Había corazones expectantes, corazones ilusionados, corazones memoriosos y corazones que navegaban en la más indescifrable de las incertidumbres: ¿esta emoción que vine a sentir, será posible otra vez?
Uno ni siquiera recuerda con precisión cuál era el vuelo, ni el brillo de la emoción ni la intensidad de los latidos del corazón cuando las luces estallan en la dirección de la Luna y el grito se eleva con una fuerza que aprieta el corazón de enero y le da una vibración de eternidad, del siempre nuestro, del que construimos, del que siempre es posible amasado entre unas pocas generaciones.
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“Aquí Cosquín, Capital del Folklore Argentino”. Sí, ese fue el grito que puso en acción una vez más, nada menos que la número 66, un encuentro popular que nos reunió a cantar como argentinos del país grande, que nos enseñó a cantar, que nos hizo cantar.
Esto pasó anoche, cuando las páginas que están frente a tus ojos estaban terminando de beberse la tinta de este domingo.
Sucedió. Otra vez. Es lo que queremos subrayar. Como hecho siempre conmocionante en nuestras sensibilidades de verano cordobés, capital de todas las lunas cantoras del país, que tienen su estandarte en la coscoína y como uno de los grandes hechos de nuestra cultura popular.
Esa cultura que se canta, que se vive en el golpe de las palmas y del pecho, y que vuela en un estribillo que muchas veces nos retrata como pueblo. Que retrata nuestras ganas de cantar, de ser nosotros mismos bajo la luna, de sentir que las melodías que salen de nuestras boca son ya nuestra herencia y la herencia que dejamos.
Las ocho noches que quedan
Empezó Cosquín 2026. Sí, y desde este domingo quedan ocho noches para andar en la creación, en la aventura del canto y la emoción. La aventura de ponerle acordes y melodías a la siempre maravilla de ser argentinos, pese a tantas adversidades.
Es la fiesta popular que está más viva y que un día se alumbró por razones varias que hicieron un fenómeno del pueblo, único, constante y, hasta aquí, permanente.
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Nació en un momento en el que el folklore había adquirido una masividad a través de la radio y los discos, que germinaría en numerosos festivales. En ellos no sólo se prolongarían las ansias de cantar, sino también la de reunirse a través de sabores y de olores de la tradición criolla que nos amalgama.
Pero el de Cosquín estaba destinado a ir un paso más allá, a ser el espejo, la ventana de las energías expresivas y creadoras que la música y la danza del pueblo podían desarrollar.
Esa es la tarea que lo distingue y a la vez lo obliga a una mayor responsabilidad.
El latido más allá del escenario

A la vez, su universo va mucho más allá del escenario. Su vitalidad y su variedad también late en el pulso de las peñas, en los espectáculos callejeros, en el río y en los patios de la ciudad invadida. Es todo un pueblo insomne, en pie de festival: a cualquier hora, en cualquier lugar, el canto está encendido y entra en las sensaciones como turbiones apasionados.
Una forma de ver la cultura es una herramienta para sostener lo permanente en una comunidad, en un pueblo, es la conexión entre las generaciones que da un nexo de pertenencia más allá del turno que a cada uno le toque vivir. Y también es la ventana para asomarse al mundo y a los presentimientos del futuro. Los seres humanos estamos hechos de tiempo y de cultura
Esta edición ya está cantando. Y lo hace abriendo la voz y las palabras. Esta noche, por ejemplo, estarán el Dúo Coplanacu, Rally Barrionuevo y Paola Bernal, pero estará también Cazzu, que se expresa con las palabras fuertes del rap pero que tiene una sensibilidad popular con la que se acerca al canto nacional y nos acerca a la música argentina, urbana y provinciana. Somos, ya, hijos de las dos.

Como ocurrirá en la novena luna, que ya tiene las entradas agotadas. Entonces, se encontrarán Peteco Carabajal, Teresa Parodi y el talento fresco de Milo J, otro emergente de la honda manifestación urbana con base en hip hop y trap, paro que extiende su sensibilidad para la amplia y profunda música argentina y latinoamericana. Es decir, una manera de encontrarnos.
Aquí está Cosquín. Vivo. Latiendo. Siempre será un camino para encontrarnos.