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POLITICA / G20
viernes 30 noviembre, 2018

Macri y el G20: entre la insignificancia y la reelección

Mientras la atención se centra en la bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping, Macri buscará mostrar que somos un país relativamente normal.

por Agustino Fontevecchia

Distintas organizaciones saciales marchan contra el reunuión del G20. Foto: Marcelo Silvestro

Aceptar la relativa insignificancia de la Argentina en términos de geopolítica global es una condición necesaria para poder empezar a analizar qué quiere decir esta histórica cumbre del G20 para el país y para Mauricio Macri. Mientras el mundo pondrá su atención en el resultado de la bilateral entre Donald Trump y Xi Jinping, Macri buscará mostrar que somos un país relativamente normal, digno de ser invitado a sentarse en las mesas más importantes de la política internacional, como también de recibir financiamiento por parte de inversores del hemisferio norte y organismos multilaterales como el Fondo Monetario Internacional. Todo esto, si le sale bien, podría marcar el comienzo de un cambio de aire a nivel domestico que le permita apostar fuertemente por la reelección, lo cual implicaría el fin del fantasma de Cristina Fernández de Kirchner y su receta de populismo de pseudo-izquierda.

Que esta es una de las cumbres del G20 más tensas de los últimos años se viene repitiendo sin parar en todos los medios del exterior. Luego de la crisis financiera global del 2008, estamos frente a un panorama donde las victorias electorales de Trump y el Brexit, junto con el crecimiento de fuerzas políticas nacionalistas en varios continentes, ponen en serio cuestionamiento el paradigma global hegemónico desde la caída del Muro de Berlin. Es decir, la globalización como fuerza de bien en base a un capitalismo financializado y la democracia representativa como modelo de organización social han decepcionado, generando un mundo de extrema desigualdad económica y una crisis de representación política. En ese contexto, la guerra comercial que Trump le declaró a China—que tiene fuertes impactos económicos para la Argentina, los mismos EEUU y el resto del mundo—, de no resolverse, puede llevarnos hacía una “nueva guerra fría”.

Para Macri, el mayor éxito sería que la cumbre de Buenos Aires sea recordada como el momento en el cual las dos mayores economías del mundo firmaron una tregua que garantizó un futuro de estabilidad económica, ecuanimidad, y paz. Ya puede contar con la firma del llamado NAFTA2 entre EEUU, Canada y México, y seguramente logre sacarle compromisos al premier ruso Vladimir Putin y a su par chino para invertir en infraestructura, transporte y principalmente Vaca Muerta

La reunión con la Primer Ministra Británica Theresa May es también un triunfo político de Macri, logrando la primera presencia de un primer mandatario del Reino Unido en Buenos Aires desde la Guerra de Malvinas, y profundizando su estrategia de colaboración en el Atlántico Sur. Es también importante la presencia de Putin dado los conflictos en Ucrania y Siria, como también del cuestionado principe Mohamed bin Salman de Arabia Saudita, considerado tóxico debido al asesinato del periodista Jamal Khashoggi en su consulado en Estambul.

Más allá de algunos otros compromisos relativamente menores que puedan tener que ver con el comercio (tratados de libre comercio, posicionamiento de Mercosur, etc), es importante para Macri pasar desapercibido, como se le pide a los árbitros en los partidos de fútbol importantes. El desastroso operativo de seguridad que desembocó en la suspensión de la final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Juniors—llevando el Superclásico a Madrid para garantizar la seguridad—debe quedar tapado por un despliegue perfecto de las fuerzas a cargo de Patricia Bullrich en las marchas anti-G20, algo poco probable si analizamos el historial de sus últimas intervenciones. La organización del evento, las noches de gala y las cenas tienen que salir impecables. Juliana Awada tiene que deslumbrar y los líderes del mundo se tienen que ir del país con una buena imagen.

De ser así, Macri podría intentar finalmente volcar su capital político acumulado en el plano internacional al frente domestico, donde no le va muy bien. El fracaso de sus políticas macroeconómicas, dejando el país en recesión y con una inflación similar a cuando asumió, ha llevado a un deterioro notable de su imagen, a tal punto que Cristina lo empezó a alcanzar y hasta superar en algunas encuestas. Como el supuesto Peronismo racional no existe ni en figuritas, y la estrategia ganadora de Jaime Durán Barba y Marcos Peña seguirá siendo la grieta, CFK estará omnipresente en todo momento hasta las elecciones.

Aparecen dos contradicciones. Uno de los mayores logros de la presidencia de Macri fue insertar al país nuevamente en el plano internacional, logrando que el Fondo nos preste para evitar una crisis más profunda, pero cediendo la soberanía económica y monetaria, profundizando el ajuste que él no pudo o no quiso implementar en los primeros dos años. Esa misma fragilidad económica es la causa de su baja imagen y del crecimiento de CFK, junto con el cuco del FMI. Y, la estrategia de polarizar con Cristina convirtió al Pro en una máquina de ganar elecciones, pero ayuda a crecer a la ex presidenta que justamente es la única que podría ganarle en 2019.

En fin, la presidencia del G20 y el préstamo record del FMI son una demostración de que la comunidad internacional apoya a Macri. Si logra llegar al lunes con una cumbre sin mayores sobresaltos, y quizás con un comunicado final alentador, entonces tendrá un argumento más para decirle a los argentinos que la vuelta de Cristina es lo último que quiere el mundo. Pero si algo se le escapa de las manos, las consecuencias para sus aspiraciones políticas pueden ser letales.


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