El vínculo entre temperatura y vida acaba de sumar una nueva pieza clave. Un equipo de investigadores del Trinity College Dublin descubrió una regla biológica común a todas las formas de vida que impone límites claros a la evolución. El hallazgo sugiere que ninguna especie conocida logra escapar a una misma relación fundamental entre calor y rendimiento biológico.
El trabajo fue publicado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences, y difundido por el medio científico Robotitus; se apoya en el análisis conjunto de miles de mediciones que hasta ahora se estudiaban de manera fragmentada. Según los autores, esta “curva térmica universal” se repite desde bacterias hasta animales complejos, sin excepciones conocidas.
La temperatura influye en todos los procesos vitales, pero el nuevo modelo muestra que lo hace siempre de la misma manera. Ya sea al medir la velocidad de una lagartija, el nado de un tiburón o la división de una célula bacteriana, aparece el mismo patrón básico: a mayor temperatura, el rendimiento mejora de forma gradual hasta alcanzar un punto óptimo.
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Ese máximo varía entre especies, pero una vez superado, el desempeño cae de manera abrupta. Ese descenso rápido explica por qué el sobrecalentamiento provoca fallos fisiológicos graves e incluso la muerte.
La evolución no puede romper la curva
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que la evolución nunca logró modificar la forma de esta curva. Según los investigadores, las especies solo pudieron desplazarla hacia temperaturas más altas o más bajas, adaptándose a distintos climas, pero sin alterar su estructura básica.
El coautor del trabajo, Andrew Jackson, explicó que la forma de la curva es prácticamente idéntica en miles de especies analizadas. Lo que cambia es la temperatura óptima, que puede ir desde unos pocos grados hasta cerca de cien grados Celsius, y el tipo de función biológica observada, como crecimiento, reproducción o velocidad.
Durante años, esas diferencias llevaron a proponer modelos separados para cada organismo. El nuevo análisis demuestra que todas esas curvas son, en esencia, la misma.
El hallazgo tiene implicancias directas para entender los límites de la adaptación al cambio climático. Aunque la evolución permite ciertos ajustes, no ofrece una vía para escapar por completo de esta relación térmica fundamental.
Además, el estudio revela que la temperatura óptima y la temperatura máxima tolerable están estrechamente conectadas. Cuando una especie se adapta a ambientes más cálidos, su rango de supervivencia se vuelve más estrecho, lo que incrementa su vulnerabilidad ante extremos térmicos.
El autor principal, Nicholas Payne, señaló que el trabajo se basó en el análisis de más de 2.500 curvas térmicas que abarcan una enorme diversidad de organismos. A pesar de miles de millones de años de evolución, todas las ramas de la vida permanecen sujetas a esta misma regla.
Una herramienta para anticipar límites biológicos
Los investigadores planean utilizar esta curva térmica universal como referencia para detectar posibles excepciones. Si alguna especie lograra desviarse, aunque sea levemente, comprender cómo lo hace sería especialmente valioso para la biología evolutiva.
En un contexto de aumento sostenido de las temperaturas globales, el modelo ofrece una herramienta central para anticipar los límites biológicos de la vida en un planeta cada vez más cálido y para repensar hasta dónde puede llegar la evolución frente a los cambios ambientales.
DCQ