A pesar de la fama intimidatoria e inquietante que siempre han tenido sus ofensivas, las que ahora resultan más impredecibles a partir de los movimientos zigzagueantes de quien las conduce, y de las multimillonarias erogaciones destinadas a erigir una defensa inexpugnable, Estados Unidos acaba de sufrir una humillante derrota a los ojos de la mayoría de expertos y analistas que siguieron su actuación sobre el terreno desde el minuto cero.
La referencia no tiene que ver con el seleccionado de uno de los tres países norteamericanos anfitriones de la Copa del Mundo de Fútbol, que se halla en plena disputa, ni el estratega impredecible es el director técnico argentino, Mauricio Pochettino, acaparador de elogios tras el debut triunfal y goleador de su equipo y la temprana clasificación a la siguiente ronda.
La “derrota” de la que medio mundo habla tiene que ver con el Memorándum de Entendimiento que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, firmó al promediar esta semana para poner fin al conflicto bélico con Irán, iniciado el pasado 28 de febrero con los ataques que el gobierno de Washington lanzó sobre Teherán y otras ciudades iraníes, en una ofensiva coordinada con el Ejecutivo de Israel que comanda el primer ministro Benjamin Netanyahu.
El “Memorándum de Entendimiento con Irán” (cinco palabras que en otro contexto se usaron y aún se utilizan para defenestrar e imputar a una ex jefa de Estado y ministros en Argentina) fue rubricado como un acuerdo histórico por el presidente de ese país, Masoud Pezeshkian. En Teherán cantaron victoria por lo conseguido en los 14 puntos que marca el entendimiento.
Mojtaba Jamenei, el actual ayatolá (líder espiritual de la Revolución Islámica) ungido tras la muerte de su padre, Alí Jamenei, asesinado en uno de los bombardeos lanzados de modo sincronizado por Estados Unidos e Israel, dio su versión de los hechos y declaró sobre el acuerdo que “Trump actuó movido por la desesperación y utilizó todo tipo de argucias para lograrlo”.
“Estamos ganando…”
Es cierto que en toda guerra la verdad suele ser una de las primeras víctimas y cada contrincante acomoda el relato de lo ocurrido y sus consecuencias a su conveniencia. Pero no solamente las autoridades y voceros iraníes tuvieron apreciaciones y comentarios que mostraban lo acaecido como algo muy distante del paso triunfal del que suele presumir el inquilino de la Casa Blanca tras cada irrupción aparatosa en la escena internacional.
Incluso no faltaron quienes asociaron el lugar donde Trump estampó su firma el miércoles en la noche, el imponente Palacio de Versalles, con la histórica capitulación de Alemania en 1919 frente a las potencias vencedoras de la Primera Guerra Mundial que le impusieron gravosas condiciones a su concesión de la paz.
Claro que asociar aquella rendición germana con este paso dado por el mandatario estadounidense, que mucho dista de volver a Irán a la Edad de Piedra o arrasar una Civilización como amenazaba el magnate republicano, suena exagerado o temerario. Entre otras cosas porque el propio Trump ha dado muestras en este segundo mandato recargado, de que lo que escribe o firma hoy con su mano puede borrarlo mañana con el codo. Al fin y al cabo, el gobernante que prometió “hacer a Estados Unidos grande otra vez”, ya ha aclarado que no se guía por el Derecho Internacional sino por su propia moral, lo cual resulta aún más inquietante.
Mientras tanto, en una rueda de prensa ofrecida en la Cumbre del G-7, en la que Francia y su presidente, Emmanuel Macron, hacían de anfitriones, un periodista recordó a Trump la sentencia que el histriónico mandatario del jopo dorado acuñó en el año 2020: “Irán nunca ganó una guerra y tampoco perdió una negociación”.
Aún más incisivo y fiel a su sarcástico estilo crítico, el presentador, comediante, actor, guionista y productor televisivo Jimmy Kimmel, cuya salida del aire ha pedido otra vez Trump a la cadena ABC, fustigó en su monólogo de horario central, los puntos centrales del Memorándum.
“Matamos al ayatolá, lo reemplazamos con un ayatolá más joven y más radical. Eliminamos las sanciones que había sobre Irán antes de que empezara la guerra. Conseguimos un alto el fuego que ya teníamos antes. Abrimos el estrecho, que ya estaba abierto. Gastamos miles de millones de dólares en bombas y misiles. Se perdieron muchas vidas estadounidenses y civiles. Le dimos a Irán el control total del Estrecho de Ormuz y le regalamos un mínimo de 300 mil millones de dólares, ¿por qué no?”, ironizó Kimmel sobre lo firmado.
Menos ampuloso pero igual de contundente fue el titular del editorial del diario The New York Times: “El presidente Trump perdió la guerra”.
Del Maga a la Miga
Las críticas de opositores demócratas pero también de miembros de su partido, que desde un comienzo fueron reticentes a que el país se embarcara en un conflicto que no consideraban propio, se multiplicaron en las redes, donde hubo hasta quienes trocaron el eslogan Make America Great Again (Maga) por el de Make Irán Great Again (Miga), que a las crecientes minorías hispanas les habrá provocado quizá más gracia.
En términos globales, la noticia de la firma del Memorándum produjo reacciones iniciales de alivio y perspectivas favorables para la economía global, con la suba de las bolsas y la baja de precios internacionales de combustibles. Pero los 14 puntos del principio de entendimiento, que en teoría debería desembocar en un acuerdo de paz duradero dentro de los próximos 60 días, no despejaron muchas dudas. Y esos interrogantes se potenciaron luego de nuevos ataques letales de Israel en el sur del Líbano (parte sustancial del Memorándum) y de la respuesta de Hizbollah, que alegó legítima defensa para contraatacar al Estado hebreo.
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Las nuevas hostilidades derivaron en la cancelación de las conversaciones de paz que debían tener inicio el viernes en la localidad suiza de Obbürgen y a la que en representación de la Casa Blanca acudiría el vicepresidente, J.D. Vance. Israel no parece dispuesto a acatar todas las “recomendaciones” de Trump para preservar el Memorándum y allí radica un factor de inestabilidad que puede reflotar la escalada militar iniciada el 28 de febrero.
Fuera de juego
Con la mira puesta en una nueva reelección en comicios que están a la vuelta de la esquina, el hombre que más tiempo ha gobernado Israel desde que en 1948 se fundó ese Estado, ha sacado rédito político a diferentes instancias bélicas en la historia reciente, que posponen su salida del poder y alejan la posibilidad de procesos judiciales que lo tienen en la mira como presunto autor de diferentes delitos.
Sin embargo, así como a “Bibi” le han favorecido diversas etapas beligerantes protagonizadas por Israel frente a sus enemigos más cercanos, lo inverso ha sucedido con Trump, quien también tiene una elección clave, la de mitad de su segundo mandato, que renovará la composición del Congreso y marcará su futuro a corto y mediano plazo.
Retomar una guerra cuestionada si no se respeta el primer punto del Memorándum, que prevé el cese inmediato de operaciones militares en todos los frentes, incluido el Líbano, implicaría una nueva traición del presidente estadounidense a sus promesas preelectorales de priorizar las cuestiones internas de su país antes que involucrarse en disputas lejanas y ajenas a las preocupaciones de sus votantes más fieles.
Poner fin al bloqueo naval como prevé el punto 4; dejar en manos del gobierno de Teherán y lo que acuerde con el sultanato de Omán, la futura administración del Estrecho de Ormuz, como sugiere el punto 5; contribuir junto a socios regionales a la reconstrucción y el desarrollo económico de Irán, con el aporte de 300 mil millones de dólares, como prevé el punto 6; o proceder al levantamiento de todo tipo de sanciones contra el país asiático, liberar fondos congelados y confiar en la promesa iraní de que no producirá armas nucleares y se someterá a las periódicas inspecciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (Oiea), se asemeja bastante a lo plasmado en su momento en un acuerdo impulsado por el entonces mandatario demócrata, Barack Obama.
El mismo Obama, artífice del “Acuerdo 5 + 1” con Irán, del que tomaron parte Rusia, China, Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos (los cinco países con derecho a veto en el Consejo de Seguridad de la ONU) más Alemania, fustigó en una entrevista este viernes los pasos dados por Trump en una guerra que consideró demasiado costosa, de difícil salida y que ha vuelto la situación en el Golfo Pérsico a un estado similar o incluso más complejo que aquél tan criticado por el actual jefe de Estado norteamericano.
Así, mientras en Canadá, México y Estados Unidos las primeras selecciones aseguran su boleto a la próxima instancia de un Mundial donde el combinado iraní ha padecido un hostigamiento sin precedentes frente al cual la Fifa fingió demencia, las componendas diplomáticas, las conveniencias políticas y, especialmente, las urgencias económicas agitadas por las derivas comerciales, energéticas y el incierto final de la contienda han precipitado el actual escenario.
Un escenario de equilibrio inestable o, mejor, de desequilibrio estable, propio de un mundo hecho pelota, no sólo en un sentido lúdico de esta expresión.