PUNTO DE VISTA

Adorni: el hijo putativo de los Milei

El deterioro de la imagen del jefe de Gabinete se profundiza en medio de denuncias judiciales, cuestionamientos sobre su patrimonio y un creciente rechazo social. Sin embargo, el respaldo político del núcleo duro del Gobierno lo sostiene en el cargo, en un escenario que tensiona el discurso oficial sobre transparencia y anticipa un nuevo punto de inflexión en el Congreso.

. Foto: IMAGEN CREADA POR IA.

Hay una pregunta que desde hace semanas recorre los pasillos del análisis político y que los datos confirman con una contundencia difícil de ignorar: ¿por qué Manuel Adorni sigue en el cargo? No lo digo desde la especulación, sino desde los números. Desde nuestro trabajo de inteligencia digital en Reputación Digital, venimos monitoreando el caso Adorni con la rigurosidad que aplicamos a cada escenario de crisis en América Latina.

Y lo que muestran los datos es demoledor: un funcionario con el 66% de imagen negativa, con el 70% de los argentinos pidiendo su renuncia, imputado por presunto enriquecimiento ilícito, con una investigación fiscal que ya acumula doce medidas de prueba, y que sin embargo sigue sentado en el sillón de Jefe de Gabinete. La única explicación posible es política, no técnica: Manuel Adorni es, en los hechos, el hijo putativo de Javier y Karina Milei.

Los números que nadie puede tapar

La caída de Adorni no es un accidente ni un episodio aislado. Su imagen positiva pasó de 51,5% en enero de 2024 a un magro 21,5% en abril de 2026. Treinta puntos de desplome en poco más de dos años. En el sentido inverso, la negativa escaló hasta el 66%. Según la consultora Innova, el 70% de los argentinos lo percibe directamente como corrupto y una encuesta de OK Media eleva al 73,6% el reclamo de renuncia. En nuestro propio tracking desde Reputación Digital tiene un 91% de imagen negativa.

En cualquier democracia funcional, con cualquier otro funcionario, estos números activarían un reemplazo inmediato. Pero Adorni no es cualquier funcionario. Es el protegido de la estructura de poder más cerrada de la Argentina contemporánea: el binomio Javier-Karina.

Karina Milei no se limitó a respaldar a Adorni en privado. Publicó en X un mensaje que no deja margen a la interpretación: apoyo total e incondicional, con la frase de que conoce su integridad. La Secretaria General —la persona más poderosa del gobierno después del Presidente— lo sienta a su lado en cada mesa política. Lo defiende con la ferocidad que se reserva para la familia. Y no es casual: en la arquitectura de poder de La Libertad Avanza, Adorni ocupa un lugar que trasciende lo institucional. Es el hombre de confianza de ambos hermanos, el que ejecuta sin cuestionar, el que defiende lo indefendible desde un atril que cada vez tiene menos credibilidad.

Adorni en caída libre: 7 de cada 10 argentinos pide la renuncia del Jefe de Gabinete

Javier Milei, por su parte, lo abrazó efusivamente frente a las cámaras en el acto por Malvinas. Lo recibió en Olivos para una reunión que duró horas y que terminó con un comunicado oficial diseñado para desmentir la renuncia. Reposteó mensajes de apoyo. Hasta anunció que concurrirá personalmente a la Cámara de Diputados el 29 de abril, cuando Adorni deba responder casi 5.000 preguntas de la oposición. Un padre político no haría menos por su hijo putativo.

Un patrimonio que no cierra

El fiscal federal Gerardo Pollicita tiene la causa abierta ante el juez Ariel Lijo. Los hechos que investiga son públicos y graves: un departamento en Caballito escriturado a 230.000 dólares cuando su valor de mercado supera los 340.000, financiado con una hipoteca no bancaria de 200.000 dólares otorgada por dos jubiladas que negaron conocer al funcionario.

Una casa en el country Indio Cuá Golf Club de Exaltación de la Cruz, inscripta a nombre de su esposa Bettina Angeletti y no declarada ante la Oficina Anticorrupción. Un incremento patrimonial del 500% en un solo período fiscal. Préstamos justificados con "mutuos" de la madre y una tía. Viajes a Punta del Este en avión privado sin facturación clara. La inclusión de su esposa en una comitiva oficial a Nueva York con gastos cubiertos por el Estado. Y la presunta triangulación de contratos públicos hacia la consultora de Angeletti.

La escribana que intervino en ambas operaciones inmobiliarias, Adriana Nechevenko, ya fue citada como testigo. Es la misma que anteriormente había declarado en un mega juicio por narcotráfico vinculado a la importación ilegal de efedrina. Son demasiados frentes abiertos para un solo funcionario. Y sin embargo, ahí está.

La paradoja libertaria

Hay algo profundamente irónico en todo esto. Un gobierno que se construyó sobre el discurso de la transparencia, del fin de los privilegios de la "casta", del ajuste como virtud moral, protege con uñas y dientes a un funcionario cuyo patrimonio no cierra con sus ingresos declarados. Un gobierno que prometió la superioridad ética sobre el kirchnerismo aplica exactamente la misma receta: cerrar filas, atacar al mensajero y esperar que el tema se diluya.

Pero los datos —esos que no mienten, esos que medimos todos los días— dicen que esta vez la sociedad no acompaña. El 70% pide explicaciones sobre los viajes. El 70% pide la renuncia. El caso ya salió de los despachos y entró en la conversación cotidiana de los argentinos.

El 29 de abril la fecha clave

Adorni es hoy el mayor pasivo político del gobierno de Milei. No por lo que hizo o dejó de hacer como Jefe de Gabinete, sino por lo que representa: la evidencia de que el poder, cuando se ejerce como empresa familiar, protege a los suyos por encima de la lógica, de los números y de la opinión pública.

Cada día que Adorni permanece en el cargo, los hermanos Milei pagan un costo reputacional creciente. Y cada día que lo sostienen, confirman lo que los datos ya gritan: Manuel Adorni no es un funcionario más. Es el hijo putativo de Javier y Karina Milei. Y como todo hijo protegido, goza de una impunidad que tiene fecha de vencimiento.

La cuenta regresiva ya empezó. El 29 de abril, en el Congreso, Adorni deberá dar la cara. La pregunta no es si podrá responder las 5.000 preguntas de la oposición. La pregunta es si llegará a esa fecha sentado en el mismo sillón.

(*) Director General de Reputación Digital