El Dr. Robert McCreight, un experimentado analista de biodefensa y exfuncionario del Departamento de Estado de los EEUU, sufrió lesiones cerebrales permanentes y daños en el oído interno tras exponerse voluntariamente a un dispositivo de microondas de alta potencia construido por él mismo.
El objetivo del científico era demostrar empíricamente que las armas de energía dirigida no podían ser la causa del "Síndrome de La Habana", una serie de dolencias neurológicas reportadas por diplomáticos estadounidenses en todo el mundo.
Sin embargo, tras activar el prototipo en su entorno doméstico, McCreight manifestó de inmediato síntomas de conmoción cerebral, pérdida de equilibrio y zumbidos crónicos, convirtiéndose en una prueba viviente de la peligrosidad de estas tecnologías.
Lo que comenzó como un experimento de garaje para desmentir una "histeria colectiva" terminó en una tragedia personal que paradójicamente podría haber validado la misma amenaza que él intentaba desacreditar. Al activar su prototipo casero, el científico no solo disparó una frecuencia de radio de alta intensidad, sino que sentenció su propia salud neurológica, convirtiéndose en el paciente cero de su propio invento.
Un experimento de alto riesgo
McCreight, cuya carrera se había centrado en analizar amenazas existenciales, construyó un dispositivo de microondas de alta potencia utilizando componentes que, según él, cualquier actor estatal o grupo terrorista podría adquirir de forma encubierta.
Su hipótesis era simple: si un dispositivo así no podía causar daños reales, el Síndrome de La Habana debía tener una explicación puramente psicológica o ambiental. Sin embargo, el diseño fue demasiado "exitoso" en su capacidad de concentrar energía.
Durante las pruebas iniciales en su domicilio, McCreight se expuso directamente a las emisiones del aparato para medir su impacto. "Quería ver si era posible que una señal de este tipo atravesara paredes y afectara el tejido humano sin dejar quemaduras externas", señalan fuentes cercanas a la investigación.
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La respuesta llegó casi de inmediato en forma de mareos debilitantes, pérdida de equilibrio y un zumbido agudo persistente, los mismos síntomas reportados por los diplomáticos en Cuba y Austria.
Tras ser trasladado a centros médicos especializados, las resonancias magnéticas y las pruebas cognitivas revelaron lo que el Dr. McCreight no quería creer: un daño significativo en la materia blanca del cerebro y lesiones en el oído interno consistentes con la exposición a energía de radiofrecuencia pulsada. Los médicos han calificado su estado como un "trauma cerebral no mecánico", una condición donde el cerebro presenta signos de una conmoción cerebral sin que haya habido un golpe físico.
"El caso del Dr. McCreight es una advertencia brutal sobre los peligros de la energía dirigida. No solo se causó un daño irreversible, sino que demostró que la tecnología necesaria para incapacitar a un ser humano es aterradoramente accesible", declaró un analista de seguridad nacional tras conocerse los detalles del incidente.
Expertos neurológicos que han seguido el caso indican que el científico padece ahora déficits de memoria a corto plazo y dificultades motoras, lo que supone el fin de su carrera activa en la investigación de campo.
Este suceso reabrió las heridas de un debate diplomático que la administración estadounidense intentaba cerrar. Mientras que algunos informes de inteligencia previos sugerían que era "altamente improbable" que un adversario extranjero utilizara armas de energía, el accidente de McCreight demuestra que la física detrás del fenómeno es real y reproducible, incluso en condiciones no militares.
El impacto a futuro de este incidente es doble. Por un lado, proporciona a los investigadores médicos un caso de estudio con parámetros de exposición conocidos —algo que faltaba en los casos de diplomáticos—. Por otro lado, intensifica el temor de que la proliferación de estas tecnologías de "energía dirigida" sea mucho más sencilla de lo previsto, dejando a las delegaciones internacionales en una posición de vulnerabilidad sin precedentes.
ds