martes 26 de octubre de 2021
ACTUALIDAD Estrella italiana
12-10-2021 17:37
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Hace 86 años nacía Luciano Pavarotti y con él la ópera volvería a ser cultura popular

Era maestro y vendía seguros cuando se propuso formar la voz prodigiosa que había heredado de su padre. Hizo una película en Hollywood y llegó al libro Guinness de los récords con un aplauso de 67 minutos.

12-10-2021 17:37

Hoy hubiera cumplido 86 años, pero como sucede con las grandes estrellas esas cuentas ya son innecesarias. Una de las mayores voces del canto lírico del siglo XX, Luciano Pavarotti nació el 12 de octubre de 1935 en Módena, Italia. Heredó de su propio padre, Fernando, que era panadero y tenor aficionado, esa inmensa voz que se apropiaba de cualquier escenario, dondequiera que el canto lo llevara. Su madre, Adele Venturi, trabajaba en una fábrica de cigarros. 

Y como detrás de todo gran hombre, en Luciano Pavarotti hay una historia de talento y tenacidad. Su padre lo impulsaba a estudiar canto, pero las estrecheces de la Segunda Guerra Mundial se impusieron. La familia, que conoció la penuria económica, emigró al campo y durante varios años, Luciano fue agricultor.

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Dicen que era haragán y vanidoso, pero sus agudos fueron inigualables.

Sin embargo, la vocación siempre se abre paso. Cuando abandonaba el campo, al atardecer, él y su padre escuchaban alguno de los discos de pasta que conservaban: Enrico Carusso, Giovanni, Martinelli, Tito Schipa… pero los preferidos de Pavarotti eran Giuseppe Di Stefano y Mario Lanza. "En mi adolescencia solía ver películas de Mario Lanza y luego volvía a casa a imitarlo en el espejo", contaría alguna vez.

Que le faltaba despliegue escénico, que desafinaba (ya de joven le detectaron un nódulo en la garganta) o que, incluso, no sabía leer una partitura…el éxito arrollador de Luciano Pavarotti fue tal que siempre se le quiso encontrar un defecto. Sin embargo, sus agudos fáciles, su presencia arrolladora, la dicción impecable y su permeabilidad para compartir escenarios con varias estrellas del pop le dieron una carrera sólida durante más de 40 años.

Mientras trabajaba como maestro de escuela y vendedor de seguros, a los 19 años, Pavarotti comenzó a estudiar canto lírico con un profesor de Módena, Arrigo Pola, que no quiso cobrarle. Luego continuó con una formación rigurosa de seis años junto a Ettore Campogalliani.

Hasta que comenzaron a oírlo, cantó gratis muchas veces, pero la audiencia italiana comenzó a reparar en Pavarotti cuando interpretó al que sería el personaje favorito de su carrera, Rodolfo en La bohème. Su gran debut en una sala de mayor envergadura fue con esta ópera de Giacomo Puccini en el Teatro Municipal Romolo Valli, en abril de 1961. 

Su primera presentación fuera de Italia fue con Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti, pero el gran lanzamiento internacional le llegaría cuando la soprano australiana Joan Sutherland, casada con Richard Bonynge, lo eligiera para que lo acompañara en una gira de dos meses por su país.

Fue precisamente Richard Bonynge quien difundió que el tenor italiano era incapaz de leer una partitura, pero su secretaria personal lo negaría rotundamente.

Ya no importaba lo que se dijera de él, porque bastaba que despegara sus labios y comenzara a cantar para que una horda de frenesí lo recibiera en todas las salas. Así fue por ejemplo en La Scala de Milán dirigido por Herbert von Karajan en una magnífica puesta de Franco Zeffirelli, una vez más dando vida a Rodolfo, en 1965. 

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Para fascinar audiencias sólo necesitó un micrófono.

Apenas un año más tarde, Pavarotti encontró otro personaje que le permitía desplegarse, Tebaldo en I Capuleti e i Montecchi. También llegaron luego Nemorino, en Elisir d’amore, el duque de Mantua en Rigoletto y Riccardo, de Ballo in maschera, también de Giuseppe Verdi. Y qué decir de su inigualable aria Nessun dorma de Turandot, la ópera de Giacomo Puccini que entonaría increíblemente por primera vez bajo la batuta de Zubin Mehta y luego devenida en el cierre apoteótico de muchos de sus conciertos. 

Gracias al personaje de Tonio, en la ópera La hija del regimiento, de Gaetano Donizetti –una vez más junto a Joan Sutherland- Pavarotti fue la tapa del diario The New York Times. Su performance en un aria de nueve notas do de pecho estremeció al auditorio de la Opera Metropolitana de Nueva York y no lo dejaban irse: salió 17 veces a saludar a escena. Era el 17 de febrero de 1972 y fue su consagración.

Imprevisible y temperamental, fue famoso por sus cancelaciones de último minuto, que le valieron que la Opera de Chicago le cerrara sus puertas. 

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El libro que le dedicó su manager Herbert Bresilin, en donde lo despedazó, pero Pavarotti siguió siendo un ídolo popular.

Herbert Beslin, su manager estadounidense de muchos años, lo demolió en 2004 al publicar su libro “El rey y yo”, en donde lo tildaba de soberbio, haragán, mimado, indolente, mujeriego, caprichoso, e incluso de inculto y avaro. Para Beslin era tan vanidoso que, para no vérselas en el espejo, se pintaba las canas de su bigote con corcho quemado.

La fama y el talento, de todos modos, suelen transitar otra calle. A pesar de que pocas veces prefirió óperas que se alejaran del repertorio italiano, en 1982 arrasó nuevamente en el Metropolitan Opera de Nueva York con Idomeneo, de Mozart, un papel que había sacado del arcón de los recuerdos, archivado en 1964, tras presentarlo en el  Festival de Glyndebourne. Pavarotti era una estrella y seguía sorprendiendo.

Tanto es así que, ese mismo año de 1982 también pasó por Hollywood, protagonizando Yes, Giorgio, una película en la que se enamoraba de una foniatra. 

Cuando recordaba su pasado de agricultor y la ambición que su propio padre no pudo alcanzar, nada lo enorgullecía más que haber recibido el 2 de junio de 1988 el título de Cavaliere di Gran Croce Ordine al Merito della Repubblica Italiana. 

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Los tres tenores, junto a Plácido Domingo y José Carreras, convirtieron la ópera en un mega negocio millonario.

Curiosos, pero cierto, fueron los dichos de mayor detractor, Herbert Beslin, quien intentó convencerlo en vano de que no integrara con los españoles Plácido Domingo y José Carreras el famoso trío Los Tres Tenores, en el que la máxima estrella era Pavarotti y los otros dos se le unían en una excelente estrategia de marketing para sumar popularidad. Lo que también sumaron fue enormes fortunas con el vasto repertorio ecléctico de canzonetas napolitanas, temas del pop y hasta melodías de Broadway que desplegaron en cada una de sus esporádicas presentaciones, entre 1990 y 2007, casi siempre en el marco de un certamen deportivo internacional.

Pavarotti tuvo la virtud de popularizar entre legos los personajes que interpretaba. Su volumen impresionante le impedía casi desplazarse por el escenario pero iluminaba todo con su voz radiante.

Luciano Pavarotti grabó duetos con Andrea Bocelli, Sting, U2, Eros Ramazzotti, Liza Minelli, Celine Dion, Elton John, Tracy Chapman, Barry White, Caetano Veloso, Mercedes Sosa, Michael Jackson y “la voz” Frank Sinatra.  

Sólo él podía convertir Módena en la meca del rock y la ópera solidaria. Desde 1991 y por varias ediciones, su ciudad natal fue el escenario de varios conciertos realizados con el fin de recaudar fondos para los chicos de la guerra, comenzando por los de Bosnia-Herzegovina. Por allí pasaron otras tantas luminarias de entonces, desde Deep Purple hasta Stevie Wonder y Spice Girls, entre muchos más.

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Tras 35 años de matrimonio y tres hijos, se casó con su secretaria joven.

En 1961 y tras ocho años de noviazgo, Pavarotti se casó con Adua Veroni, con quien tuvo tres hijos: Lorenza, Cristina y Giuliana. Treinta y cinco años más tarde, Luciano Pavarotti no era la estrella de la prensa especializada sino de las revistas del corazón: en 1996 dejó a su esposa y se fue con su secretaria, de 26 años recién cumplidos, Nicoletta Mantovani, con quien tendría mellizos. En el parto, sólo sobrevivió uno, Alice.

Pensó retirarse de los escenarios en 2006 con una gira mundial. Sin embargo, a poco de partir le descubrieron un tumor en el páncreas. Lo operaron en Nueva York, a mediados de ese año, pero el postoperatorio se complicó y nunca pudo despedirse cantando, como hubiera deseado. Falleció el 6 de septiembre de 2007. Tenía 71 años, había ganado un Grammy al Mejor Cantante Clásico (1991), el Premio Libertad de la ciudad de Londres (2005) y un reconocimiento de la Cruz Roja por Servicios a la Humanidad (2005). Realizó 382 funciones a sala llena en el Metropolitan Opera de Nueva York y una ovación de 67 minutos mereció su aparición en el libro Guinness de Records, en la Opera de Berlín (1988).