CIENCIA
¿Promesas imposibles?

Eterna juventud: científicos ensayan cómo “rejuvenecer” el sistema inmune sin detener el tiempo

Un estudio publicado en Nature mostró que es posible reactivar la producción de células defensivas en organismos envejecidos mediante señales sintéticas, sin regenerar órganos ni alterar de forma permanente el sistema inmunológico.

Benjamin Button
Benjamin Button | Captura de pantalla

Envejecer no solo implica arrugas o pérdida de fuerza. También supone un deterioro silencioso y progresivo de una de las defensas más importantes del cuerpo: el sistema inmunológico. Con los años, el organismo pierde capacidad para responder a infecciones nuevas, controlar tumores incipientes y generar inmunidad duradera. Esa fragilidad creciente es uno de los factores que explica por qué enfermedades manejables en la juventud se vuelven letales en la vejez.

Un equipo de investigadores del Broad Institute of MIT and Harvard acaba de presentar una estrategia experimental para atacar ese problema desde un ángulo inesperado. En un estudio publicado en la revista Nature, y difundida por el medio científico Robotitus, los científicos demostraron que es posible restaurar temporalmente funciones clave del sistema inmune en organismos envejecidos, sin necesidad de “rejuvenecer” todo el cuerpo ni de intervenir genéticamente de forma permanente.

El foco del trabajo estuvo puesto en el timo, un pequeño órgano ubicado detrás del esternón que cumple una función crucial durante la infancia y la adolescencia: allí se forman los linfocitos T, células especializadas en detectar y eliminar virus, bacterias y células tumorales. El problema es que el timo comienza a atrofiarse muy temprano en la vida adulta. A partir de ese momento, la producción de nuevas células T cae de forma abrupta.

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Un órgano que envejece antes que el resto

La reducción del timo no es un detalle menor. A medida que su actividad disminuye, el sistema inmunológico pierde diversidad y flexibilidad. El cuerpo sigue contando con células defensivas antiguas, pero se vuelve menos capaz de adaptarse a amenazas nuevas. Es una de las razones por las que las vacunas funcionan peor en adultos mayores y por las que ciertos cánceres se vuelven más frecuentes con la edad.

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Intentar regenerar el timo ha sido, durante décadas, un objetivo atractivo pero difícil. El órgano es complejo, sensible y poco accesible. En lugar de intentar reconstruirlo, los investigadores optaron por una idea distinta: imitar artificialmente las señales que el timo joven envía al resto del organismo.

El hígado como aliado inesperado

Para poner a prueba esa hipótesis, el equipo trabajó con ratones jóvenes y viejos y detectó que, con la edad, disminuyen de forma marcada tres señales moleculares clave para la producción de células T: DLL1, FLT3-L e IL-7. Sin esas señales, las células precursoras no logran transformarse en linfocitos funcionales.

La innovación fue utilizar el hígado como plataforma para restaurarlas. Aunque el hígado no produce células T, sí conserva durante toda la vida una enorme capacidad para fabricar proteínas y distribuirlas por el cuerpo. A través de un tratamiento basado en ARNm —una tecnología similar a la utilizada en algunas vacunas—, los científicos lograron que el hígado de ratones envejecidos produjera temporalmente esas señales perdidas.

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Tras varias semanas de tratamiento, los animales mostraron un aumento claro en la cantidad y diversidad de células T, además de una mejor respuesta a vacunas y una mayor capacidad para combatir tumores. En términos funcionales, su sistema inmunológico se comportó como el de un organismo más joven.

Un rejuvenecimiento limitado y controlado

Uno de los puntos centrales del estudio es que el efecto no fue permanente. Cuando el tratamiento se suspendió, los niveles de células T volvieron gradualmente a descender. Lejos de ser un problema, esto podría ser una ventaja. Una estimulación inmunológica constante puede desencadenar inflamación crónica o enfermedades autoinmunes.

Los autores describen el enfoque como una solución sintética y reversible, que evita los riesgos asociados a la manipulación directa del sistema inmune o a la regeneración forzada de órganos. A diferencia de intentos previos, que provocaron efectos secundarios severos, este método mostró un perfil más controlable, al menos en modelos animales.

Un paso, no una promesa inmediata

El estudio no propone una “cura contra el envejecimiento” ni un tratamiento listo para aplicar en humanos. Los resultados se limitaron a ratones y todavía falta comprobar si el mismo mecanismo funciona en organismos más complejos. Sin embargo, abre una puerta conceptual importante.

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Más que evitar el paso del tiempo, la investigación sugiere que es posible reducir algunos de sus efectos más dañinos, restaurando funciones biológicas esenciales durante períodos acotados. En un contexto de sociedades cada vez más envejecidas, incluso mejoras parciales en la inmunidad podrían tener un impacto enorme en salud pública.

El envejecimiento sigue siendo inevitable. La pregunta que empieza a tomar forma es otra: hasta qué punto sus consecuencias pueden ser moduladas sin alterar lo que somos.

DCQ