SOCIEDAD
Récord histórico

Por el hambre y el aumento de la pobreza, el voluntariado social creció más que en 2001

Una encuesta de la consultora Voices revela que el año pasado, con una inflación del 94%, el 36% de los argentinos consultados realizó tareas voluntarias. Durante la crisis de 2001, la participación había llegado a un 32% pero luego ese número bajó a cifras más comunes, cercano al tradicional 20% de la población. Sin embargo, desde 2015 volvió a subir y el año pasado alcanzó su pico histórico. Según encuestas internacionales, Argentina se ubica en el puesto 46 del ranking de “actividad de voluntarios” hecho entre 69 países de todo el mundo.

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Situación de calle. Es una de las principales causas que convocan a la gente a realizar labores de voluntariado social. | NA

Hay un dicho clásico, e histórico, que suele ser usado para caracterizarnos como sociedad y suele expresarse en una frase contundente: “Los argentinos somos solidarios”. Pero ese lugar común y complaciente, ¿es verdad o no es más que una expresión de deseos? Una reciente encuesta realizada a un millar de argentinos, mayores de 16 años, en todo el país, reveló una interesante tendencia sobre este punto: en 2022 se llegó a un récord histórico: el 36% de los consultados contestó que “sí” cuando le preguntaron si en los últimos 12 meses había realizado tareas voluntarias.

“Nosotros venimos investigando esta temática desde 1997, y lo que vemos en los últimos años es que hay una tendencia a la suba de personas que afirman que trabajan y dedican parte de su tiempo libre a realizar tareas para alguna entidad sin fines de lucro y sin recibir remuneración o salario a cambio”, le aseguró a PERFIL Constanza Cilley, directora de la consultora Voices y coordinadora de esta investigación. Y agregó: “Hemos hecho un seguimiento como tendencia histórica y lo que encontramos es que, cuando se agudizan las crisis económicas en Argentina, también aumenta la cantidad de personas que se suman a hacer algún tipo de trabajo voluntario. Para cuando la situación económica general mejora, estas contribuciones disminuyen y se vuelve a las cifras ‘naturales’ de colaboración social”.

Según esta experta, en tiempo normales, dos de cada diez personas aseguran hacer voluntariado, pero cuando la crisis arrecia esta cifra sube. Eso se vio claramente en los duros años que transcurrieron tras 2001, cuando la participación creció hasta el 32% de los argentinos. Luego esa cifra descendió a números más comunes y cercanos al tradicional 20% de la población. Pero desde 2015 volvió a subir, y el año pasado alcanzó un pico histórico: el 36%.

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¿Y dónde nos colocan estos datos entre otras naciones? Según encuestas internacionales, en la posición 46 de un ranking de “actividad de voluntarios” hecho entre 69 países de todo el mundo.

Detalles

Al diseccionar la encuesta, aparecen algunos elementos llamativos. Por ejemplo, según Cilley, “a nivel de género no hay una diferencia significativa entre hombres y mujeres a la hora de ayudar”. Y otro dato interesante es que, tradicionalmente, en Argentina el voluntariado era una actividad asociada a gente de edad intermedia: 31% vs 17% entre los jóvenes y 20% entre los mayores de 50 años. “Pero lo bueno es que estamos viendo –en los últimos años– que crece el voluntariado entre las personas más jóvenes: ya el 54% de quienes tienen entre 18 y 24 años afirma haber realizado alguna afectividad voluntaria en los 12 meses anteriores a la realización de la encuesta”, dijo Cilley. Además, el voluntariado es una actividad especialmente sólida en el interior del país, con cifras que rondan el 26% en las provincias y alrededor del 15% en Buenos Aires. 

Razones

¿Cuáles son los principales factores o experiencias por los cuales la gente realiza tareas voluntarias? Las tres respuestas más elegidas fueron:

  • Conocer y tomar conciencia de los problemas de la gente;
  • Seguir los valores o ejemplos que recibió de sus padres, y
  • Tener o haber tenido contacto con familiares o amigos que tienen o tuvieron serios problemas económicos.

Justamente este punto es distintivo para Cilley, que afirmó: “Tenemos datos que indican que el argentino es extremadamente solidario con su familia, con sus amigos y con su círculo íntimo. Sin embargo, le cuesta mucho confiar en otros grupos sociales”. De hecho, una de las preguntas de la encuesta indagaba sobre si es posible confiar en la gente, y más del 80% sostuvo que “hay que tener mucho cuidado al tratar con otras personas”. En otras palabras, “es un síntoma claro de una fuerte crisis de confianza, no solo la ya histórica sobre las instituciones, sino que también se extiende a nivel interpersonal”, dijo la experta.

Finalmente, otra pregunta indagó sobre cuáles son las causas que más convocan a la tarea de voluntariado y solidaridad. Las razones más comunes son “pobreza, hambre y personas en situación de calle”. En segunda instancia, conmueve todo lo relacionado con temas de salud y prevención. Y recién en tercer lugar aparece la temática ecológica. En este sentido, un elemento que viene convocando cada vez más en los últimos tiempos, especialmente en las grandes urbes, son temas ligados al rescate y refugios para animales. Pero, básicamente, a la hora de ayudar, los argentinos priorizan las causas sociales.

 

La cultura de donar dinero

Otro estudio de opinión pública hecho por la misma consultora indagó sobre la actitud de los argentinos y las donaciones de dinero a organizaciones no gubernamentales (ONG), mostró que la confianza de los argentinos en las ONG está dividida: cuatro de cada diez confían en estas organizaciones mientras que cinco de diez dicen no confiar.

Hoy, 22% de los argentinos señala que dona dinero a organizaciones de la sociedad civil (OSC). Y 13% indica que lo hace de manera mensual. Aunque se detecta una leve suba en el porcentaje de personas que realizan donaciones de dinero a OSCs, la práctica sigue siendo minoritaria. La mayoría de los donantes se muestra satisfecha con su experiencia de donación pero una minoría significativa (tres de diez) considera que donar es solo para ricos. El bajo perfil es importante ya que siete de cada diez opinan que quienes donan dinero no deberían comentarlo. Esta idea convive con otras que sí apoyan el trasmitir y sensibilizar contando lo que hacen, especialmente entre los jóvenes, que privilegian el efecto contagio.