EMERGENCIA SOCIAL

Cáritas advierte por el crecimiento de la pobreza: “Ya no alcanza con una ayuda puntual”

Marcos Muiño, coordinador de Cáritas Córdoba, alertó sobre el crecimiento sostenido de la asistencia y la complejidad de las problemáticas sociales. Señaló que aumentan los casos de salud mental y que la pobreza dejó de ser un fenómeno aislado.

“Tu solidaridad es esperanza”, el lema de la colecta anual de Cáritas Argentina Foto: Gtlza. Cáritas Argentina

El crecimiento de la demanda social en Córdoba ya no se explica únicamente por la falta de ingresos o alimentos. Según advirtió Marcos Muiño, coordinador de Cáritas Córdoba, la crisis actual combina múltiples dimensiones y obliga a repensar las formas de asistencia. En diálogo con Punto a Punto Radio, Muiño describió un escenario donde las necesidades materiales se entrelazan con problemáticas emocionales, laborales y estructurales, configurando una realidad cada vez más compleja. “Esta realidad está exigiendo muchísimo más a la gente, pero también nos exige a nosotros una respuesta distinta”, planteó, al sintetizar el momento que atraviesan las organizaciones sociales.

-La demanda ha incrementado, los indicadores de lo que reciben en Cáritas también. ¿Cómo lo están viendo?
—Sí, son dos caras de la misma moneda. La realidad es que la gente está exigiendo muchísimo más a la gente, a los consumidores, a nuestros proyectos y a nuestras oficinas, y eso se nota claramente. Pero también esta misma situación está exigiendo otra respuesta de parte de quienes no están pudiendo sostenerse. No solamente vemos cuestiones materiales, que es lo que más se visibiliza, sino también algo que aparece con mucha fuerza y que no siempre se ve: el estado de ánimo, los problemas de salud mental. Son consecuencias que están ahí, que afectan mucho y que son parte de esta realidad compleja.

—Frente a este escenario, ¿cómo responde Cáritas?
—Frente a esta realidad, nosotros estamos respondiendo, y esa es la otra cara de la moneda. Lo estamos haciendo de una manera muy articulada, no solamente canalizando la solidaridad de la gente, sino también trabajando junto con algunos sectores del Estado que quieren involucrarse, sobre todo a nivel provincial y municipal. Además, articulamos con empresas, con privados, con colegios y con las comunidades. La idea es hacer frente a esta situación de manera más colaborativa y solidaria. Porque la exigencia es múltiple: es material, es laboral —tenemos programas de empleo que funcionan como un termómetro—, es de salud mental, es de primera infancia. Ante eso, tenemos dos caminos: o nos paralizamos, bajamos los brazos y dejamos de actuar, o asumimos una responsabilidad compartida y buscamos respuestas concretas. Y eso es lo que estamos intentando hacer desde Cáritas, con una mirada más integral.

—¿Cambió también el perfil de quienes piden ayuda? Da la sensación de que la pobreza dejó de ser algo encapsulado.
—Sí, totalmente. Y eso también exige respuestas más complejas. Hoy no alcanza con una ayuda puntual. Nosotros venimos insistiendo mucho en que la esperanza tiene que ser organizada, que la ayuda tiene que ser articulada. Esta realidad difícil nos obliga a responder de otra manera. Por suerte, también hay solidaridad, hay voluntad de ayudar y de articular. Eso activa la creatividad para buscar nuevas formas de acompañar y de generar proyectos. Antes, cuando la demanda era solamente material, todo era más simple. Pero ahora, al ser una problemática multidimensional, aparecen otras cuestiones: adicciones, problemas alimentarios, dificultades habitacionales. El trasfondo es mucho más amplio.

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—En ese contexto, cuando el Estado se retira en algunos aspectos, aparecen otros actores que ocupan esos espacios. Es una problemática estructural, muy compleja.

—Sí, es estructural y es compleja, y también hay decisiones políticas detrás de eso. Frente a ese escenario, nosotros tenemos que preguntarnos qué hacemos. Desde Cáritas hemos tratado de articular incluso con el propio Estado. Nuestra experiencia, sobre todo con el Estado provincial y municipal, ha sido que cuando nos sentamos a dialogar sobre problemáticas concretas, logramos generar acuerdos y respuestas. Tal vez esas acciones no siempre se visibilizan, pero existen. Hemos podido canalizar proyectos y convenios que permiten intervenir en situaciones complejas.

—Eso también marca una diferencia en Córdoba, donde distintos actores se sientan a trabajar en conjunto.
—Exactamente. Nosotros buscamos ser un ejemplo de eso: que sentándonos todos en una misma mesa se pueden pensar respuestas concretas. Hemos tenido buenas experiencias en ese sentido. Obviamente, la demanda es cada vez mayor y hay políticas que no ayudan, que dejan gente afuera. Pero también hay espacios donde se puede construir otra lógica, otra forma de gestión social más coordinada, que responda estructuralmente a los problemas. No se trata solo de reclamar, sino también de proponer. De generar una contrapropuesta frente a determinadas políticas o formas de entender el Estado.

—¿Ese es el principal desafío hoy?
—Sí, sin dudas. El desafío es cómo nos hacemos responsables de transformar la realidad. Porque no alcanza con diagnosticar o criticar. La pregunta es: ¿cómo nos sentamos con los distintos actores y construimos soluciones? Cáritas, la Iglesia, el Estado, las organizaciones sociales, el sector privado… todos tienen una parte de responsabilidad. Entonces, la clave es sentarlos a todos y preguntarnos cómo respondemos a los distintos problemas: el empleo, las adicciones, la soledad de los adultos mayores, el acceso a lo básico. Desde Cáritas buscamos generar alianzas, firmar convenios y propiciar esos espacios de diálogo cara a cara. La idea es que eso no sea algo aislado, sino que se convierta en una forma de trabajo, en una estructura que permita dar respuestas sostenidas en el tiempo.