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Boom anti-estrés: vuelven los talleres de cerámica y manualidades en Córdoba como refugio frente a las pantallas

En la ciudad crecen las propuestas de encuentros creativos donde adultos y niños experimentan con el barro, el tejido y otras técnicas artesanales. Espacios de pocas horas que combinan arte, socialización y una pausa frente al ritmo digital.

Talleres de cerámica para todas las edades Foto: Freepick

En los últimos años, los talleres de cerámica, tejido y otras manualidades volvieron a ganar protagonismo. En Córdoba, cada vez más personas se inscriben en encuentros creativos que prometen algo simple pero escaso: parar por un momento, usar las manos y desconectarse de las pantallas.

La tendencia se refleja en espacios que ofrecen experiencias breves, muchas veces de una sola jornada, pensadas tanto para principiantes como para quienes quieren acercarse por primera vez al arte manual.

“Creo que todo viene unido a lo que pasó en la pandemia: volver a la esencia, volver a los orígenes”, explicó Josefina de la Santa, ceramista y creadora de La Josefina Atelier.

Su emprendimiento comenzó en 2020 y, desde entonces, organiza talleres de cerámica abiertos a adultos y niños.

Experiencias cortas que convocan a nuevos públicos

A diferencia de los tradicionales cursos mensuales, muchos espacios optan hoy por encuentros intensivos de pocas horas. En el caso de La Josefina Atelier, las actividades duran entre dos horas y media y tres horas. Allí, los participantes modelan piezas, conocen el material y viven su primer contacto con la cerámica.

“La gran mayoría son personas nuevas que vienen a incursionar. La gente busca experiencias distintas que los conecten con sus habilidades”, contó De la Santa.

Para algunos, esa primera experiencia puede convertirse luego en una práctica más sostenida. De hecho, la propia ceramista llegó a este oficio de esa manera. “Primero fui a un taller intensivo de otra colega, después empecé clases mensuales y luego abrí mi propio emprendimiento”, relató.

Niños, creatividad y menos pantallas

Los talleres también convocan a chicos desde edades tempranas. En muchos casos, pueden participar desde los cuatro años acompañados por un adulto.

Según la ceramista, el efecto en los más pequeños es inmediato. “La cerámica los pone en otra sintonía. Están concentrados, creando, compartiendo. Es como volver a cuando nosotros éramos chicos y dibujábamos o pintábamos”, explicó.

También destacó que la actividad rompe con algunos prejuicios. “Existe la idea de que los varones se inclinan más por el deporte, pero los niños que vienen al taller tienen un nivel de concentración impresionante”, afirmó.

Para los adultos, la experiencia suele implicar otro desafío: animarse a probar algo nuevo. “Muchos entran diciendo ‘yo era malísima en plástica’. Los niños nunca dicen eso”, contó De la Santa.

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Esa diferencia, señaló, tiene que ver con la manera en que cada grupo vive el proceso creativo. “El niño entiende que está ahí para jugar, para aprender. Los adultos somos mucho más críticos con nosotros mismos”, explicó.

Además de los talleres individuales, también crecen las propuestas familiares o grupales, pensadas como experiencias compartidas.

Uno de los próximos encuentros del espacio, por ejemplo, combinará cerámica con una actividad temática de Pascuas y una búsqueda del tesoro para niños. “Hacer arte juntos conecta a los adultos y a los chicos de otra manera”, sostuvo la ceramista.

En un contexto marcado por el uso constante de dispositivos y la vida digital, estas experiencias parecen ofrecer algo cada vez más buscado: tiempo para crear con las manos y volver, aunque sea por unas horas, a lo esencial.