SALUD
A CASI 40 AÑOS DEL DESASTRE

El rastro de Chernóbil: la ciencia identifica las huellas de radiación en el ADN de hijos de trabajadores

Un nuevo estudio genómico revela un aumento de mutaciones raras en hijos de trabajadores de Chernóbil, confirmando por primera vez un impacto transgeneracional de la radiación nuclear.

La central nuclear de Chernobyl
La nueva estructura de protección dispuesta sobre la central nuclear de Chernobyl en Ucrania | AFP

Cuatro décadas después del desastre de la central nuclear de Chernóbil, los hijos de los trabajadores siguen viviendo con las consecuencias de las consecuencias.

Durante casi cuatro décadas, la pregunta sobre si el desastre nuclear de Chernóbil dejó una marca biológica en los descendientes de quienes enfrentaron el horror fue motivo de debate, estigma y desinformación. Lo que comenzó como un incendio en el reactor número 4 en 1986 se transformó en una sombra que persiguió a los hijos de los "liquidadores" y civiles evacuados.

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Ahora, una investigación de vanguardia ha logrado desentrañar lo que el ojo humano no podía ver: la radiación ionizante no solo afectó a quienes estuvieron allí, sino que dejó "cicatrices" específicas en el código genético de su descendencia.

A diferencia de estudios previos que ofrecían resultados ambiguos, esta nueva investigación internacional, liderada por expertos de instituciones como la Universidad de Bonn, ha utilizado técnicas de secuenciación de última generación para mirar donde antes no era posible.

El hallazgo no habla de monstruosidades de ciencia ficción, sino de alteraciones sutiles pero significativas que obligan a la comunidad científica a replantearse los protocolos de seguridad radiológica y el seguimiento médico a largo plazo de las poblaciones afectadas.

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El núcleo del estudio radica en la identificación de las llamadas mutaciones de novo agrupadas (cDNM). Estas son alteraciones en el ADN que no están presentes en los padres, sino que surgen espontáneamente en las células reproductivas o durante el desarrollo embrionario. Los científicos analizaron el genoma completo de 130 hijos de trabajadores de limpieza ucranianos y compararon los resultados con grupos de control, incluyendo descendientes de militares alemanes expuestos a niveles menores de radiación.

"Hemos encontrado un aumento significativo en el recuento de cDNM en los hijos de padres irradiados, estableciendo una asociación potencial entre la dosis estimada y el número de mutaciones", informaron los investigadores en su estudio.

Los datos son reveladores: mientras que el grupo de control presentaba una media de 0,88 mutaciones agrupadas por niño, los hijos de los trabajadores de Chernóbil mostraron un promedio de 2,65. Este salto estadístico representa la primera evidencia clara de un efecto transgeneracional provocado por la exposición prolongada a bajas dosis de radiación ionizante, un fenómeno que hasta ahora carecía de una base científica tan sólida.

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El estudio explica que la radiación crea moléculas conocidas como especies reactivas de oxígeno (ROS), las cuales actúan como proyectiles químicos capaces de romper las hebras del ADN. Cuando estas rupturas ocurren en las células germinales (esperma u óvulos) de los padres y el cuerpo intenta repararlas de forma imperfecta antes de la concepción, se generan estos "clústeres" de mutaciones que el hijo heredará en todas las células de su cuerpo.

Afortunadamente, el análisis de impacto ofrece un matiz de alivio: la mayoría de estas mutaciones se encuentran en el llamado "ADN no codificante". Esto significa que, aunque la estructura genética ha cambiado, no necesariamente se traduce en una enfermedad inmediata o una discapacidad. Sin embargo, la presencia de estas alteraciones es un marcador biológico de que el daño ambiental ha saltado la barrera de una generación a otra, un hecho que redefine la responsabilidad histórica de los estados nucleares.

Este descubrimiento tiene repercusiones que van mucho más allá de las fronteras de Ucrania. En un mundo que aún depende de la energía nuclear y que enfrenta amenazas constantes de incidentes radiactivos, la confirmación de que la exposición de los padres puede alterar el mapa genético de sus hijos es un llamado a la acción. El estudio sugiere que la salud de las generaciones futuras debe ser monitoreada con herramientas genómicas, no solo clínicas, tras cualquier desastre ambiental de gran escala.

La importancia de este hallazgo reside en su capacidad para validar la experiencia de miles de familias que, durante años, sintieron que su salud era ignorada. Si bien el riesgo de enfermedad inmediata puede ser bajo, la ciencia ahora reconoce que Chernóbil no fue un evento con fecha de finalización, sino un proceso biológico activo que continúa replicándose en las células de los nacidos mucho después de que el sarcófago fuera sellado.

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