Aldo Abram: “Tenemos prontuario de estafadores seriales” y por eso el riesgo país no baja más rápido
Para el economista, “nos va a costar un poco como país demostrar que estamos en otro rumbo”.
En el mercado financiero argentino, el riesgo país volvió a comportarse como un termómetro sensible: cuando se acerca a su mejor nivel, rebota; cuando sube, encuentra compradores que lo frenan. Para Aldo Abram, economista y Director Ejecutivo de Libertad y Progreso, esa dinámica tiene una explicación de fondo que excede el dato semanal y se mete en la historia larga del crédito argentino.
“Los argentinos, para los propios argentinos y para el resto del mundo, tenemos un prontuario de estafadores seriales”, afirmó a Canal E. Y lo justificó con un recuento duro: “Nueve veces hemos dejado de pagar nuestras deudas” y, en varios canjes, se ofrecieron títulos con “quitas que llegaron a significar más de la mitad” de lo prestado. En su lectura, ese pasado sigue pesando en el precio de los bonos, aun cuando hoy el Gobierno exhiba disciplina fiscal.
Abram sostuvo que la clave para que el riesgo país baje de manera sostenida no es una noticia puntual, sino el tiempo. “Nos va a costar un poco demostrarle a argentinos y extranjeros que estamos en otro rumbo”, explicó, y definió ese rumbo como uno “más normal” en el que el Estado “gasta lo que se tiene” y, además, registra superávit aun “contabilizando los intereses”, lo que para él indica voluntad de reducir deuda en el tiempo.
Riesgo país: por qué se mueve entre 500 y 600 y qué falta para quebrar el piso
Consultado por la persistencia del riesgo país en una franja alta, Abram planteó que el mercado todavía está “aprendiendo” a creer. Señaló que el país ya dio pasos que suman credibilidad, como haber cerrado 2025 con superávit fiscal, incluyendo intereses. En su mirada, eso es una señal potente porque implica que el Estado no solo ordena gastos corrientes, sino que puede cubrir el costo financiero sin volver a endeudarse para pagar intereses.
La explicación del “techo” y el “piso” del riesgo país, según Abram, es simple: la confianza se construye lento y se deteriora rápido. “Perder la confianza del mundo y de la gente te cuesta muy poquito; recuperarla después te cuesta un montón”, dijo. Por eso, aun con mejoras, el riesgo no converge enseguida a niveles regionales.
Con todo, Abram se mostró optimista con el sendero. “Yo estoy seguro que eso vamos a notar que lleva al riesgo país incluso por debajo de los 400 puntos a lo largo de este año”, afirmó. Luego, frente a una pregunta más específica, reforzó la idea de un objetivo de fin de año: “Yo creo que sí, que va a bajar por lo menos hasta 400 puntos básicos hacia finales de año”. También reconoció que aun así sería “alto”, pero pidió mirar el punto de partida: recordó que el riesgo país llegó a niveles extremadamente elevados en el pasado reciente.
Bonos argentinos: la lógica de la TIR, el apetito inversor y el peso del “historial” de defaults
El segundo eje fue la demanda por bonos. Abram sostuvo que el mercado no compra por simpatía, compra por precio. “Yo no conozco a nadie que compre un título si no le pagan por el riesgo que asumen”, afirmó. Y concluyó que, si hay compradores, es porque el rendimiento ofrecido compensa el riesgo percibido.
En su interpretación, el “apetito” internacional no es un misterio: depende de que el programa económico siga mostrando consistencia. Abram remarcó que el Estado “dice que se va a portar bien” y, según él, “se viene portando muy bien”, pero aclaró que el mercado descuenta el pasado. “En el pasado ha hecho todas las trapizondas y generado todos los desfalcos posibles”, sostuvo, y por eso el premio por riesgo sigue siendo alto.
También vinculó el comportamiento de los bonos con el clima político previo a las elecciones. Recordó que, cuando el mercado percibía una probabilidad de retorno de políticas fiscales y monetarias expansivas, el crédito se cerraba de inmediato. “Obviamente a ese país futuro nadie le iba a querer prestar”, dijo, y describió ese escenario con una imagen de precios castigados y riesgo disparado. En cambio, tras el resultado electoral, su lectura es que el mercado interpretó continuidad del rumbo y eso sostiene valuaciones y baja gradual del riesgo.
Inflación 2026: la demanda de pesos, el efecto de la incertidumbre y el camino a una desaceleración
Abram también se metió en el tema que más impacta en la vida diaria: la inflación. Frente al debate sobre la aceleración desde mayo, planteó que la incertidumbre preelectoral jugó un rol clave. Explicó que cuando crece la duda sobre el rumbo, los argentinos tienden a desprenderse de pesos. “Una de las cosas que hacemos es desprendernos de nuestros pesos, dejar de demandar los pesos”, señaló. Y lo conectó con un mecanismo conocido: esa pérdida de demanda reduce el “precio” del peso.
Según Abram, el primer canal de transmisión suele ser el tipo de cambio libre. “Una pérdida de valor de la moneda se ve reflejada primero que nada e inmediatamente en sus tipos de cambio libres”, afirmó. Luego, con rezago, el movimiento se traslada a bienes y servicios. Describió ese proceso como una dinámica temporal: el traslado a precios tarda y depende de la confianza en la moneda; en Argentina, dijo, ese rezago es más corto porque la confianza es menor.
Aun así, se mostró más confiado para los próximos meses si la estabilidad política y fiscal se consolida. Sostuvo que tras las elecciones volvió la demanda de pesos y que “la moneda se ha estabilizado”. En su visión, a medida que se complete el proceso de ajuste de precios que reflejaban la pérdida de poder adquisitivo previa, la inflación debería tender a desacelerar y alinearse con una moneda más estable.
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