Bosquemadura: un sello digital que cruza el arte contemporáneo con la rigurosidad científica
Con 13 títulos publicados y distribución en tiendas europeas, la editorial cordobesa apuesta por un catálogo de artistas visuales contemporáneos donde conviven la plástica, el cine y la rigurosidad ensayística.
La pausa obligada de la pandemia y el retiro de la docencia universitaria confluyeron para que la doctora en Letras Adriana Musitano pusiera en marcha un proyecto que venía madurando entre la gestión cultural y la investigación académica.
Especializada en estética, hermenéutica y artes visuales, Musitano conocía de cerca el enorme costo económico que implica imprimir libros de arte tradicionales y la complejidad física de su distribución.
La respuesta a esos obstáculos fue fundar Bosquemadura, una editorial de arte nativa digital que prescinde del papel convencional para resguardar el equilibrio natural y las energías renovables.
El nombre del sello rinde homenaje a un verso del poeta mexicano Xavier Villarrutia y se apoya en una genealogía filosófica y poética que asume al bosque como un espacio que amplía las posibilidades del pensamiento.
El proyecto se inició formalmente en agosto de 2021 con la publicación de Pharus, un volumen de fotografía de Matilde Marín presentado de manera virtual desde la Academia Nacional de Bellas Artes.
Desde entonces, la editorial sostiene un promedio de producción de dos títulos anuales mediante el trabajo colectivo de un equipo que hoy supera la treintena de colaboradores.
Adriana Musitano. “Elegimos una concepción amplia del ‘libro de arte’ para que se adentre en el bosque digital y maduren, en otro habitar, diversos modos de lectura” (Foto Fino Pizarro).
Un objeto virtual con alta exigencia técnica
A diferencia de la digitalización de publicaciones concebidas para el soporte físico, las obras de Bosquemadura nacen desde y para la pantalla. El proceso técnico exige que las fotografías y los escaneos cuenten con estándares de calidad elevados, estructurados bajo el formato ePub con un sistema de diseño fijo, programación que impide modificaciones externas para resguardar los derechos de autor y garantizar la fidelidad de las piezas.
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Además, el diseño editorial prioriza la legibilidad a través de tipografías de dimensiones importantes y márgenes de descanso visuales pensados para la lectura en tabletas o computadoras.
A través de una distribuidora internacional, los títulos se comercializan en plataformas globales como Google Play, Amazon, Casa del Libro, FNAC (distribuidora en Europa) y la mexicana Gandhi, mientras que en el mercado local la distribución se realiza a través del sitio web Bajalibros.
Curaduría, poéticas y cruces disciplinares
El catálogo de la editorial —que actualmente reúne 13 títulos— se construye a partir de un estrecho vínculo con los artistas y el descubrimiento de producciones contemporáneas de diversas regiones de la Argentina.
Entre las publicaciones se encuentra la obra de la salteña Roxana Ramos, focalizada en la performance y la fotografía; las esculturas en madera de caldén de la pampeana Gabriela López, y las producciones cinematográficas y docuficcionales de Rubén Guzmán en la Patagonia.
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Cada volumen elude el formato del catálogo tradicional para proponer un cruce de saberes. El equipo editorial convoca a ensayistas universitarios, investigadores del Conicet y escritores para abordar las obras desde perspectivas políticas, históricas o de género.
Un ejemplo de este método fue la incorporación de la filósofa Alejandra Ciriza y Natalia Encinas para analizar el legado jesuítico, el activismo y la complicidad social durante la última dictadura en la obra de la pintora cordobesa Hilda Zagaglia.
El mercado y el retorno controlado al papel
El desarrollo de la editorial enfrenta la resistencia cultural de un público que aún asocia el libro de arte de manera exclusiva al formato objeto impreso.
En este sentido, Musitano señala que en Europa, México y Colombia existe un mayor hábito de consumo digital, aunque fuertemente volcado hacia la ficción y el ensayo, lo que convierte al libro de arte digital en un terreno todavía en exploración. Entonces, para financiar la estructura y dar sustentabilidad al proyecto, el sello implementó también una línea de edición física limitada y a demanda, que no supera los cien ejemplares por título (para mantener el principio de cuidado ambiental).
La primera experiencia se realizó con el libro Murales de Córdoba, una edición a todo color en papel ilustración de 150 páginas. Este modelo híbrido les permite capitalizar las ventas en presentaciones presenciales y ferias independientes para financiar la inversión que demandan los nuevos proyectos digitales, entre los que ya se proyecta un volumen sobre muralismo en Buenos Aires y producciones de poesía experimental.
Ediciones en papel. Hilda Zagaglia y Murales de Córdoba son los dos únicos libros que vieron la versión en papel, tras su nacimiento digital.
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