyeron detrás de una consigna común: transformar el descontento con las políticas oficiales en una acción coordinada que no se agote en la protesta de un día.
Myriam Bregman, una de las impulsoras iniciales de la convocatoria, sostuvo que la multitud reunida demostró que existe una voluntad extendida de enfrentar al Gobierno. “Hay que organizar la bronca para acabar con la miseria y la entrega del país”, afirmó.
El documento leído en el escenario cuestionó tanto al Poder Ejecutivo como a los gobernadores y legisladores que acompañaron sus proyectos en el Congreso. También responsabilizó a las conducciones sindicales por haber dejado aislados los conflictos y reclamó un paro nacional activo, acompañado por un plan de lucha que desemboque en una huelga general.
Bregman anunció que las organizaciones buscarán mantener el espacio construido durante la preparación de la marcha y convocar a una movilización todavía mayor cuando el Congreso discuta el Presupuesto. Según señaló, el proyecto oficial profundiza el ajuste sobre las universidades, la ciencia, la salud, la discapacidad y los ingresos de trabajadores y jubilados, mientras preserva partidas destinadas al pago de la deuda y a otras prioridades del Gobierno.
Nicolás del Caño destacó el carácter federal de la jornada y dedicó parte de su intervención al conflicto de FATE. Los trabajadores de la fábrica de neumáticos llevan casi siete meses de lucha contra el cierre y los despidos masivos y enfrentan ahora una orden judicial de desalojo. El diputado reclamó una solución urgente y vinculó esa pelea con las que sostienen otros sectores castigados por las medidas oficiales.
“Hay muchos laburantes peleando por sus puestos de trabajo”, dijo Del Caño, quien mencionó además al colectivo de la discapacidad, a los estudiantes y a quienes resisten los recortes en distintas áreas del Estado. También cuestionó a los dirigentes opositores que proponen esperar hasta las elecciones de 2027 mientras crecen el desempleo, la precarización y la pérdida de poder adquisitivo.
En la plaza convivieron las demandas salariales, el rechazo a la reforma laboral, la defensa de la educación y la salud públicas, la emergencia en discapacidad, los conflictos fabriles y la denuncia de la represión.
El escenario político ocupó buena parte de los discursos. Los convocantes insistieron en que Milei pudo avanzar gracias al respaldo obtenido en el Congreso, los acuerdos con los gobernadores y la pasividad de las principales centrales obreras.
Después de la lectura del documento, un grupo de músicos interpretó “La marcha de la bronca”, la canción compuesta por Miguel Cantilo y Jorge Durietz en 1970, que recuperó así su condición de himno político. El cierre musical condensó el sentido buscado por la convocatoria: que el malestar deje de circular como una suma de padecimientos individuales y encuentre una forma colectiva de hacerse oír. La próxima prueba será el tratamiento del Presupuesto, cuando las organizaciones intentarán demostrar que la marcha de ayer no fue un episodio aislado, sino el comienzo de una articulación más amplia.