Los incendios forestales vuelven a ocupar un lugar central en la agenda ambiental y social de la Argentina. En este comienzo de 2026 encontramos a la Patagonia atravesando una situación crítica, con múltiples focos activos que arrasan y amenazan ecosistemas únicos, especies nativas, comunidades locales y economías regionales.
Frente a este escenario, resulta imprescindible apoyar a los brigadistas en su esfuerzo por controlar las llamas. Luego, una vez extintas, habrá que reforzar las acciones de prevención, fortalecer los sistemas de alerta temprana y profundizar la concientización de la población local y de los turistas.
En nuestro país, la temporada de incendios varía según la región, pero durante el verano el riesgo se incrementa de manera significativa. Altas temperaturas, baja humedad, vientos intensos y períodos prolongados de escasas precipitaciones –cada vez más frecuentes como consecuencia del cambio climático– generan condiciones propicias para incendios de gran magnitud. A estas condiciones naturales se suman las acciones humanas, como quemas para limpieza de terrenos, fogatas mal apagadas, colillas de cigarrillos y el uso irresponsable del fuego, que son las causantes de la mayoría de los incendios.
El fuego arrasa con la vegetación, la vida silvestre y las comunidades a su paso. El daño sin dudas ya es enorme, pero una vez que lo peor pase, será el momento de trabajar en la restauración de lo que se perdió. Sin dudas, ese debe ser el camino que deberemos emprender.
*Director general de Fundación Vida Silvestre Argentina.