COLUMNISTAS
PANORAMA / MACRI EN EE.UU.

Ases en la manga

El Presidente se juega mucho en su viaje al norte. Cambio de estilo y de nombres.

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BAILANDO AL RITMO DE GEORGE WASHINGTON | DIBUJO: PABLO TEMES

Mauricio Macri necesita relanzar su gobierno ante inversores internacionales que no le creen. Ese es el motivo principal del viaje a Estados Unidos. Para enfrentar ese universo de gente dura con cara de circunstancia el Presidente lleva dos ases en la manga: uno es el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, que contempla una ampliación del monto del préstamo de 50 mil a 60 mil o 70 mil millones de dólares. Esa negociación quedará sellada con el apretón de manos entre Macri y la directora del FMI, Christine Lagarde y, fundamentalmente, con la reunión que el primer mandatario argentino tendrá con Donald Trump. "Amigos son los amigos", como dice la canción de Queen.

Sin embargo, las cosas no serán fáciles para Macri quien, seguramente, nunca imaginó ser tratado con tanta incredulidad en ese olimpo de hombres y mujeres de negocios del que él se siente parte.

El problema de la Argentina tiene dos líneas: una, económico-financiera, que es la que les está sucediendo a otros miembros del grupo de países emergentes muy afectados por la apreciación de los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. La otra, en cambio, es de neto corte político que, a su vez, comprende dos hechos: uno es la incertidumbre del resultado de la elección presidencial de Brasil –el 7 de octubre próximo– que, por su condición de vecino y principal socio comercial, golpea a nuestro país; el otro son las elecciones presidenciales del año que viene en la Argentina. Las últimas encuestas, que se leen en Buenos Aires y media hora después en Nueva York, tienen a muchos inversores muy preocupados preguntándose qué pasará si Macri pierde a manos de Cristina Fernández de Kirchner. Por eso es que desde esos ámbitos se está pidiendo algún nivel de compromiso para aprobar el Presupuesto con un acuerdo amplio, al menos de lo que se considera el peronismo más racional. Es de este acuerdo de lo que se habla en las oficinas de las consultoras a las que acuden los inversores para definir sus planes en la Argentina.

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El acuerdo real sería que los gobernadores de la oposición se comprometieran a un sacrificio compartido entre todos y a olvidarse por un tiempo más de la cuestión electoral. Sin este compromiso, lo que quedará es una foto carente de contenido.

Durante estos tres primeros años de gestión, el Gobierno pudo sentarse a la mesa de las negociaciones con los gobernadores con una herramienta clave: la billetera. En esto no hubo innovación: es lo que hicieron todos los gobiernos desde el renacimiento de la democracia en 1983. El problema para Macri es que hoy la billetera está vacía. El trabajo de hormiga para alcanzar esos acuerdos está a cargo del ministro del Interior, Rogelio Frigerio. Frigerio es uno de los ministros que consolidó su posición y su poder después de la cumbre borrascosa que se vivió en la quinta de Olivos durante el fin de semana del 9 y 10 de septiembre. Los que conocen lo que pasa en la trastienda del poder describen un cambio significativo en la forma de gestionar del Presidente.

Los que hablan con Dujovne sostienen que el ministro no ve la hora de dejar el cargo.

Cambios. Hasta aquel fin de semana de furia y desasosiego, manejaba las cosas como si fuera el CEO de una gran empresa. En ese esquema, el jefe de Gabinete, Marcos Peña, actuaba a la manera de un gerente general y era el encargado de llevar adelante la gestión. A él le correspondía encarar los problemas y llevarle a Macri las soluciones. Por eso es que, junto con el ido Mario Quintana y el desplazado Gustavo Lopetegui, él era los ojos y los brazos de Macri. Ese fue uno de los motivos por los que a Alfonso Prat Gay se lo echó del Gobierno. Nunca reconoció la autoridad de ese triunvirato al que le endilgó una supina ignorancia en asuntos económicos. De hecho, cuando las reuniones de gabinete las encabezaba Peña, el entonces ministro de Hacienda nunca asistía.

Ese esquema de gestión ahora cambió. "Hay un diálogo más directo con Mauricio", reconoce uno de los ministros que hoy ocupa posiciones de relieve dentro del gabinete.

Con ese trasfondo, quien esta semana lució un poco más aliviado fue Nicolás Dujovne. El malestar que lo obligó a una consulta de urgencia en el Instituto Argentino de Diagnóstico y Tratamiento –el cuadro de dolor toracoabdominal inespecífico y la normalidad de los estudios complementarios llevaron a considerar un espectro diagnóstico que fue desde una arritmia cardíaca pasajera hasta un ataque de pánico– no le fue indiferente. Por eso, los que hablan con Dujovne sostienen que no ve la hora de dejar el cargo. Toda la situación de ese sábado y domingo de furia lo afectó. No es para menos: ya le habían avisado que se iba y 48 horas después le dijeron que se tenía que quedar porque no se había aceptado el reemplazante, que iba a ser Carlos Melconian.

Ha habido un quiebre muy fuerte en la relación de Marcos Peña con María Eugenia Vidal y con Horacio Rodríguez Larreta. La gobernadora y el jefe de Gobierno porteño han debido tragarse el sapo de asumir el costo de las tarifas subsidiadas en sus propios distritos sin obtener nada a cambio, como algunos de los beneficios que están negociando los gobernadores del peronismo.

Ese manoseo más todos los problemas posteriores generaron para Dujovne un desgaste imposible de soportar, del que su salud no pudo salir indemne.

La rápida recuperación del ministro produjo alivio en el Gobierno ya que, al día de hoy, en Washington solo quieren hablar con él en pos de lograr un acuerdo que tenga la firmeza de la que hasta ahora ha carecido el primer acuerdo firmado entre el FMI y el Gobierno.

Ha habido un quiebre muy fuerte en la relación de Marcos Peña con María Eugenia Vidal y con Horacio Rodríguez Larreta. La gobernadora y el jefe de Gobierno porteño han debido tragarse el sapo de asumir el costo de las tarifas subsidiadas en sus propios distritos sin obtener nada a cambio, como algunos de los beneficios que están negociando los gobernadores del peronismo.

Vidal y Rodríguez Larreta sienten, por lo tanto, que nadie les agradece nada por lo que han cedido en pos de dar sustento al gobierno nacional a fin de evitarle mayores costos políticos a Macri. Al Presidente lo golpean duramente las cifras negativas de la economía, que lo han llevado a tomar medidas que han hecho trizas sus promesas de campaña. Ya lo dijo Maquiavelo: "La promesa dada fue una necesidad del pasado; la palabra rota es una necesidad del presente".

Producción periodística: Lucía Di Carlo.