19 oct 2020
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martes 25 agosto, 2020

A pesar de la prohibición de OMS, Nigeria sigue vendiendo animales vivos para la cena

En plena pandemia, un mercado de Nigeria sigue vendiendo pangolines, lagartos y otros animales silvestres, para consumo humano. Un Quijote ambientalista los compra para evitar que se extingan.

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Mercado de carnes silvestres de Lagos, en Nigeria Foto: SHUTERSTOCK
martes 25 agosto, 2020

En uno de los principales mercados de carne silvestre de Nigeria se venden, en plena pandemia, pangolines, cocodrilos y otras especies en peligro de extinción, al alcance de cualquiera que pueda pagarlas. “Aquí estamos en Africa, Así nos ganamos la vida desde hace mucho tiempo”, dice una vendedora. 

La carne silvestre es costosa y apetecida entre los nigerianos pudientes. “Es mejor que la del pollo, yo misma la preparo”, dice una compradora.

Un lagarto vivo tiene la boca amordazada y las patas atadas. Lo exhiben sobre una mesa de madera, en uno de la larga hilera de stands de feria de Lagos, una de las ciudades portuarias más ricas de Africa, al sudoeste de Nigeria. Con barbijo protegiendo sus vías respiratorias, el lagarto encontró su dueño: Chinedu Mogbo, un Quijote que se lo llevará a un refugio silvestre. Quiere salvar tantos animales como pueda. 


Mogbo es el fundador de Green Fingers Wildlife Conservation Initiative, un santuario de vida silvestre cerca de Epe, uno de los suburbios de Lagos.

El activista dice que los compra “con un propósito firme”, porque si él no se los lleva, “la gente los compra para matarlos y comérselos”.

“No entienden que la mayoría de estos animales son cazados sin control, una y otra vez, y están al borde de la extinción. Muy pronto se habrán extinguido, no los veremos más en la vida cotidiana. Aquí es donde la cultura debe poner sus límites”, se entusiasma.

En Nigeria el consumo de carne silvestre es muy alto. Además, el país es un centro neurálgico del comercio ilegal de fauna silvestre.

Estos mercados son propicios para el desarrollo de zoonosis, transmisible de animales a humanos, como lo fue el covid-19 en el mercado chino de Wuhan. En Nigeria existen prohibiciones sobre el comercio de ciertas especies, pero estas leyes no se cumplen. 

Todas estas cuestiones están reguladas por el National Environemental Standards & Regulations Enforcement Agency (NESREA), a cargo del Bishop Howell Street, Ministro Federal de Medioambiente, en Lagos. A pesar de que, cuando estalló la pandemia, una ordenanza de este organismo dispuso el cierre del mercado de pescado de Epe para detener la propagación de covid-19, los vendedores callejeros vuelven a vender animales. Y parece que nadie lo notara

“No se trata de multar a algunas personas, primero hay que educarlas. La educación contínua los llevará a tomar conciencia con el tiempo”, sostiene Akintola Olufunke, de la Agencia Medioambiental Nigeriana.


“No tenemos miedo porque el coronavirus no está dentro de la carne. La estamos comiendo durante el coronavirus y no tenemos ninguna enfermedad”

Chinedu Mogbo tiene sus esperanzas puestas en los jóvenes: “ tenemos que preparar a las generaciones que vendrán en el futuro para que tomen decisiones valientes y hagan políticas que preserven la fauna”, dice parado delante de un cartel de los cocodrilos dwarf (Osteolaemus tetrastis), un reptil nocturno muy tímido, que en la vida adulta mide apenas un metro y medio y que, también, está en vías de extinción. Nadie sabe a ciencia cierta cuánta vida silvestre existe en Nigeria. Pero se teme por la que aún queda.

“Los mamíferos terrestres están experimentando un colapso masivo en el tamaño de sus poblaciones.(…) La caza para carne silvestre con fines alimenticios y medicinales está llevando a una crisis global en la que más de 300 especies de mamíferos terrestres están amenazadas de extinción”, escribió Diego Shoobridge, especialista en sociedad y medioambiente, en un estudio publicado por la Universidad de Trujillo, Perú. Sin embargo, “hay pocas estrategias globales implementadas para enfrentar el tráfico y contrabando de carne silvestre”, concluye el trabajo que analiza el efecto del fenómeno en los bosques tropicales. 

La cacería excesiva no solo afecta al equilibrio faunístico sino también a la flora. 

“Al remover vertebrados dispersores de semillas, la sobrecaza induce a cambios en la composición de las especies de árboles que reduce la cantidad de carbono capturado en el bosque”. 


Chinedu Mogbo espera alentar a los nigerianos a reducir el consumo de carne de animales silvestres y evitar la medicina tradicional de origen animal, que fomenta la manipulación de animales, hecho  que puede ayudar a transmitir virus. Green Fingers monitorea mercados, sostiene un predio silvestre educativo, realiza observaciones de campo y emprende campañas de reciclado de plástico.

Lagos creció sobre la laguna del mismo nombre que se fue desgajando en arroyos y generando islas. Uno de los más concurridos es Badagry Creek, que corre varios kilómetros paralelo a la línea del Océano Atlántico hasta que finalmente se entrega sin aliento al mar. A medida que aumentó la densidad urbana, muchos arroyos se convirtieron en pantanos sin salida, y sobre ellos se apostaron elegantes conglomerados humanos, para los nuevos ricos de Lagos.

MM / DS


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