A 25 AÑOS DE LA REFORMA

Balance cruzado por la Unicameral entre el PJ y una oposición que fogonea volver a dos cámaras

El oficialismo reivindica la reforma de 2001 por haber reducido costos y legisladores. La oposición cuestiona la concentración de poder y la pérdida de controles. Agost Carreño propone dos cámaras con los mismos 70 representantes, mientras Briner y Austin reclaman rediscutir también la representación territorial.

Unicameral: Reconocimiento a los convencionales constituyentes de 2001. Foto: cedoc

A 25 años de la reforma constitucional que terminó con la Legislatura bicameral como parte del “achique” de la política, el sistema unicameral volvió a quedar bajo la lupa política. El oficialismo reivindica una cámara más chica, austera y representativa. La oposición cuestiona la concentración de poder, el debilitamiento de los controles y la calidad de la deliberación. Y, sobre todo, algunas voces ya plantean abiertamente discutir el regreso a una bicameralidad moderna, sin los privilegios del viejo sistema.

La vicegobernadora Myrian Prunotto defendió la reforma como “un antes y un después en la vida institucional de Córdoba” y reivindicó la reducción de 133 a 70 legisladores como una decisión destinada a construir un Estado “más austero y eficiente”. También se refirió a la ampliación del período de sesiones ordinarias y vinculó aquella transformación institucional con los desafíos actuales de la Legislatura.

En igual sentido, la oficialista Julieta Rinaldi sostuvo que Córdoba respondió en 2001 a un fuerte reclamo social contra los privilegios de la política. “Redujo su tamaño, sí; le sacó los privilegios, pero al mismo tiempo lo fortaleció”, afirmó. Y remarcó: “Que este cuerpo tenga 70 y no 176 no lo hizo más débil, lo hizo más exigido”. En su conclusión fue tajante: el modelo permitió “achicar los privilegios de la política y agrandar la representación”.

Sin embargo, el balance opositor fue muy distinto al analizar el funcionamiento de la Unicameral bajo las gestiones del PJ en estas casi tres décadas en el poder. El contrapunto quedó expuesto durante la sesión especial por los 25 años de la Reforma Constitucional de Córdoba.

Walter Nostrala (Frente Cívico) puso el foco en los mecanismos de “peso y contrapeso” y cuestionó la concentración de poder del oficialismo. Advirtió sobre la supremacía oficialista del período anterior, con 52 legisladores, y sobre la “cooptación” de dos opositores en el período actual para romper la paridad. “Esta Legislatura de Córdoba hoy se convirtió en una escribanía, esto no es bueno para el sistema democrático”, cruzó. “Tengamos en cuenta que si el ahorro, como consecuencia, trajo la debilidad de un poder tan importante como el Legislativo, ahí ya podemos decir que hubo un error. Pero esto lo decimos pasado el tiempo”, completó el halcón juecista.

La radical Alejandra Ferrero también cargó contra el diseño institucional del PJ “para concentrar su hegemonía política”. Sostuvo que la reforma prometía achicamiento del gasto, celeridad, eficiencia y representación, pero que “nada de eso se ha conseguido”. “Hemos involucionado”, contrastó, al advertir sobre el debilitamiento de los mecanismos de control. Asimismo, reclamó que el Ejecutivo no se sumó al achique de los costos de la política.

Por su parte, Gerardo Grosso apuntó su queja al funcionamiento cotidiano de la Unicameral: “Córdoba eligió en 2001 un sistema de una sola cámara, precisamente para agilizar el debate legislativo, no para vaciarlo”. El vecinalista puso sobre la mesa una discusión que fogonea la oposición al marcar las falencias, según los no oficialistas, de la dinámica de una sola cámara: “Nos debemos todos los cordobeses repensar si este sistema no debería volver a un sistema bicameral”.

Bicameralidad, pero sin volver al pasado

Oscar Agost Carreño (PRO) introdujo este debate y planteó discutir una “bicameralidad moderna y austera”, pero con una diferencia decisiva respecto del viejo esquema: mantener los 70 representantes actuales. Su proyecto contempla una Cámara de 44 legisladores elegidos proporcionalmente en toda la provincia y otra territorial de 26 miembros, uno por cada departamento. “Córdoba debería discutir seriamente una bicameralidad moderna y austera, sin volver por supuesto a los 133 legisladores ni recuperar los privilegios del antiguo sistema”, enfatizó.

El argumento apunta a recuperar deliberación, representación territorial y “el poder que da el control a través de dos cámaras”, sin multiplicar el gasto. “No serían necesarios más legisladores, no serían necesarios más asesores, tampoco nuevos edificios”, sostuvo el parlamentario amarillo, al proponer utilizar los dos recintos existentes y compartir la administración.

La representación del interior

El radical Carlos Briner también se pronunció a favor de volver a las dos cámaras, en la misma sintonía que su par del PRO, pero fue más allá al reclamar una reforma constitucional que no se limite a la Legislatura. Entre sus propuestas incluyó una nueva distribución territorial de la provincia para mejorar el vínculo entre el Estado y los ciudadanos. Briner reflotó su proyecto de regionalización geopolítica de Córdoba. “Hace casi 100 años que nadie presenta nada para la nueva división política de Córdoba”, destacó el legislador, quien planteó que la organización territorial debe responder a una lógica más cercana a la prestación de servicios: “Los servicios deben llegar a la gente y la gente a los servicios”.

En ese marco, propuso revisar la división departamental y crear cinco nuevos departamentos, incorporando cinco senadores, pero “con el mismo presupuesto”. La idea se conecta directamente con su crítica al actual sistema de representación: “Lo digo como legislador regional francamente perjudicado por este sistema”, cuestionó el departamental de Unión.

Briner pidió así que el debate institucional incluya no sólo volver a las dos cámaras, sino también discutir cómo se representa territorialmente a una provincia que cambió desde la reforma de 2001. Su par radical, Brenda Austin, también apuntó contra el sistema de representación. Cuestionó que el diseño permitió que el oficialismo obtuviera mayorías absolutas en la Legislatura con porcentajes de votos bastante menores.

Defensa de las mayorías

El PJ salió al cruce de la crítica opositora acerca de que las mayorías convierten a la Unicameral en una escribanía. Facundo Torres defendió la legitimidad de esas mayorías en el origen electoral del poder parlamentario. “Una mayoría no deja de ser democrática porque ustedes no forman parte de la misma”, contragolpeó. “La expresión más pura de la democracia es el voto popular y el voto popular es el que decide quién tiene mayoría y quién ostenta la minoría”, remarcó el jefe de la bancada oficialista.

Veinticinco años después, la discusión dejó de ser sólo un balance sobre la reforma de 2001 y volvió a convertirse en una disputa sobre el poder. El PJ reivindica la Unicameral como una conquista de austeridad y eficiencia; la oposición advierte que el achicamiento tuvo como contracara menos controles, menor deliberación y una representación territorial debilitada.