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Redescubren en Nueva Guinea dos marsupiales que la ciencia creía extintos desde hace 6.000 años

Investigadores lograron documentar en Papúa, Indonesia, dos especies que solo se conocían por fósiles hallados en Australia. El hallazgo reabre interrogantes sobre la evolución y la biodiversidad de la región.

zarigüeya pigmea de dedos largos Foto: Carlos Bocos

Dos especies de marsupiales que la ciencia consideraba desaparecidas desde hace al menos 6.000 años fueron halladas vivas en Nueva Guinea, en uno de los descubrimientos zoológicos más sorprendentes de los últimos años. Los animales fueron registrados en la península de Vogelkop, en Papúa (Indonesia), tras un trabajo de investigación que se extendió durante años.

Las especies identificadas son el planeador de cola anillada (Tous ayamaruensis) y el pequeño cuscús de dedos largos (Dactylonax kambuayai). Hasta ahora, ambos marsupiales eran conocidos únicamente a partir de restos fósiles encontrados en Australia, lo que llevó a los científicos a considerarlos extintos.

Confirmar su existencia no fue un proceso rápido. Los investigadores debieron analizar avistamientos aislados, revisar colecciones de museos y comparar restos subfósiles para descartar confusiones con otras especies.

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El trabajo finalmente permitió demostrar que estos marsupiales no habían desaparecido, sino que permanecían ocultos en regiones boscosas poco exploradas por la ciencia. La investigación también contó con la colaboración de comunidades indígenas locales, cuyos conocimientos del territorio resultaron claves para ubicar a los animales.

Un marsupial con rasgos únicos

El planeador de cola anillada es especialmente llamativo para los especialistas. Aunque está emparentado con los grandes planeadores australianos, presenta características tan diferentes que los científicos lo ubicaron en un género propio.

Entre sus rasgos distintivos se encuentran una cola prensil capaz de sujetarse a las ramas y orejas sin pelo, características poco comunes dentro de este grupo de marsupiales. Estas particularidades sugieren que el animal representa una línea evolutiva singular, lo que podría aportar nuevas pistas sobre la historia biológica de los marsupiales en la región.

El extraño cuscús de dedos largos

La segunda especie redescubierta, Dactylonax kambuayai, posee características igual de inusuales. Presenta marcas rayadas en el cuerpo y un dedo extremadamente largo en cada mano, que puede medir casi el doble que los otros.

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Ese dedo especializado cumple una función clave: los investigadores creen que el animal lo utiliza para extraer larvas de escarabajos escondidas dentro de troncos en descomposición, una técnica de alimentación comparable a la de algunos primates o aves insectívoras.

También existen indicios de que posee adaptaciones auditivas particulares, que le permitirían detectar sonidos de baja frecuencia producidos por insectos dentro de la madera.

Un hábitat bajo amenaza

A pesar del entusiasmo generado por el hallazgo, los científicos advierten que estas especies no están necesariamente a salvo. Sus hábitats en los bosques de Nueva Guinea enfrentan presiones crecientes por la tala y la expansión de actividades humanas.

Además, se sabe muy poco sobre la biología de estos animales: cómo se reproducen, cuál es su distribución real o qué tan sensibles son a la degradación del bosque. Esta falta de información complica el diseño de estrategias de conservación efectivas.

El papel de las comunidades locales

Algunas comunidades indígenas de la región consideran al planeador de cola anillada un animal sagrado, lo que habría contribuido a mantenerlo alejado de la caza. Los investigadores creen que ese respeto cultural pudo ser uno de los factores que permitió que la especie permaneciera oculta y protegida durante miles de años.

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En muchos casos, señalan, los conocimientos tradicionales sobre la fauna local preceden a los descubrimientos científicos. La ubicación exacta donde viven estos marsupiales se mantiene en reserva para evitar que traficantes de fauna intenten capturarlos. Los científicos temen que, debido a su dieta altamente especializada, estos animales difícilmente podrían sobrevivir en cautiverio.

El hallazgo entusiasma a la comunidad científica, pero también abre interrogantes incómodos: si especies consideradas extintas pueden seguir existiendo en regiones poco exploradas, cuántas otras podrían haberse perdido ya en ecosistemas destruidos antes de que la ciencia llegara a estudiarlos.

 

DCQ