POLÍTICA Y RELIGIÓN

Carlos Belart y la política: “hemos sido muy ingenuos, pero nos vamos avivando”

Fundador de la iglesia evangélica ‘Cita con la Vida’ evita definirse como un líder político, pero reconoce que el evangelismo cordobés atraviesa un punto de inflexión. Aunque gobernantes y dirigentes de todos los colores partidarios pasaron por su despacho pidiendo su “bendición”, ahora comienzan a revisar su vínculo histórico con el poder.

POSICIÓN. “En mi iglesia está prohibido hablar de política. Lo que sí exigimos nosotros es capacitación: si te metés en política, capacítate”, dice Belart. Foto: Fino Pizarro

Más de mil templos distribuidos en la provincia y otros tantos “anexos” —pequeñas casas o garajes donde los pastores dan sus primeros pasos— conforman el entramado de la comunidad evangelista en Córdoba. Entre esas iglesias, una de las más tradicionales y convocantes es ‘Cita con la Vida’, capaz de reunir miles de fieles en misas, congresos, eventos o simples charlas. Traducido al lenguaje político, ese volumen de personas representa un botín tentador para cualquier dirigente con aspiraciones electorales.

Carlos Belart intenta escaparle a esa lógica. Tiene 77 años, fue soldado de la Fuerza Aérea Argentina, combatió en Malvinas —distinción que luce como una medalla íntima— y es el fundador de este movimiento espiritual. Rechaza los rótulos de “jefe” o “mandamás” y prefiere definirse como un hermano mayor dentro de una estructura que, a diferencia de la Iglesia Católica, se presenta como más horizontal, aunque no exenta de autoridad.

Recibe a Perfil Córdoba en su despacho, ubicado en el sexto piso frente al templo que levantó con esfuerzo propio en Pasaje Conde de Aranda. Al bajar del ascensor, un cuadro de madera con la cabeza de un león rugiente marca el clima del lugar. Otro similar lo acompaña detrás del escritorio. Belart no mira el reloj: tiene tiempo. Responde sin apuro y mezcla definiciones políticas, anécdotas personales y convicciones religiosas.

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Hoy, su comunidad se destaca por la capacidad de convocatoria y por una estructura que combina culto, asistencia social y formación educativa. Tras el cierre del Orfeo, donde realizaban grandes eventos que convocaban a miles de personas, resignó la idea de construir un gran estadio propio y optó por edificar escuelas junto a cada templo, una decisión que revela el giro estratégico de la iglesia en los últimos años.

En paralelo, la relación con la política atraviesa un proceso de revisión. Luego de años de apoyos indirectos tanto a dirigentes como a partidos, el evangelismo cordobés empieza a pensar en representación propia. La candidatura de Evelin Barroso (es nuera de Belart, ya que está casada con su hijo, Juan) que quedó a pocos votos de ingresar al Congreso nacional, marcó un punto de inflexión para el movimiento.

-¿Quién es Carlos Belart?
-Un ciudadano de Córdoba, como los miles.

-No todos los cordobeses hablan todos los fines de semana ante tanta gente…
-Quiero ser austero con las cifras. Deben haber sido más de 5 mil personas sólo durante un día. La capacidad del templo es para 3 mil personas, que la hemos reducido por razones de seguridad. Póngale 2.500 de la mañana, otras 2500 de la tarde, y las reuniones con preadolescentes, adolescente y jóvenes… Cuando compramos el terreno en Duarte Quirós al 4800 la idea era edificar un templo para más de 10 mil personas. El cierre del Orfeo fue una tragedia para Córdoba. Nosotros hicimos 12 años seguidos los congresos ahí, repleto de jóvenes, de mujeres, de adolescentes. Soy un defensor de Córdoba, es mi ciudad: la amo, la quiero.

-¿Le gusta cómo está Córdoba?
-Lo quiero al intendente (Daniel) Passerini como persona. He hablado con él, pero la ciudad está fulera. Está sucia. Soy fan de Córdoba, tengo que decirte la verdad. Dice que hace un esfuerzo muy grande en la ayuda social, que ha crecido. Es cierto.

-¿Lo han tratado de chantas a ustedes?
-(Risas) No han leído los diarios ustedes. Es triste que un nieto de 15 años, el más grande (tiene 3 nietos del corazón y otros 6 de sus hijos) que lea en el diario la expresión “los Belart”, como “los Sopranos” ¿Qué somos? ¿Una mafia? Te podrá gustar o no lo que digo, o mis formas, lo que vos quieras. Pero no somos una mafia. Somos gente de honor, de trabajo, laburamos. Yo tengo 30 años en la Fuerza Aérea Argentina, sé lo que es levantarse y tomar el colectivo… no me hablen a mí de sacrificio. Con la “vieja” Beltrán -el exjugador de Instituto- tomábamos el colectivo 42.

-Tuvo y tiene vínculos con muchos intendentes y gobernadores…
-Sí, yo tengo relación con el gobernador, soy peronista. Si viene Milei y lo saludo o asisto a una hermosa reunión en Casa Rosada -como fui y creo que fue hermosa por el tono- eso no me hace ni “mileista” ni “llaryorista” o “schiaretista”. Si me piden una oración, ¿cómo no voy a hacer una oración? Siempre nos pegan con eso: antes fue Mestre, después Juez, Giacomino… qué se yo. Pasaron todos por acá.

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-¿Y por qué cree que le pegan con eso?
-Representamos a un sector de la cristiandad de Córdoba, en este caso la Iglesia Evangélica. No soy el único, ni tampoco soy el jefe ni el Papa. Nuestra institucionalidad es una relación horizontal. Nuestra autoridad es más que nada administrativa, no es verticalista. Me consideran como un hermano mayor, digamos. Soy uno más.

-El cardenal Ángel Rossi se mete en cuestiones públicas, opina. Pero ustedes, todavía no…
-No tenemos aire nosotros. No tenemos espacio, los medios no nos llaman. A mí me escuchan los que vienen a la iglesia. Pero veo que se va revirtiendo, se van rompiendo prejuicios. A nosotros no nos dejaban enterrar nuestros muertos en los cementerios. Éramos herejes. Te estoy hablando de no hace mucho. Quiero ir a constatar, si es verdad que derrumbaron una pared en el cementerio San Jerónimo como me prometió (Martín) Llaryora.

-¿Han hecho campaña para muchos políticos?
-Para ser brutalmente honesto, muchas veces hemos sido ingenuos. Pero nos vamos avivando. Como todo en la vida. Por acá pasaron todos, todos. Si viene el gobernador, cómo no lo voy a hacer pasar. Lo votó la gente, si lo votó la gente es legal. A ver: tenemos idea propia, pensamos. Por eso se formó un partidito chiquito en la cual hay dos católicos que yo le tengo un alto respeto: don García Elorrio y Rodrigo Agrelo.

-Cuando usted dice ‘dejamos de pecar de ingenuos’, ¿qué significa?
-El gobierno actual de Córdoba nos reconoce la personería religiosa. Nosotros no éramos religiosos, éramos una ONG. Lógicamente siempre hay una intención. Y posamos para la fotito, ahora no somos giles, no. Entonces, vamos logrando cosas, recién ahora. De a poquito… de a poquito. A nivel nacional ¿quién abrió la puerta de la iglesia evangélica? La libertad Avanza ¿Por qué? Porque no tenían gente. Y absorbió buena gente de la nuestra, porque acá hay muy buena gente.

-¿Por eso comienzan a verse integrantes de ustedes en las listas?
-Hay varios diputados ya, y un par de senadores. En varios partidos políticos. Pero en mi iglesia está prohibido hablar de política. Lo que sí exigimos nosotros es capacitación. Te va a dedicar a esto, entonces estudiá, preparate. Me encantaría ver que gente preparada se sume a los distintos partidos. Pero que defiendan nuestros valores.

-Con quién se siente más cómodo ¿con La Libertad Avanza o con García Elorrio?
-Con García Elorrio. Es un tipazo. Prefiero los idealistas, los que arremeten contra los molinos de viento.

-Hace poco, cuando estaban en el armado de la lista violeta en Córdoba ¿se comieron un sapo? La pastora Evelin Barroso quedó en el sexto lugar de la lista, fuera de toda chance de acceder a una banca…
-Cambió durante la noche. Fue una decepción, es llegar a no creer. No quiero caer en eso. Yo no tengo nada que temer.

-¿Se puede dar en Argentina un fenómeno como en Brasil con un presidente como Bolsonaro?
-En mi opinión no veo posible un dirigente de las características del señor Bolsonaro ya que la Iglesia Evangélica no es partícipe de involucrarse en política; aunque algunos integrantes, de manera individual, puedan hacerlo, pero no como institución. Eso mismo pasa para la provincia o la intendencia.

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-¿Qué le gustaría para el 2026
-Muy fácil: volver al respeto, a la educación. Tenemos una institución educativa. La hicimos con estas manos, moneda tras moneda. Nos acusan de “tener guita”, de “sacar el diezmo a la gente”, como si la gente fuera estúpida. Nadie le mete la mano a la gente en el bolsillo. Si quieres, das. Las puertas están abiertas para entrar y para salir cuando te quieran.

-Me da la sensación que vamos a comenzar escuchar su opinión de algunas cuestiones públicas.
-Sí, si quieren que opine… yo opino. Todavía nos quedan algunos gigantes para destruir: se llaman prejuicios. Prejuicios propios. Por ejemplo: “no te metas”, “está todo podrido, todo sucio”. Nosotros somos los buenos. Acá vienen de todos los barrios, desde las Delicias hasta de la villa Los 40 guasos. Dicen: la iglesia católica tiene más presencia histórica, nosotros tenemos presencia evangélica desde 1808 con Don Diego Thomson en el virreinato. Antes de la declaración de la independencia.

-¿Qué van a decir los prejuicios de esta entrevista?
-Dirán: ya se están metiendo en política y… le habrán tirado unos mangos a Perfil. Esas cosas hirientes, ¿viste?

El cuadro del león

-Ese cuadro del león que está ahí detrás ¿es por qué se siente parte de La Libertad Avanza?
-Bien, bien la pregunta. No, es porque me gusta el león de la tribu de Judá (es un poderoso símbolo bíblico que se refiere a Jesucristo en el cristianismo, representando su realeza y fuerza)

-Y cuando Milei usa el símbolo del león, usted dijo: “Es una señal, tenemos que ir por ahí”.
-No, no. Yo tengo que ser brutalmente honesto. Yo comparto algunas cosas que dice Milei. No me gusta la prepotencia, no me gusta que se sube a los escenarios en los teatros y se besa en público con las mujeres.

-¿Nota que bajó la pobreza, como dice el presidente?
-Todos los domingos, nosotros tenemos acá los bolsones con mercadería. Todas las personas que llegan y que tienen necesidad se llevan un bolsón de mercadería. El 98% de los que vienen no son de la iglesia. Yo digo: la panza, señores, no tiene religión.

El rol fundamental de la Iglesia

-Cuesta dejar el poder…
-Es sabio eso, pero yo me voy despegando. Tengo 77 pirulos. Quiero hacer otra cosa. Me gusta más estar con la gente. Tratamos de hacer una Córdoba diferente, no son todos chorros. La famosa grieta me lastima. Yo no quiero que mis nietos se vayan del país. Usted no me va a creer, pero yo me paro frente al televisor cuando emiten el himno a la medianoche.

-¿Alcanza con lo que hace en su iglesia o quiere dar otro paso?
-Ahhh, si todos nos uniéramos con lo que dice Dios en su palabra, harto suficiente. El problema que cada uno quiere tener una sucursal de Dios... Ahora, en la situación actual, la iglesia puede cumplir un rol fundamental. Y cuando hablo de la iglesia me refiero a la evangélica, a la católica…

-¿Se gana mucho dinero siendo pastor?
-Habrá algunos que puedan hacerlo. Yo voy a predicar y viajé mucho por el mundo. Yo vivo en la misma casa de siempre. Ahí crie a mi hijo.

-Usted dice que le gustan las segundas oportunidades. ¿Le daría una segunda oportunidad a Milei en la presidencia?
-A lo mejor asoma otro que pinta lindo. Me gustaría que haya alternancia, pero manteniendo lo bueno. No todos son chorros. Sí hay bandidos, claro que sí: político bandido, religioso bandido, periodista bandido, el ser humano es así.