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SOCIEDAD / primera parte
sábado 9 marzo, 2019

Ocho mujeres en lucha por la igualdad

Diana Maffía, Pola Oloixarac, Carla Peterson, Candela Omodeo, Patricia Valli, Marcela Romero, Macarena Sánchez y Erica Hynes se reunieron en PERFIL para una charla-debate. En esta primera parte (mañana la segunda), cómo se definen, qué entienden por feminismo y los logros y desafíos del movimiento.

8M. Ocho mujeres, ocho miradas. La escritora Pola Oloixarac, la ministra Erica Hynes, la filósofa Diana Maffía, la dirigente trans Marcela Romero, la periodista Patricia Valli, la actriz Carla Peterson, la estudiante Candela Omoedo y la futbolista Macarena Sánchez. Foto: Nora Lezano

CÓMO SE DEFINEN

Candela Omodeo: Mi lucha durante estos cinco años fue principalmente desde el Centro de Estudiantes del ILSE. Con compañeras generamos una Secretaría de Género, un espacio de sororidad, solo de mujeres, con distintas actividades tanto para chicas de mi edad como para las de 13 años, para ir aprendiendo y debatiendo en distintos ámbitos. Hicimos un debate sobre Educación Sexual Integral, un taller de autodefensa, nos juntamos a hablar sobre el feminismo. Día a día íbamos dándonos cuenta de las actitudes, por ejemplo de un profesor, que es completamente machista. La lucha es en las calles, en las marchas, pero también dentro del colegio. Por ejemplo, un logro importante fue la implementación de un Protocolo de Género para casos de abuso. Fue una lucha dura, no querían hacerlo porque decían que no era responsabilidad del colegio.Todos los espacios tienen que ver con el feminismo y tienen que hacer algo respecto de la situación de la mujer, sea un colegio o una oficina.

Erica Hynes: Yo soy ministra de Ciencia y Tecnología de la provincia de Santa Fe. En el gabinete somos cinco ministras y una secretaria de Estado. Tenemos una representación elevada en el gabinete, y esto tiene una historia. Nuestra provincia tiene políticas de género y está a la vanguardia desde 2012 con el Programa de Igualdad de Oportunidades y Derechos, y en el caso mío, además de ser ministra, soy investigadora del Conicet, soy profesora en la Facultad, y tengo una militancia feminista y política desde mi época estudiantil.

Cuando asumí el Ministerio me interesó que esta mirada con este enfoque de género atravesara toda la gestión. Así que estamos trabajando fuertemente en estas políticas, que todo tenga una mirada de género. Eso en nuestro ministerio es una discusión que se da bastante fácilmente, no así en todas las áreas de gobierno. Ustedes saben que para que el género realmente penetre el núcleo duro de todas las acciones que tomamos y de todas las planificaciones políticas que hacemos es una gran dificultad. Por eso ningún esfuerzo es poco y en mi caso particular lo estoy llevando desde el Ministerio y con todo el equipo. El 6 y 7 de junio haremos un Congreso de Género de Ciencia y Tecnología de Santa Fe. Queremos hacer una vanguardia en perspectiva de género en el país.

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Macarena Sánchez: Mi nombre es Macarena Sánchez, tengo 27 años, soy jugadora de fútbol. Mi lucha es lograr la profesionalización del fútbol femenino. Lograr que tenga otro enfoque, no el que estamos acostumbrados a ver, que es homofóbico, transfóbico, misógino y machista. Lo principal pasa por la profesionalización, que las jugadoras sean reconocidas como trabajadoras, que tengan mejores condiciones laborales. Este problema se vio siempre pero logró mayor visibilidad a partir de mi caso: me echaron a mitad de torneo y no tuve la posibilidad de irme a otro club. Esto se da porque, al no tener contrato, ni ningún amparo legal, los clubes hacen con nosotras lo que quieren. No tenemos un gremio, nada que nos ampare legalmente cuando pasan estas situaciones. Muchas de las jugadoras no cuentan siquiera con obra social.

Lo que estamos pidiendo es poder vivir de esto como hacen los hombres. Porque estamos haciendo exactamente lo mismo, pero con triple esfuerzo porque casi todas las jugadoras tenemos que trabajar en otras entidades y dependencias, y esto hace que no podamos dedicarnos cien por ciento a lo que nos gusta. Considero fundamental que el fútbol y el feminismo vayan de la mano.

Carla Peterson: Yo soy Carla Peterson. Empecé a militar por el aborto legal, seguro y gratuito, fue mi primer paso bastante fuerte y temeroso, porque no sabía adónde iba a llegar. Todo empezó cuando tuve a mi padre en una situación muy complicada en un hospital y ahí vi una chica de clase media de 19 años morir por un aborto mal practicado. Vi cómo lloraban, todas éramos esa familia, esa chica. Vengo de una familia donde las mujeres siempre tuvieron que llevar adelante carros tan pesados. Entonces dije yo acá tengo mucho por hacer. Eso quedó guardado y siempre dije algún día me gustaría poner mi cuerpo, mi cara y mi voz en esto. Cuando el año pasado me entero de que por primera vez se iba a tratar en el Congreso la ley, dije es ahora.

Lo lindo de esto fue correrme del primer plano. En forma colectiva pudimos hacer esto mucho más grande, el movimiento de Actrices Argentinas. Nunca imaginé que iba a estar tan acompañada, que el miedo iba a desaparecer y que no iba a importar tanto ya si me querían o no me querían. Esta lucha había que darla para dejar en este suelo algo más importante que una buena película para ver en Volver, sino algo para mis hijos. Hace un gran trabajo este colectivo de actrices que se junta todas las semanas. Después de la denuncia de Thelma cayeron lluvias de denuncias. Empezamos a pedir ayuda, información y nos pusimos a trabajar. Hay un protocolo, un trabajo de cuarenta páginas hecho con abogados, organizaciones feministas, sindicatos, Sagai, un material muy interesante. Además se está trabajando con gremios, asociaciones y productoras para crear ámbitos laborales más sanos.

Marcela Romero: Mi nombre es Marcela Romero, soy presidenta de la Federación Argentina de LGTB, gays, lesbianas y trans, y coordinadora regional de la Red Latinoamericana y del Caribe de personas Trans. Nosotras, las mujeres trans, vivimos en una lucha por nuestra identidad femenina, nuestra identidad de mujer. Nos cuesta cada día enfrentar al machismo y al patriarcado, que continuamente nos humilla, nos somete. Siempre encontramos una barrera cuando queremos avanzar, aun con ley, es terrible cómo no se respeta la ley de identidad de género. El feminismo me ha enseñado a quererme más y a quererme realmente. A saber que nadie te tiene que faltar el respeto, nadie te tiene que humillar, porque vos sos una mujer.

Mi lucha con todas mis compañeras es la misma lucha. Creo que ninguna persona que lucha por los derechos humanos puede discriminar a nadie. En Argentina ya van 22 mujeres trans asesinadas en lo que va del año. Nosotras decimos crímenes de odio con saña. El año pasado en Argentina hubo más de ochenta mujeres trans asesinadas. Nosotras hicimos un informe que en Latinoamérica 2.800 mujeres trans fueron asesinadas. En otros países las mujeres trans son encarceladas, mutiladas, nos exigen que tenemos que tener un cambio de sexo para ser mujer. También soy directora de la casa trans en Argentina, un espacio donde las compañeras pueden venir terminar la primaria, la secundaria, aprender un oficio.

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También fortalecemos a las compañeras, deconstruirnos ese machismo en el que nos criaron a todos y todas, hay que sacarnos todo lo que nos metieron en estos años. Queremos que una mujer trans pueda ir a buscar un trabajo, pueda vivir, decidir por nuestros cuerpos, que podamos ser madres, abuelas, tías. Mujer es una sola lucha, si no nos juntamos, solas no vamos a poder hacer nada. Agradezco esta invitación.  Para una mujer trans poder estar dentro del feminismo es lo mejor que nos puede pasar.

Pola Oloixarac: Mi nombre es Pola Olaixarac, soy escritora. Estoy muy feliz de estar acá, me fascina que por un lado tenemos personas como Diana (Maffía) que de alguna manera están pensando la discusión, y también como Marcela, con la idea de feminismo como una forma de autoconocimiento, de amor propio también. Justamente porque soy madre apoyo el aborto, me gustaría mucho que esa ley salga. Me parece fundamental que los chicos lleguen a un entorno donde son queridos y hay que tener en cuenta ese proceso, esa transformación increíble del cuerpo que no es trivial, y que es totalmente metafísica, y que por eso no todo el mundo tiene que atravesar en términos obligatorios.

Mi lucha sería la posibilidad de discutir, de escribir, de pensar. Creo que lo más divertido que podemos hacer en este trayecto es amarnos a nosotras mismas, poder entendernos, discutir, pero encontrar la forma donde este camino feminista sea lo más valerosamente luchador. Y que esa lucha no se oscurezca, no es necesario venir a pensar la categoría de mujer como una casita restrictiva. A las mujeres nos pertenece el mundo, el universo, a él vamos. El feminismo es la caja de herramientas que tenemos para volver a pensar dónde nos paramos, qué es lo que hacemos con nuestros cuerpos. Estar acá es un placer, y les agradezco a todas.

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Diana Maffía: Soy filosofa, hace muchas décadas feminista. Cuando leí filosofía del feminismo, cosa que por supuesto no hice en la universidad, sino por fuera, me encontré con que debajo de esos discursos, muchos de los cuales yo admiro por los filósofos que escribieron, había pensamientos terriblemente discriminatorios que además producían una marginalidad explícita en cuanto a las condiciones que tenemos las mujeres y a los lugares sociales que ocupamos. El feminismo desconoce un orden natural que supone que en la naturaleza está la función social que tenemos que cumplir las mujeres: esposas y madres, como dijo el Papa la semana pasada. También está esa visión de las mujeres como inferiores, que nos tienen que proteger para que no sigamos caminos errados. Cuando empecé a ver esos núcleos tan potentes, me enojé. Me dediqué mucho no solo a hacer una crítica de aquellos filósofos importantes, sino a hacer una reescritura, una teoría propia que no cuente con esos supuestos tan rígidos, que parta de la aspiración a la igualdad, que parece sencilla de decir pero muy difícil de hacer.

El feminismo tiene que ver con la acción, con nuestro compromiso en la praxis, por eso es una posición política. Los derechos humanos, el feminismo y la filosofía son un poco el trípode de mi manera de pensar. Soy profesora de la carrera de Filosofía, dirijo un posgrado de Género y Derecho en la Facultad de Derecho, desde hace unos años dirijo un Observatorio de Género de Justicia de la Ciudad de Buenos Aires, y desde hace unos meses en el diario PERFIL tengo una columna sobre defensoría de género. En todos lados hago más o menos lo mismo, un poco de pedagogía, una invitación a mirar de otra manera. No tengo una cuestión restrictiva, hace muchos años que acompaño el movimiento de la diversidad sexual.

Patricia Valli: Soy subeditora de Economía de PERFIL y creadora de una sección que se llama “50 y 50”, que apunta a abrir espacio en los medios a estos temas, sobre todo desde la economía. Hay una relación desigual entre mujeres y hombres donde existen brechas, pero básicamente es una lucha doble de tratar de abrir en los medios de comunicación espacios a debates para las mujeres, tratar de que haya cada vez más presencia, más editoras, con perspectiva de género.

La idea es trabajar desde la comunicación para generar igualdad en todos los sectores de la economía. Incluso en los sectores donde las mujeres son mayoría, son los peores pagos, los que son precarizados, donde hay mayor cantidad de trabajo en negro, son temas que atraviesan a todas.

QUÉ ES SER FEMINISTA

En este primer eje de la charla las participantes intercambian opiniones acerca de sororidad, el movimiento #NiUnaMenos,  la cultura machista y el patriarcado. Cómo cada una, desde sus ámbitos de referencia, trabaja por el cambio cultural.

Hynes: Simplemente una anécdota, tenía una carpeta que se llamaba feminismo y tenía un montón de archivos, y ahora se llama feminismos porque hay más de un feminismo, más de un enfoque. Tenía una charla con Mabel Belucci, y ella me dijo algo que me sorprendió mucho: “Lo más sorprendente es que en la teoría feminista sale una corriente e inmediatamente sale otra a contestarle y a rebatirla”. Y yo le dije “esa es una debilidad”, y ella me dijo “no, es una fortaleza”.

Y no me olvido más, porque cada vez que hay una disputa en el seno del feminismo –prefiero que no sean sangrientas, a veces son un poco duras– creo que habilitan un movimiento que está vivo, que está en la calle, que está creciendo, evolucionando en su teoría, que tiene mística, que tiene pavimento, redes sociales. Creo que es algo envidiable, así que no me preocupo tanto.

Prefiero que peleemos contra el patriarcado, no entre nosotras, pero no me preocupo tanto porque es un indicador de que estamos creciendo.

Omodeo: La primera palabra que se me viene a la cabeza es sororidad, porque es como lo atravesé yo. Es lo principal. Sin sororidad no podría haber feminismo. Sin que tengas una compañera al lado que diga estoy para vos, no habría feminismo. Sin generar un movimiento masivo de mujeres que entienden lo que estás pasando y saben lo que es, no habría feminismo. Es muy difícil que una piba se pueda construir sola y es fundamental que la deconstrucción sea entre compañeras. Una está ahí y dice que bueno que estoy con mis compañeras y me puedo sentir tranquila de lo que estoy haciendo, qué bueno que no me siento incómoda, qué bueno que puedo discutir esto.

Sánchez: Como les debe haber pasado a varias, siempre fui feminista pero nunca le había puesto un nombre. Me molestaban muchísimo las injusticias y las diferencias entre hombres y mujeres, y la no paridad en muchísimos ámbitos. Pero le puse un nombre a partir de la visibilidad que logró el feminismo en las marchas de #NiUnaMenos. Creo que siempre lo milité, y más en el fútbol, donde hay muchísimo machismo, incluso dentro de las propias jugadoras, y eso es lo más difícil de cambiar, la verdad es que cuesta muchísimo.

El feminismo me cambió la vida, un poco me la cagó, porque me tuve que deconstruir y me di cuenta de que todo lo que estaba pensando estaba mal, lo que me hicieron pensar de chica. Entonces me la cagó para bien, porque hoy soy otra persona. Tengo otro pensamiento por más que no estoy cien por ciento deconstruida. Volviendo al fútbol, es indispensable formar una nueva identidad, fuera de este ambiente machista y misógino en el que estamos.

Peterson: Fui descubriendo que era feminista, y que tenemos un largo camino. Las cosas cambiaron tanto gracias a otras mujeres feministas a las que consulto, las que me guían, me acompañan, me calman. Mujeres por las cuales yo hoy estoy acá hablando. Entonces me agarro de ellas, me abrazo, y está bueno.

Romero: Para mí el feminismo es poder enfrentar el sometimiento machista y patriarcal que hay. El feminismo me enseñó a quererme, a transmitirles a mis compañeras que no podemos estar más sometidas. Yo vengo de otra generación, donde hace veinte años yo decía “pegame y decime Marta”, o “pobrecito o pobrecita, está al lado mío porque me comprende porque soy travesti”. Me fui deconstruyendo y me pude fortalecer, empoderar, para poder decir “basta, hasta acá llegaste, bajá el volumen, bajá la manito, ahora te hago una denuncia”. Creo que esos son los pasos que tenemos que dar. A mi comunidad le digo que no podemos seguir siendo sometidas por el machismo. Yo soy una trans tradicional, siempre lo digo. Fui entendiendo que el machismo y el patriarcado no me permitieron ser madre. Hace treinta años una madre trans no existía. Aprendí que a nosotras el machismo y el patriarcado no nos dejó poder decidir cómo quiere uno vivir. Creo que el feminismo, y la lucha feminista en el mundo es lo mejor que nos puede pasar en este momento.

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Oloixarac: Yo creo que el feminismo es una revolución global, es imparable. Me parece que es muy interesante además disfrutarla porque estamos en el presente, en su calidad transformadora tanto de lo político como en lo interno. Me parece que pocos movimientos contemporáneos pueden darse ese lujo de utilizar una caja de herramientas que funciona tanto para el afuera, con grandes ambiciones de transformación política, como para la transformación interior. Me parece que todas podemos hacer muchas cosas con el feminismo, y lo tenemos que usar para nosotras, porque está ahí para nosotras.

Maffía: Yo inventé una definición de feminismo hace varios años por una cuestión pedagógica. Enseño filosofía feminista en la facultad, y después la usé en la tesis y me dio mucha vergüenza, porque la idea era algo que produjéramos colectivamente. Así que lo que voy a decir creo que es producto de muchos diálogos colectivos de los cuales pude sintetizar, qué es desde mi punto de vista el feminismo como movimiento. Creo que el feminismo es primero la constatación de la desigualdad, la pone en evidencia. Porque hay muchos datos que muestran objetivamente que hay desigualdad, en el goce de los derechos, en la distribución de los bienes sociales. La segunda cuestión es empírica, tiene que ver con cómo deberían ser las cosas y no cómo están dadas. Durante siglos no es que se ignoró que las mujeres estábamos peor, sino que era algo normal porque se nos consideraba inferiores. Y el tercer elemento, que es el más importante, tiene que ver con nuestras acciones de la vida cotidiana y de la vida profesional, pública. Si realmente creo que las mujeres están peor y que eso es incorrecto, debo hacer lo posible para no reproducir esa desigualdad y si puedo, para revertirla.

Lo posible es lo cotidiano, lo minúsculo, lo de todos los días, donde veo que esa desigualdad se manifiesta, decir yo no voy a participar en eso, no la voy a reproducir. Y si puedo, voy a tratar de modificarla. Es un compromiso muy humilde, pero requiere las mismas convicciones, porque eso puede pasar cuando escuchamos un chiste y nos reímos, cuando reproducimos la ridiculización de una mujer, cuando omitimos ciertos datos para que no circulen así evitamos que nos interpelen y nos molesten. Desde mi punto de vista lo que define al feminismo es la praxis y por eso lo considero una posición política.

También creo que no hay gerentes generales en el feminismo, sino que hay una enorme diversidad, y que el aporte desde el ámbito académico, intelectual, es una de las formas de la praxis posible. Pero no hay una jerarquía de praxis, no es que una feminista académica vale más que una feminista popular, son todas praxis posibles. No hay ninguna lectura que habilite o no para recibirse de feminista.

Valli: Creo que es una tarea de deconstrucción para todas. Pero también veo que quizás en los sectores más formales, en las empresas y las actividades económicas, cuesta mucho que las mujeres que están trabajando por la igualdad se definan como feministas. Esto tiene que ver con que hay una concepción acerca de lo que debería ser una feminista, que no hace falta que vaya a una marcha o se ponga un pañuelo. Pero lo que es indispensable es que en ese trabajo diario acepte que lo que está haciendo es feminismo, porque no hace falta una etiqueta l

Avances, logros y próximos desafíos

Con respecto a este eje, las posturas, miradas y experiencias de las entrevistadas son bien diversas. El 8M. Cómo deconstruir espacios y costumbres instauradas. Cómo imaginan el futuro.

Sánchez: En el ambiente del fútbol femenino hemos avanzado más en el último mes que desde 1991, cuando empezó el fútbol para mujeres. Deportivamente no sé si logramos mucho. Sí, logramos mucha visibilidad. Alzamos nuestra voz. Todo se logra con cuentagotas porque es un ámbito muy machista. Si hay algo que sobra en el fútbol femenino, es mucho miedo, porque toda nuestra carrera depende de otro que maneja todo el poder. Hay que dejar de ver el fútbol femenino como chicas que se están divirtiendo y reconocerlo como una profesión. Somos mujeres trabajando, a las que no se les están cumpliendo sus derechos. Esa es nuestra lucha.

Omoedo: Es muy difícil de definir cuánto se avanzó, porque  veo que avanzamos y retrocedemos, avanzamos y retrocedemos . Depende mucho de cada ámbito, pero en algunos espacios avanzamos más, en otros es más difícil. En cuanto a mi lucha desde el espacio de las alumnas, vamos abriendo camino y me enorgullece muchísimo que cada año se avance un poco más.

Hynes: Yo vengo del ámbito de las ciencias  y quiero reconocer a las mujeres que abrieron camino para nosotras. Hoy damos por hecho nuestra participación en ámbitos académicos, como alumnas, docentes, investigadoras. No siempre fue así y nos parece que está dado. Costó mucho. Dimos como feministas grandes saltos y estos últimos pasos son los que están costando mucho más, porque creo que hay mayor resistencia a medida que se avanza. Los núcleos duros que debemos atacar, con las mejores estrategias, son los estereotipos de género que se ven cada vez más fuertes. A su vez ahora están incentivados por el mercado, que reproducen su propia lógica, por ejemplo, los  juguetes de nenes y nenas. Hay que estar atentas porque eso nos saca grados de libertad a las mujeres. La economía del cuidado también es otro núcleo duro al que nos falta apuntar fuerte. Hay que entender desde el mercado y el Estado que la economía del cuidado es un asunto de todos, que hay que proporcionar respuestas que permitan a todos aprovechar por igual nuestras capacidades, así como cuidar y ser cuidados también.

Peterson: En el ámbito de actores y entretenimiento, se evidencia una confusión frente al avance del feminismo. Este año pasaron un montón de cosas que no creíamos que pudieran suceder, sobre todo en ámbitos tan públicos, y eso fue gracias a la unión, que nos fortaleció. Logramos corrernos de los protagonismos individuales y que sea protagónico el movimiento del colectivo de las mujeres. Las actrices más grandes trabajamos en forma interdisciplinaria, nos apoyamos entre todas. Y digo las más grandes, porque las más chicas son aviones que vienen con todo, no hace falta explicarles nada, la tienen bien clara.

Tenemos un trabajo enorme por delante. El colectivo de actrices, y los medios también. Tenemos que pensar qué historias vamos a contar, qué personajes vamos a interpretar, cómo se van a contar esas historias. No sé cuánto más cambio se va a ver, pero ya conseguimos cosas, ya vimos cambios: en el canal de la familia salimos con pañuelos verdes, apareció un chico trans en una historia.

Romero: El 8M es un día de unión. No hay que dividir, hay que evitar internas. No podemos permitir pelearnos entre nosotras porque es darle lugar al avance machista. Tenemos que debatir, consensuar, pero lo que no podemos nunca es excluir a ninguna mujer del espacio de lucha, ni por nivel académico, ni por nivel económico, ni por identidad de género. Nos tiene que interesar el fondo de la lucha, no cuál es más mujer que otra. Las argentinas tienen gran historia de lucha por sus derechos, y hoy el mundo está atento a esta nueva lucha. La mirada está puesta en la Argentina y el pañuelo verde. Hoy las jóvenes tienen toda una serie de herramientas que tienen que aprovechar, y esta lucha es de ellas también.

Las mujeres trans logramos mucho porque se avanzó en la ley de género, pero no estamos en la agenda de este gobierno, que se toma el trabajo de firmar un protocolo para las formas de detención de mujeres trans, pero no firma un protocolo para la salud integral. Hay protocolos de exclusión y no de inclusión.

Oloixarac: A mí me interesa vivir, hacer, pensar. No me interesa parar nada. Yo no voy a parar el 8M porque me parece hasta algo fálico, si se quiere, lo del paro. El lenguaje no para. La vida no para, y es más interesante y diversa si hay más gente haciendo cosas, trabajando, pensando, creando. Si pensamos que hay desigualdades, tratemos de inspirar a otras mujeres a hacer, a participar de los distintos ámbitos, a sumar.

Hace poco tiempo escribo en el suplemento Cultura de PERFIL y cuando fui invitada pensaba a priori que en Cultura había muchos hombres y pocas mujeres. Es más, pensé “qué machistas”. Después observando con detenimiento me di cuenta de que si se miran otras publicaciones, son mucho peor. Siempre me gustó de PERFIL que tiene grandes “papisas” como Beatriz Sarlo y me enorgullece que Diana Maffía también esté escribiendo ahora.

Tener mujeres aportando su voz hace a PERFIL mucho más rico y entretenido. Me gustaría ver más mujeres escribiendo. Le hace muy bien al diario y a la cultura en general.

Maffía: La ausencia es lo que muchas veces muestra lo que hacemos. El paro de mujeres pone de manifiesto todo lo que se quedaría sin sostén si nosotras no estuviéramos existiendo, haciendo todo eso que queda sin hacer. Silenciosamente sosteniendo la mitad del cielo (como dicen los chinos). Es un paro activo. No estamos donde nos explotan, donde nos invisibilizan, donde nos violentan. Estamos donde hay que estar, reclamando, debatiendo, visibilizando.

Hemos avanzado mucho, pero todavía falta repensar las instituciones para que realmente puedan ser abiertas e inclusivas. Hay que repensar los modelos de éxito que nos plantean. Elegir como mujeres lo que nos construye, nos identifica. Pensar cómo es ese éxito instituido y a qué costo personal se logra. Yo tengo un objetivo moral muy humilde, que es dejar el mundo mejor de lo que lo encontré. Lo que pasa es que no me ayudan (risas). Seamos solidarias entre nosotras, las mujeres tenemos que pensar y trabajar para transformar la propia identidad, los propios lugares sociales, nuestros espacios.

Los varones están un poco acorralados. La deuda sigue siendo una reflexión activa sobre la construcción colectiva de masculinidades. No somos nosotras las que les debemos dar las respuestas, la tienen que encontrar entre ellos. Y es ahí, colectivamente, donde hay una deuda. Vienen del patriarcado, del mundo misógino, pasando por la actual confusión que se genera, a encontrar un lugar nuevo, el de la nueva masculinidad.

Valli: “Es la economía, estúpide”. Vuelvo a la economía y a ser solidarias. Si tenés una empleada, que esté en blanco, garantizale sus derechos, que tenga su obra social. No nos pisemos entre nosotras. La lucha es por la igualdad, pero hay que darles herramientas a las mujeres para alcanzar esa igualdad. Considerar sus propias necesidades. Tratemos de buscar esa igualdad en otros ámbitos y abriendo nuevos espacios para darles una voz, un protagonismo, nuevas posibilidades a las mujeres.  Desde la columna “50 y 50” trabajamos para eso.

BRECHA SALARIAL

Patricia Valli: La brecha salarial, de ingresos para las mujeres, es de un 25% a nivel macro. Esto quiere decir que las mujeres en algunos lugares ganan menos que los hombres, en lo que se refiere al trabajo remunerado. Hay otra parte del trabajo de la mujer que no es paga, que se vincula al tiempo que dedica al cuidado del hogar, la limpieza, las tareas domésticas y el cuidado de la familia, que muchas veces recae en ella. Todo eso hace que se genere esa brecha, porque si bien en Argentina hay una concepción de igual remuneración por igual tarea, la realidad es que hay que analizar toda la carga que tiene la mujer más allá del ámbito laboral.

Probablemente el mayor sector que emplea a las mujeres en el país es el servicio doméstico, donde el 70% está en negro. Esto es una relación que se ve en todos los sectores de la economía, el hecho de que realicen trabajos más precarios. En este punto es donde todavía queda mucho por discutir, sobre cuál es el rol del Estado para apoyar a las mujeres y a las familias para igualar ese tipo de situaciones, cómo resolver la distribución del trabajo cotidiano y del cuidado del hogar y la familia. El futuro no es muy optimista en cuanto a resolver la brecha, queda mucho por recorrer.
 
Diana Maffía: La OIT (Organización Internacional del Trabajo) se creó hace cien años, y uno de sus objetivos era la paridad entre el hombre y la mujer. El año pasado crearon un mecanismo de indicadores más complejos para medir la brecha salarial, porque la cuestión del salario no es suficiente para medir esa brecha de género.

Hace cinco años comenzamos a investigar lo que significa la maternidad en las carreras de mujeres científicas. Las becarias del Conicet reclamaban que les dieran obra social y atención médica para su maternidad, porque se encontraban en situación de precariedad y no tenían contención social. Por eso, hablar de igualdad de condiciones e ignorar que existen estas diferencias es un pésimo camino para construir una política de equidad. Hoy en día las mujeres no discuten eso, retrasan los planes de maternidad hasta estar seguras de que van a entrar a la carrera de investigación.

Las decisiones se toman en función de un sistema que no toma en cuenta las diferencias y exige rendir determinadas cosas en disparidad de condiciones. Las mujeres nos hacemos cargo del trabajo doméstico y eso tiene un valor económico, lo que no tiene es un salario. En México han comenzado a medir cuánto aporta al PBI el trabajo doméstico. Nosotros no tenemos ese cálculo, pero sí encuestas de uso del tiempo, que muestran que las mujeres dedicamos más del doble que los varones a resolver estas cuestiones cotidianas.

Como decía Patricia, si sos feminista, y tenés una persona que realiza trabajo doméstico, tenela en blanco, pagale su ART,  sus vacaciones y su aguinaldo. Si no, no digas que sos feminista. Porque el modo en que liberamos a una mujer a costa de otras mujeres que resuelven sus tareas no tiene que ver con la praxis feminista. 

Existen categorías como el “techo de cristal”, cuando vemos en una institución cuáles son las maneras de progresar, queremos llegar a esos lugares pero no los podemos alcanzar. Otro fenómeno es el “piso pegajoso”, cuando en un trabajo alcanzamos un equilibrio porque “puedo salir corriendo para buscar a mi hijo en el jardín, hacer la comida, etc.” y me ofrecen un ascenso. La respuesta es negativa, porque resulta tan costoso alcanzar ese equilibrio que es preferible renunciar a un progreso para evitar volver a negociar todo nuevamente. Negociar es altamente conflictivo, incluso con nuestras parejas.

Y por último está el “efecto cañería que gotea”, es decir que muchas mujeres ingresan a la carrera científica y en un momento determinado desaparecen del sistema; en general esto sucede cuando tienen el segundo hijo, el motivo es algo más profundo a investigar. Pero con lo que gana una persona en ciencia, es lógico que todo su dinero se vaya en el transporte escolar, en la niñera, y aquello que no se va es la culpa infinita por no estar haciendo un maternaje  como nos enseñaron que debería ser. Somos científicas y tenemos que serlo a tiempo completo, somos madres y tenemos que serlo a tiempo completo, y no hay una posibilidad de dos tiempos completos. Alcanzar la igualdad salarial requiere tomar en cuenta las diferencias que se presentan en las tareas de cuidado, en las tareas reproductivas no en sentido biológico sino social y cultural, en la fuerza de trabajo. Tiene que estar bien delimitado, no deberían ser tareas feminizadas culturalmente.

SALUD REPRODUCTIVA, ABORTO LEGAL Y ESI

Erica Hynes: Es un tema muy importante y estamos hablando de ganar algunas leyes nuevas. Pero también tenemos que velar por el cumplimiento de las que existen.

La ESI (educación sexual integral) es muy atacada por grupos fundamentalistas, anticiencia, que pertenecen a la ideología del odio. Lo que buscan cuando dicen “con mi hijo no te metas”, “a mi hijo lo educo yo” es un permiso para seguir discriminando, para que en las escuelas se siga estigmatizando a las personas que son diferentes, donde todavía se habilite a los profesores a tratar como patología las orientaciones sexuales disidentes.

En Santa Fe tenemos una Ley de Educación provincial, que tiene media sanción en Diputados y todavía no fue aprobada en Senadores. En el Ministerio de Educación hubo una discusión amplia y plural, pero finalmente en Senadores no pasó, porque hay un artículo que dice que se garantizará la educación sexual integral con perspectiva de género, y esta palabra es determinante para su aprobación. Nosotros creemos que no podemos terminar la gestión sin esa ley aprobada.

Estamos tratando fuertemente el tema con los senadores, tratando de influir para lograr la sanción de la ley. Es así de fuerte la resistencia a incorporar el feminismo en la educación sexual integral, y es la única forma de que la educación sirva para algo, para evitar la discriminación, la humillación, para que las personas sean más libres, que no se embaracen sin desearlo, que puedan acceder a su salud y hasta evitar cosas terribles como irse de casa o posibles suicidios.

El aborto también es un tema complejo, en Santa Fe el protocolo de la ILE (interrupción legal del embarazo) se aplica desde hace treinta años, se trabaja muy bien, pero aun así tenemos muchos reclamos de que todavía no se puede garantizar en todo el territorio provincial, ya que hay sectores que son muy resistentes, pero se trabaja para cumplir la ley.

Macarena Sánchez: Creo que es fundamental que haya ESI en las escuelas. Fui a un colegio público y en el secundario fui a uno católico, y en ninguno de los dos obtuve información al respecto, algo que me parece indispensable. Yo tuve la suerte de tener una familia abierta al diálogo en estas cuestiones, y lo que aprendí fue porque mi mamá me llevó a la ginecóloga; con mi papá también lo podía hablar, y con mis amigas.
Sé que hay muchas personas que no tienen estos beneficios, que atraviesan otras realidades, entonces es necesario que cuenten con la información adecuada para poder evitar enfermedades, discriminación.

Candela Omoedo: En cuanto a la educación sexual integral, no se trata solo de explicar lo que es un pene y una vagina, sino lo que es discriminación y lo que no, con perspectiva de género. Son aspectos muy importantes que se van generando con el paso del tiempo y sobre todo con la lucha. Mi lucha en particular fue la del centro de estudiantes del ILSE reclamando que haya ESI, algo fundamental en un colegio secundario.
Siento que con las personas de “con mis hijos no te metas” se está haciendo un retroceso enorme. Siguen generando cambios que a mí me afectan mucho, ver que un colegio que está al lado del mío ni siquiera tiene una charla de educación sexual, el chico sale del colegio sin saber cómo colocarse un preservativo, sin saber sobre violencia en los noviazgos. Educar sobre estos temas es una de las luchas principales que tiene el feminismo.
 
Carla Peterson: Es muy difícil hacer cumplir las leyes. Todo lo que sucedió en torno al caso de la chiquita en Tucumán fue horrible. Uno se pregunta “¿cómo puedo hacer?”. Y este caso es el que conocemos, porque trascendió. Lamentablemente se la expuso demasiado. Cuando se trata de una nena violada, abusada, embarazada… frente a estos casos, ¿no era que sí? ¿Qué más hay que explicar? ¿Por qué es tan difícil hacer cumplir la ley?
El tema de la interrupción legal del embarazo ya está planteado en la sociedad y tomamos de improviso a mucha gente que ni se imaginó que iba a suceder todo lo que luego pasó.

Lo que me cuestiono es, si se aprueba la ley, cuánto van a tardar realmente en implementar esa ley.

Marcela Romero: En la comunidad trans no podemos tener la fortuna aún de una “salud sexual”, menos integral. La expectativa de vida de una mujer trans en Argentina es de 35 años.

Con respecto a la educación sexual, no es solo aprender a poner un preservativo, ni es educación de “planificación familiar”,  la educación sexual es mucho más, trasciende la reproducción. Es importante hablar de una educación sexual de género, pero agregarle de género en diversidad. Todavía hay profesores que para dar educación sexual se refieren a hombre y mujer, dejando de lado todo tipo de diversidad, de perspectiva de género.
Nos encontramos con personajes que usan la educación sexual para descargar toda su discriminación.

POLÉMICA POR EL LENGUAJE INCLUSIVO

Pola Oloixarac: El lenguaje inclusivo es lo más pavo del feminismo. Va a ser relevante el día que una poetisa rime “chiques” con “diques”, y ahí … vamos a poder empezar a pensar que puede tener una clase de incidencia en el lenguaje.

Me parece que hoy no hace a la fuerza del lenguaje, que es la fuerza de la creación de la literatura, que es la fuerza de la creación del pensamiento.
La gente es muy sensible frente al lenguaje. El Español es tan lujoso, tan rico… la “a” es hermosa, la “o” es hermosa, hay que usarlas. Le mer estebe serene no es nada.

Érica Hynes: Me divierte, como para elegir una emoción positiva, el odio que genera el lenguaje inclusivo. Hoy, en una búsqueda de trabajo, si se publica en Twitter “busco licenciades” se va a encontrar una respuesta de 600 haters. El fondo de la intención del tuit  y la búsqueda que era encontrar un sociólogo o socióloga, pero eso se pierde en un mar de odio.

No es una cuestión de reglas ortográficas, porque vivimos en un país donde se violan todas las reglas posibles, las de tránsito, las de la economía... El eje es otro: hay misoginia que se pone en evidencia. El lenguaje inclusivo es una provocación, y una sabe bien cuando lo está usando que es así. También hay registros, hay lugares y momentos para usarlo. Una cosa es entre amigos, en un grupo privado, otra en la redacción de un documento o una ley. El lenguaje inclusivo es el paradigma de los haters reaccionando frente al feminismo.

Diana Maffía: Lo que hay que pensar es si el lenguaje inclusivo viene a resolver algún problema. Preguntarse: ¿el lenguaje excluye y necesito resolver algún problema que se presente? Porque si no hay problema, entonces sí es una banalidad, pero yo creo que sí hay un problema que el uso del lenguaje trae: la visibilidad o no visibilidad de todos los sujetos que van a ser abarcados por el lenguaje. En algunos ámbitos, como el de los derechos, esto no es trivial, es sumamente importante.

Esto se discute en la Real Academia Española de la Lengua y en la Academia Francesa también. Yo digo siempre que la RAE es el Tribunal de la Inquisición de la lengua. Hay una burocracia que se apropia del lenguaje y habilita o no a dar lugar a un lenguaje que sea inclusivo. Hace cuarenta años no había cargos judiciales para mujeres en España, entonces una “jueza” es la esposa del juez por definición de la RAE. Ahora la realidad es otra; con el acceso a la igualdad en el ámbito laboral de las mujeres, la Academia está reevaluando las definiciones del uso del lenguaje. ¿Es “presidente” o “presidenta”, “juez” o “jueza”?

Para tratar adecuadamente un problema hay que encuadrarlo. Porque si no hay problema, entonces no hay fundamento para modificarlo. Hay muchas maneras de evitar el sexismo en el lenguaje –el androcentrismo– más allá de usar una “e” o una “x”; pero para que eso suceda, primero es importante que reconozcamos que hay un problema.

Hay que llegar a formular acuerdos entre la reglamentación absoluta y el derecho a la no invasión, a no ser violentado. Repensar otras formas de convivencia (y de otros lenguajes) que inviten sin eludir la posibilidad de las ambigüedades que son tan significativas, los soportes que pueden ser tan limitantes, pero sin arrasar la subjetividad de otra persona.

Creo que con el lenguaje pasa lo mismo: estoy a favor de repensar posibilidades de inclusiones, porque el lenguaje excluye, y en algunos casos excluye de manera peligrosa. No creo de ninguna manera que sea solución una vocal. Eso no.


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