SALUD
VERANO 2026

Calor extremo y aire acondicionado: pautas para proteger la salud respiratoria

El uso del aire acondicionado en verano puede generar molestias respiratorias si no se aplica correctamente. Especialistas explican qué cuidados tener para evitar irritación, infecciones y efectos del choque térmico.

Aire acondicionado
El uso del aire acondionado es uno de los principales conflictos en los consorcios | Freepick

Durante el verano 2026, el uso intensivo del aire acondicionado vuelve a ocupar un lugar central en hogares, oficinas y espacios públicos. Las altas temperaturas impulsan su uso continuo, aunque una mala regulación puede impactar negativamente en la salud respiratoria.

Desde el Hospital Universitario Austral advierten que el problema no es el equipo en sí, sino la forma en que se utiliza y mantiene durante los meses de calor extremo.

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“La combinación de aire frío, baja humedad y falta de ventilación puede transformar al aire acondicionado en un enemigo de las vías respiratorias”, explicó la neumonóloga Teresita Rosenbaum.

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Según la especialista, estos factores generan sequedad e irritación en las mucosas, aumentando la susceptibilidad frente a virus, alérgenos y contaminantes ambientales.

Por qué el aire acondicionado puede afectar las vías respiratorias

Las temperaturas bajas provocan irritación en las mucosas respiratorias, que cumplen una función clave de protección e hidratación del sistema respiratorio.

Rosenbaum señaló que “el aire acondicionado reduce la humedad ambiental, lo que reseca las mucosas, irrita la garganta y puede provocar tos persistente”.

En personas con asma o EPOC, esta combinación puede incluso desencadenar broncoespasmos y episodios de dificultad respiratoria.

Además, cuando no hay recambio de aire, se favorece la acumulación de partículas, alérgenos y aerosoles en suspensión.

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Choque térmico y cambios bruscos de temperatura

El contraste abrupto entre el calor exterior y el aire frío interior genera lo que los especialistas denominan choque térmico.

“El frío provoca vasoconstricción en las mucosas, reduce la irrigación y disminuye la capacidad de defensa frente a infecciones”, explicó Rosenbaum.

Esta reacción puede manifestarse con tos seca, sensación de opresión en el pecho o silbidos al respirar, especialmente en grupos vulnerables.

Niños, adultos mayores y personas con enfermedades respiratorias crónicas son los más sensibles a estos cambios bruscos.

Temperatura y humedad recomendadas en interiores

La temperatura ideal en ambientes cerrados debe mantenerse entre los 22 y 26 grados, evitando diferencias mayores a ocho grados con el exterior.

“Esa amplitud es clave para reducir el impacto del choque térmico sobre las vías respiratorias”, indicó la neumonóloga.

La humedad ambiental también cumple un rol central, ya que las mucosas nasales y faríngeas necesitan un entorno húmedo para funcionar correctamente.

Los especialistas recomiendan niveles de humedad entre el 40 % y el 60 % para preservar la capacidad defensiva del organismo.

Falta de humedad y riesgo de infecciones

Cuando el ambiente es demasiado seco, el moco se vuelve más espeso y pierde eficacia para atrapar virus y bacterias.

Rosenbaum advirtió que “disminuye la producción de inmunoglobulinas locales, fundamentales para la defensa respiratoria”.

En espacios con humedad inferior al 35 %, se pueden usar humidificadores, siempre con una limpieza diaria adecuada.

El mantenimiento es clave, ya que equipos sucios pueden convertirse en focos de proliferación de microorganismos.

Importancia del mantenimiento del equipo

Un aire acondicionado sin mantenimiento actúa como reservorio de polvo, ácaros, mohos y bacterias potencialmente dañinas. “Esto puede agravar alergias o desencadenar infecciones respiratorias”, señaló la especialista del Hospital Universitario Austral.

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Los filtros deben limpiarse cada dos o tres meses, o con mayor frecuencia durante períodos de uso intensivo. Las serpentinas y bandejas de condensación requieren una limpieza más profunda al menos una vez al año.

Flujo directo de aire y mitos frecuentes

Recibir aire frío de manera directa puede generar cefaleas, irritación ocular y resequedad de piel, pero no causa parálisis facial.

“El flujo debe orientarse hacia el techo, ya que el aire frío desciende y así se enfría mejor el ambiente”, explicó Rosenbaum.

Evitar el impacto directo es especialmente importante en personas con enfermedades respiratorias crónicas. Una correcta orientación mejora el confort térmico y reduce efectos adversos innecesarios.

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Uso nocturno y descanso

Dormir con aire acondicionado no es perjudicial si se respetan las pautas de cuidado recomendadas por los especialistas. Durante las olas de calor, su uso puede prevenir golpes de calor y mejorar la calidad del descanso nocturno.

Rosenbaum recomendó utilizar los modos nocturnos, que ajustan temperatura y humedad durante el sueño. El aire muy frío y seco puede favorecer ronquidos, sequedad de garganta y despertares abruptos.

Aire acondicionado en el automóvil

En los vehículos, las recomendaciones son similares a las de otros espacios cerrados, aunque el volumen de aire sea menor.

Se aconseja evitar el flujo directo hacia la cara o el pecho y permitir el ingreso de aire exterior.

Las temperaturas ideales oscilan entre los 22 y 24 grados, con filtros correctamente mantenidos.

Antes de encender el equipo, conviene ventilar el auto para reducir contaminantes acumulados por el calor.

Señales de alerta y ventilación natural

La especialista indicó que deben suspenderse el uso del equipo y consultar ante disnea, tos persistente o sibilancias. La congestión nasal intensa, el sangrado nasal o la irritación faríngea recurrente también requieren evaluación médica.

Rosenbaum destacó que la ventilación natural, especialmente la cruzada, reduce microorganismos y niveles de CO₂. “Usado correctamente, el aire acondicionado es seguro, pero siempre que se combine con ventilación y buen mantenimiento”, concluyó.

LV / EM